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Comparsa

La Ciudadela de Pamplona, el nuevo reino de los Gigantes

La Comparsa hará ocho actuaciones entre ayer y hoy a la que acudirán más de 6.000 personas

  • Miriam Munárriz
Actualizado el 04/07/2021 a las 10:15
Posiblemente Noa Ávila fuera el sábado la más pequeña entre el público que acudió a ver a los Gigantes en la Ciudadela. Con sus doce días de vida, dormía plácidamente a la sombra, ajena a la música de las gaitas o, quizá, arropada por el sonido de la fiesta. Ella sin cumplir un año ya ha visto -u oído para ser exactos- por primera vez a los Gigantes. Muchos de los pequeños que acudieron a los tres pases de ayer, y de los que lo harán a los cinco de hoy, por culpa de la pandemia no conocían una de las tradiciones más populares de Pamplona.
Precisamente para paliar su ausencia en las calles, ya el 29 de noviembre, con motivo de San Saturnino, la comparsa actuó en el Baluarte. Y ahora se quiere compensar que, por segundo año, los “no Sanfermines”, les deja parados en su sede de la nueva estación de autobuses. Así que se han programado de momento 18 actuaciones repartidas entre ayer y hoy, el próximo día 28 y el 4 de septiembre.
La de ayer no estaba prevista. Pero la rapidez con la que se terminaron las 4.000 invitaciones para los pases de hoy a las 10, 11, 12, 18.30 y 20.30 hizo que el Ayuntamiento y la comparsa acordaran que ayer también se subirían el sábado al escenario a las 11, 12 y 13 horas. Y como con las anteriores, las 2.400 entradas gratuitas se agotaron en un par de horas para asistir a los pases de veinte minutos de actuación, en un recinto acotado a la entrada de la Ciudadela desde la avenida del Ejército y con un aforo de 800 personas por actuación y un total de 6.400
Y en la de las 12 de ayer estaba Noa con su padre Javier Ávila Millán, que había acudido con su mujer y sus otros tres hijos. “Los críos los disfrutan mucho y me gusta verlos contentos”, comentaba Javier, mientras que cerca del padre e hija estaban la pareja Álvaro Grabalos Palomino y Beatriz Jauquicoa Martinena con el pequeño Javier, de 11 meses. “Es la primera vez que ve a los gigantes y está alucinando”, decían sus padres. “Y nosotros encantados porque somos muy de San Fermín, pero del San Fermín de las tradiciones y ahora con nuestro hijo incorporaremos la salida de los Gigantes. Fíjate que pensábamos que con lo que pequeño que es no se iba a fijar. Y ahí lo tienes, bailando”.
A Shiran Larrondo parecía que se le hubiera olvidado pestañear. A sus dos años y medio era la primera vez que su cerebro tenía ya capacidad para retener el recuerdo de las regias figuras. “Ha estado completamente absorto. No ha perdido detalle”, describía su padre Iñaki Larrondo Junguitos. “No se ha asustado nada y, de todos los que han pasado por el escenario, lo que más le ha gustado han sido los zaldikos y los cabezudos”, añadía Iñaki que aplaudía el que la actuación fuera de 20 minutos. “Está bien porque con más duración seguramente muchos niños se dispersarían”.
Los asientos no sólo estaban ocupados por padres con niños pequeños, también había gente como María Josefa Cía Villanueva que a sus 74 años se declaraba entusiasta de la comparsa. “He venido con mis dos hermanas, a las que le gustan los Gigantes tanto como a mí. Ya estuvimos en el Baluarte viéndoles”, desvelaba. Un entusiasmo con el que quizá quería paliar la “sequía” de su niñez. “Y es que de pequeña vivía en un pueblo y mis padres no nos traían mucho a San Fermín. Así que ahora, de mayor, soy de las que salgo y les acompaño por las calles”.
LAS DIFICULTADES DEL ENSAYO
Sobre el escenario, en esos veinte minutos, se sucedieron seis piezas de baile protagonizadas por las ocho figuras de los gigantes acompañados de dos zaldikos, el kiliki Caravinagre y los cabezudos Alcalde, la Abuela y la Japonesa. “Los más representativos de toda la comparsa”, decía su presidente Ibón Laspeñas Zudaire, que destacaba el esfuerzo de los 38 integrantes del colectivo para poner en pie el espectáculo. “Los ensayos han sido muy duros. Desde noviembre no se bailaba y el físico se resiente. Y por la pandemia, nos teníamos que distribuir en varios grupos”.
El espectáculo no se trata de una sucesión de bailes, sino que hay una historia que hace de hilo conductor a través de la curiosidad de un niño, al que su abuelo le hace llegar una caja con la figura de los gigantes para contarle su origen. Y para ese papel protagonista se escogió a Xabier Otazu Aragonés, de 14 años, e hijo del miembro de la comparsa Óscar Otazu Ardanaz. La elección del adolescente se debió a que el autor del guión, Fermín Cariñena, vicepresidente de la Comparsa, le había dirigido en obras de teatro.
“Me subo al escenario con ganas de ver las caras de la gente ilusionadas por reecontrarse con los Gigantes. Esta obra es un plus, además, para que muchos conozcan la historia de las figuras”, decía Xabier, que entre risas, se quitaba protagonismo. “A mí los niños me miran poco, están más atentos a los bailes de los Gigantes”. Unas regias figuras que, para la ocasión desveló Ibón, habían estrenado también alguna coreografía al son de la música en vivo que ponen los Gaiteros Municipales, acompañados por dos trombones, una tuba, dos bombardinos y unos platos.
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