Me quedo en el pueblo
Garciriáin recibe al Ángel en pandemia
“No el aforo, pero en algunos lugares superamos el censo”, apunta el capellán del santuario de Aralar en el valle de Juslapeña, en una de las paradas del recorrido de San Miguel por los pueblos, este año reducida y con el ritual adaptado a la covid


Actualizado el 16/05/2021 a las 06:00
"No el aforo, pero en algunos lugares sí hemos superado el censo de habitantes”. No exagera Mikel Garciandía Goñi, capellán del santuario de Aralar. La efigie de San Miguel ha retomado este año las visitas a los pueblos tras el receso de 2020. Su llegada es día grande para personas que han recogido la tradición de sus mayores; de los de vestir bonito las casas, y encontrarse las familias como en Garciriáin, Juslapeña, un valle en una vaguada acunada por la calma, a resguardo entre las dos grandes arterias camino del norte, la N-121 y la A-15.
El censo de este concejo no pasa de 30 habitantes, buena parte acudió a recibir a San Miguel en el ocaso del sábado 8 de este mes, con todas las medidas que conlleva el tiempo de pandemia, que ha alterado de manera evidente el ritual de la visita. Lo describe Mikel Garciandía: “Se suprime la procesión, tampoco vamos a las casas de Hermanos ni a las de los enfermos, no se besa la imagen, allí donde se celebra eucaristía se hace, con la efigie colocada en el altar y, si no, la bendición se toma con una inclinación de cabeza en el atrio de la iglesia. En general no pone la gente problema para que vayamos, cuando explicamos esto. Y hay días en que superamos el censo, sobre todo el fin de semana es precioso. El año pasado no pudimos, y había ganas”, sostiene que contactarán más tarde con los valles donde se considera más prudente no ir por la incidencia del virus.
En Garciriáin, como en otro centenar de localidades navarras, hay una Casa de Hermanos, son aquellas que reciben la efigie y a quienes la portan. Les acogen con cubierto en la mesa y habitación donde descansar. Este año nada de eso es posible. Rescata Garciandía que fue Mariano Arigita quien dio impulso a estas casas en torno a 1914, con nuevos estatutos, cuando los hermanos incluso juraban su cargo en el santuario y se comprometían a atender a la comitiva, entonces con las caballerizas. Aquella estructura se mantiene, si bien ha evolucionado y se ha adaptado. En Garciriáin, Casa Eslava inició la labor hace cerca de 40 años, de manos de Nemesio Eslava y Paquita Arce, ya fallecidos. De entre sus diez hijos es el sexto, Antonio, quien les ha tomado el relevo con San Miguel, pero la llegada de la efigie era, antes del covid, día de muchos comensales, de familia y de amigos.
Recuerdan que la comitiva, en aquellos primeros años con Miguel Azpíroz, comía en la venta de Ollacarizqueta y cenaba y hacía noche en Garciriáin. “Primero entre semana, martes o miércoles, y luego en viernes. Aquello era como folclore nacional”, calibran la visita. La pandemia vació iglesias y mesas. Mikel Garciandía piensa que “el miedo paraliza” y que “San Miguel tiene que ser recordatorio de que la noche da paso al día y que la Pascua es tiempo de alegría”.
En Casa Eslava impregnan de cariño los recuerdos, también los vividos con Jesús Sotil, “que dejaba la imagen en la habitación de la amatxi, incluso después de que muriera” y con “don Jesús Mauléon, párroco durante 52 años de Unzu, Ollacarizqueta, Garciriáin y Navaz”. Cada pueblo es una historia que engarza con otras, un lienzo de nombres. “Las personas, ellas son las que saben de todo esto”, reflexiona Garciandía. Y en cada parada, una sonrisa, como la del “sacristán” de Unzu, Genaro Xabier Aguinaga Mendióroz, o la cercanía de Itziar Alcasena Urdiroz, estudiante de Fisioterapia en Tudela y oriunda de Garciriáin. “No conocía al capellán y me pareció muy cercano, implicado con el proyecto SOS Aralar y al día de los nuevos medios de comunicación, de las redes sociales, otras formas de visibilizar. Supone un esfuerzo y se lo agradecí”, concede Itziar que guarda una devoción especial a San Miguel. “Mi padre es de Garciriáin, mi madre de Marcaláin, donde es patrón, así que si no es en un pueblo, en el otro, coincido”, resume.
Tal y como apunta Itziar Alcasena, Garciandía explica que ofrecen un video de tres minutos para divulgar el proyecto de renovación de Casa Deierri o Lakuntzetxe, “edificio anexo al santuario con un problema estructural”. “Para nosotros es este un año clave. En abril pasado decidimos que era prioritario reformarlo, recurrimos al mecenazgo y tras una pequeña campaña respondieron 250 personas y hemos pagado el certificado de la obra de 2020. El reto es ahora llegar a 2.000 personas en el mecenazgo”, y avanza que exploran otra posible fuente de financiación en la Unión Europea, con los proyectos transfronterizos culturales. “Los dos santuarios de San Miguel más importantes de Francia, Mont Saint Michel y Aiguilhe, nos han pedido concurrir juntos”, subraya que este proyecto tendría un impacto positivo en el tejido social del entorno.
