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Coronavirus Navarra

Pamplona apura sus noches sin toque de queda

Si la Justicia lo ampara, el toque de queda de 1 a 6 de la madrugada volverá este miércoles a las localidades navarras con alta incidencia. La capital es una de ellas. Así estaba la noche del sábado al domingo en torno a la hora límite

  • Laura Villanueva
Actualizado el 22/07/2021 a las 19:08
La semana que viene, a esta hora, seguramente estaremos en casa”, comentaba una pareja que pasaba por la calle San Nicolás a la una de la madrugada de ayer. Ambiente sí, pero mucho menos del que se viviría la noche de un sábado a domingo normal en las calles de Pamplona. Lo que marcó la diferencia, en la última noche de fin de semana antes del toque de queda anunciado por el Gobierno foral desde este miércoles, si la Justicia lo admite, fue la Plaza del Castillo. “Cualquier sábado hay más ambiente que hoy, se nota que las cosas no están bien”, apuntaba preocupada Zaira Itúrbide Moleón mientras disfrutaba de una cerveza junto a sus amigos en la Cervecería Napargar.
Una noche de sábado, por el simplemente hecho de serlo, lleva a pensar que la capital de la Comunidad foral se llenará de personas con ganas de celebrar que es fin de semana y más en el supuesto último sábado sin hora obligada de vuelta a casa. Pero no. “Hemos salido a cenar, pero falta gente. El toque de queda mejorará la situación, pero afectará a los jóvenes que han disfrutado en Salou y ahora se sentirán encerrados”, comentaba Itúrbide. La navarra, de 33 años, decía entre risas que es la excusa perfecta para estar a la 1 de la mañana ya durmiendo.
Su amigo, Mikel Ceroz, no estaba disconforme con la medida que quiere aplicar el Gobierno de Navarra. “He estado confinado del 5 al 14 de julio, siendo negativo, y la medida evitará los botellones, donde hay demasiada gente”, indicaba mientras se bebía el último sorbo de su cerveza. Ceroz dejaba algo claro: “Es la consecuencia de la libertad que ha habido”.
El ambiente, en la plaza, iba disminuyendo conforme corría el reloj. Las personas que disfrutaban en el interior de los locales de hostelería iban poco a poco abandonándolos y las que quedaban en las terrazas apuraban los últimos sorbos de sus consumiciones mientras veían como los camareros les pedían que fueran terminando. Sin embargo, las ganas de irse a casa eran pocas. “Pero, ¿qué vamos a hacer ahora?”, le decía Pablo Ruiz a sus amigos.
Cerca de allí, en un banco, se encontraba Shorsha Severich, muy disgustada con la situación. “Me he tomado muy mal que este sábado sea el último sin toque de queda, pero porque trabajo mucho y solo libro a la noche. Ahora tengo que pagar por otros”, decía. La joven, de 21 años, pendiente de la vacuna, estaba insegura. “La gente ha dejado de respetar los protocolos y parece que todo da igual. A mi ya hasta me da miedo”, confesaba. Además, hacía hincapié en la irresponsabilidad. “Da rabia que te cuides y luego te tengas que confinar por otros”, apuntaba mientras tomaba un refresco junto a Nicole Prado. Su amiga, que sí está vacunada, estaba menos preocupada pero sí disgustada. “Es duro que con nuestra edad no podamos disfrutar, necesitamos salir, pero parece que la gente lo hace inconscientemente y la irresponsabilidad de unos pocos la pagamos todos”, declaraba.
Adrián Isaías Col opinaba como ellas. “Yo tengo la pauta completa porque soy sanitario, pero estoy preocupado por lo que está pasando, no hemos llegado a las cifras de la pandemia ni a los ingresos hospitalarios, pero me preocupa la gente joven y las personas que les rodean. Estamos pagando todos”, indicaba. Catalán, está en Pamplona para pasar unos días. “Hemos venido para despejarnos de lo que está ocurriendo en Cataluña e intentaremos disfrutar antes de la medida”, apuntaba.
Su compañero, Rubén Ernesto García Valencia, estaba sorprendido. “Aquí hay horarios de comida y cena e incluso un establecimiento nos ha dicho que tenían terraza covid-19 y por eso cerraban a la 1”, explicaba. Ambos viven cerca de Salou. “Vivimos a una hora y nos da miedo hacer determinadas cosas. Hoy nos han pedido los datos en el hotel y eso te genera un poco de rechazo ya que los piden por si hay algún contagio y te da respeto. Estás alerta todo el rato”, apuntaba García.
CALLES VACIAS
En la Estafeta, una de las calles más emblemáticas de Pamplona, lo más destacado era el ruido de las persianas de los bares que iban cerrando de manera escalonada desde la 1 de la madrugada.
Allí, en la puerta de uno de ellos, ya cerrado, se encontraba Carlos García, de 18 años. “Da rabia que sea el último sábado sin toque de queda, pero es por nuestro bien. No he pedido cita para la vacuna, pero porque he pasado la covid y me vacunaré en diciembre”, relataba. Su amiga, Ana de Frutos, también lo entendía. “Si lo han puesto es por algo. Además, yo estuve en Salou, me contagié y tuve que hacer cuarentena; así que entiendo que las medidas son para evitar precisamente eso, contagios y confinamientos”.
Les acompañaba Ibai de la Fuente, que admitía ser más consciente tras Salou, y Celia Ojinaga, disgustada por haber tenido que retrasar la vacuna. “Ahora que veo la situación me da pena, pero por lo menos soy inmune”.
El toque de queda no convence a Sofía Tomlinson Garro ni a Uxue Franco Marañón. Las jóvenes, de 19 años, creen que aumentará la incidencia porque la gente se juntarán en espacios cerrados. También opinaba así su amiga Inés Lizarraga Aldaz. “Rechazaron esto hace tiempo y ahora que hace buen tiempo, que es verano y que se ha demostrado que el contagio al aire libre es menor, quieren volver a implantarlo”.
En la misma línea se situaba Patricia Urbasos Arbeloa, de 19 años. “Se debe aplicar porque las cosas están mal, pero no hay evidencia científica que lo respalde. Nos cortan el verano”, apuntaba.
La dueña del bar La Granja también opinaba así. “¿No están más seguros los jóvenes dentro de los bares? Aquí les controlamos y vemos qué hacen”, decía Gloria Fernández Pérez. Además, confesaba estar agotada. “Tenemos que echar a la gente del bar, pedirles que usen la mascarilla, que mantengan las distancias… Es un castigo porque desde las 9 de la mañana hasta la 1 de la noche vivimos gritando”.
A la Plaza del Ayuntamiento, otro lugar mítico de Pamplona, también le faltaba su ambiente. A las doce y media de la noche solo había 5 mesas ocupadas de las 20 que ha llegado a albergar la plaza consistorial. En una de ellas se encontraba María Justicia Jiménez, de 57 años. “La pena es que no hayan puesto el toque de queda antes. Trabajo en el hospital, he visto lo que hay y no es bueno. Estamos mal y la gente joven se está viendo afectada y parece que no es consciente de ello. No solo les afecta a ellos, también a sus familiares”, sentenció.
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