Pamplona
La tradición del paseo y el helado
Sarasate, San Nicolás y plaza del Castillo forman un gran cucurucho con media docena de heladerías artesanas. La temporada estival ofrece dos importantes novedades, la apertura de la cántabra Regma y el traslado de Nalia a un local más grande


Actualizado el 30/05/2021 a las 06:00
Es un hecho que se produce en cuanto asoman los rayos de sol y la zamarra se puede dejar en casa. Salir de paseo y tomarse un helado es una arraigada costumbre entre los pamploneses que, lejos de perderse, la crisis de la covid ha acentuado. “Algunos clientes preguntan si se puede comer helado en la calle. Les aclaramos que está permitido bajarse la mascarilla”, explican en la heladería Larramendi. El Casco Antiguo acoge una amplia y variada oferta de helados artesanales. La temporada tiene dos importantes novedades. Nalia se ha cambiado a un local más grande en el paseo de Sarasate y la plaza del Castillo acoge una nueva heladería, la cántabra Regma.
Visto desde el aire, Sarasate, San Nicolás y plaza del Castillo forman como un gigantesco cucurucho que concentra media docena de afamadas heladerías: Elizalde, Larramendi, La Turronería Primitivo Rovira, Regma, Baobab y Nalia. No hay que olvidar tampoco que Estafeta acoge dos heladerías -Larramendi y Amorino- y el Ensanche otra Larramendi y otra Turronería además de Los Jijonencos en la calle Medialuna.
El cierre de la hostelería tiene un doble efecto. La gente sale menos pero si no hay sitio en las terrazas, tomarse un helado en un banco es una alternativa. “Después de meses tan complicados, hay ganas de salir y hacer cosas”, admite Marta Larramendi. En cualquier caso, el factor meteorológico es el determinante. “Y en Pamplona ya se sabe”, coinciden.
Uno de los secretos de este producto artesano está en la leche, en la mayoría de los casos, de ganaderos seleccionados de aquí. “Es una de las ventajas que tenemos respecto a los heladeros del Levante”, comenta Vicente Serrano González, dueño de Nalia y tercera generación de una familia de origen alicantino.
NUEVO OBRADOR DE NALIA
Nalia, que data de 1939 y es la más antigua de Pamplona, reabrió el fin de semana del 17 y 18 de abril, aunque el tiempo no acompañó mucho. Sin embargo, los días que hace bueno hay colas en hora punta. “No hemos parado”, explicaba Vicente Serrano González, artífice del cambio de ubicación a un local más grande y diseñado mimando cada detalle. La nueva heladería, diseñada por Óscar Vidaurre, destaca por toque rústico. Las maderas de roble del techo pertenecen a la tarima de un viejo edificio del Casco Antiguo. Las estanterías también provienen de antiguas vigas de roble. El mostrador es más grande y permite ofrecer doce variedades más. “Por ejemplo, hemos introducido el sorbete de fresa con zumo de naranja y el helado de coco con jengibre y alga espirulina, que está de moda por sus propiedades nutritivas”, comenta Serrano. El obrador se encuentra en el mismo local, con acceso desde Lindachiquía. “Esto nos permite reponer en el momento y preservar la cadena de frío”, explica, que también es el dueño de Baobab, especializada en helado de yogur, “que tiene menos calorías”. Baobab abrirá al público en próximas fechas.
La heladería Regma, en el número 23 de la plaza del Castillo, se inauguró el día 22 de abril. Esta marca es bien conocida por los navarros que veranean en la costa cántabra. Data de 1933. El nombre funde los nombre de Regina y margarina, las dos hijas del fundador, Marcelino Castanedo. A raíz de la pandemia, Regma ha decidido expandirse por lugares menos turísticos, como Vitoria y Pamplona. “Nuestros helados estrella son los de mantecado y tarta de queso”, explica Sonia Herrera, encargada del local de Regma en playa del Sardinero (Santander) y que en los primeros días ha estado en Pamplona ayudando a las dos empleadas. Una de ellas es Laura Barrio, joven bilbaína. “A la gente sobre todo le llama la atención el tamaño de los helados”, explica. En estos primeros días han tenido la visita de cántabros afincados en Pamplona y también de pamploneses que veranean en la costa. También venden corbatas, sobaos y otros productos típicos de Cantabria. “Muchos nos han recibido con alegría. Otros que no nos conocen se paran y se quedan mirando con curiosidad”, comentan.
COLAS EN SAN NICOLÁS
Las colas también son frecuentes en la heladería Larramendi en San Nicolás y también en la de la calle García Ximénez. “Pero la de Estafeta sí que ha notado el cierre de la hostelería”, comenta Marta Larramendi, que proviene de familia pastelera y que impulsó este negocio junto a su hermana. Prácticamente todas las semanas presentan alguna novedad. “Tenemos el helado de cacahuete con chocolate, el de polvorón y también el de nata con tocino de cielo que inventamos hace un año. Y pronto tenemos en mente estrenar los bolados, bollo caliente con helado, para los días que no hace tanto calor”, comenta Larramendi.
La heladería Elizalde, en la plaza de San Nicolás, es de las pocas que abre todo el año. “Vendemos muchas tarrinas de un litro”, comenta Jorge Elizalde, dueño de este establecimiento, que es también cafetería y pastelería Casa Salinas. Uno de sus helados más característicos es el de mantecado Salinas, marca de origen tudelano con 151 años. Otra seña de identidad es el helado de churro de la Mañueta. “El año pasado, sin Sanfermines, no hubo, pero este año es posible que abra la churrería y entonces sí podremos ofrecerlo”, comenta Elizalde, que es familia de Paulina, la churrera.