Pamplona
Con 103 años, Dionisio ha vuelto a los paseos y el vermú
Dionisio Obanos nació en 1918, año de pandemia, y cumple 103 en otra que se prolonga demasiado. Pero ya vacunado y desconfinado, ha recuperado su rutina en Pamplona.


Actualizado el 04/04/2021 a las 06:00
"Aquí estamos, encerrados en casa, como todo el mundo. Saldré cuando mejore el tiempo, que igual me acatarro”. Así empezaba el reportaje publicado en estas páginas hace justo un año, cuando Dionisio Obanos Osés cumplió 102 primaveras. La conversación entonces fue por teléfono y las fotografías, cedidas por la familia. Doce meses después ha recuperado, con algunos matices, su vida anterior. Todavía faltan los abrazos y los besos de los nietos. Pero la entrevista por sus 103 fue ya en la calle, en su banco preferido del barrio de Iturrama, al sol, entre el ir y venir de hombres y mujeres, con la compañía de su familia y con las dos dosis de la vacuna contra el sars covid-19 ya inoculadas.
“Me han puesto las dos, la primera dolió algo, la segunda nada. Antes no había estas cosas, no había nada”, recuerda que su madre parió ocho hijos de los que vivieron cuatro. Y que le han puesto muchas inyecciones, aunque nunca ha estado más de ocho días en ningún hospital, salvo el mes de convalecencia cuando resultó herido en la Guerra Civil. Habla mucho de la contienda, de cicatrices que no se acaban de cerrar, de la ignominia en un frente al que no les quedaba otro remedio que ir. En estos meses Dionisio ha recuperado su vida anterior a la pandemia. Sale a la calle mañana y tarde; los domingos toma con hijas, nietos y biznietos el vermú , llamado así aunque en la copa sirvan mosto, lee el periódico a diario y también la revista HOLA!. A veces publican cosas que no le gustan “un pelo”.
La pena es que cuando regresó a los paseos y la tertulia en el frontón de López “casi todos los hombricos se habían muerto”. Los bancos quedan desnudos y eso le pena, se sentaba con él un quinto suyo. Murió al inicio de la pandemia. “De los que conocía ya no veo ninguno”, apunta tras la mascarilla y las gafas de sol.
Conserva intacta su salud. “He tenido una vista y un oído que no los tenía nadie, pero ahora bueno, para los años que tengo...Lo que me giba es que los pies no me siguen, con lo que he andado”, apunta Dionisio. Le pusieron la primera dosis de la vacuna en el polideportivo de Azpilagaña con muchas cámaras, periodistas y los niños del colegio aplaudiendo a los mayores. “Eso fue muy bonito”, interviene su hija Mª Carmen. La segunda fue el 23 de marzo.
En el periódico está al tanto de los titulares, y en la tele al ciclismo y la pelota que tanto le gustan. Y si por la noche se desvela reza a la virgen del Mendía. Porque Dionisio nacido en Arróniz. Se casó con María Munilla, de Lodosa, en 1944. Ella falleció hace algo más de seis años. Fue Guardia Civil con diferentes destinos y dejó el cuerpo en Pamplona, en 1968. Trabajó luego de conserje en el Casino Eslava y de ordenanza en la Unión Previsora. “Así se me fue pasando el tiempo... y hasta ahora”, acuña espontáneo este hombre conversador, de porte amable, padre de dos hijas, abuelo de cuatro nietos y con otros tantos biznietos. Celebrarán los 103 con un vermú y las visitas serán por turnos. “Como se pueda”.