Historias de la pandemia

Martina no se olvidó de Emeterio

Ella estudia segundo de Bachiller, él reside en la Casa de Misericordia, se conocieron en 2019, en un programa de aprendizaje de servicio del colegio FEC Vedruna. La tarea escolar se ha convertido en amistad. A pesar de la pandemia

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Martina no se olvidó de EmeterioJosé Carlos Cordovilla
Martina no se olvidó de Emeterio

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 07/03/2021 a las 06:00

Asistir al encuentro entre Martina y Emeterio tiene algo de medicinal, de bálsamo entre tanto enredo estéril. Y de sentir el corazón un poquito más ligero, sonreír al mirar al horizonte mientras caminas de vuelta. Ella tiene 17 años y estudia segundo de Bachillerato. Un curso complicado. Quiere ser maestra “en lugares donde resulte más difícil acceder a la educación”; él, de 74, vive en la casa de Misericordia de Pamplona, “desde hace dos Navidades”. Se conocieron en el otoño de 2019, cuando el colegio FEC Vedruna inició, un año más, su proyecto intergeneracional, enseñanza de servicio, en el que los alumnos tenían que escribir el cuaderno de vida de los mayores. La pandemia detuvo en seco el trabajo. Pero Martina no se olvidó de Emeterio y en cuanto los estudios le permiten un descanso, pide cita y acude a visitarle.

Martina García Ramos formó grupo de trabajo con Andrés Olmedo, y él también visita a Emeterio. Diario de Navarra fue testigo de aquel proyecto en un reportaje publicado el 1 de diciembre de 2019. Martina preguntó aquel día a Emeterio si su nombres se escribe con H. “Es que nunca lo había oído”, le dijo. “El día es el 3 de marzo”, respondió él. “¿Ah sí?, pues vendré a visitarte”, avanzó ella. No pudo ser. La covid pisaba para entonces los talones.

Martina mantuvo su palabra. Y en verano, en cuanto las visitas se reanudaron, pidió una cita. Lo mismo hizo Andrés. No pueden ir juntos porque solo se permite una persona por vez. “Es una pena, pero de momento es así”, apunta ella. Y allí siguen, las últimas veces en los locutorios habilitados de manera provisional en una de las salas de la zona nueva de la casa. La estancia da al jardín de las Emociones, como si fuera una metáfora.

Martina y también Andrés sueñan con que el buen tiempo se vista de largo y el virus se aleje, aunque sea un poco, “para poder salir a dar un paseíco” con su amigo Emeterio.

Él pasó la covid-19. De caminar con ayuda de un bastón, a una silla de ruedas. Pero lo puede contar. “Ya nos han puesto la segunda dosis de la vacuna”, mira profundo desde una atalaya de ojos azules. Pero 2020 le dejó también una buena noticia. Nació su nieta Micaela, a la que ha podido conocer. “Tiene 9 meses, viene con mi hija Virginia”, habla pausado, con el acento sureño que trajo después de años en Uruguay. Ha sido la suya una vida azarosa. Nacido en Vitoria, la familia se exilió en el país sudamericano y marchó a Brasil cuando el golpe de Estado. Después, vuelta a Uruguay, para recalar más tarde en Navarra. Su trabajo en una empresa de ascensores le llevó en ocasiones a China. “Ha viajado mucho”, recrea Martina. Es lo que le gustaría hacer a ella.

Quiere estudiar doble grado Internacional de Educación Infantil y Primaria. La nota de corte necesaria supera el 11 (la media de Bachillerato y Selectividad) . “Pero es mi propósito”, concluye. “Será una buena maestra. Sí, muy comunicativa, y eso es importante”, apostilla Emeterio, al que ya llaman Eme. “Él me dice que no deje de estudiar, que me esfuerce”, revela Martina. Le gusta escuchar a las personas mayores. “Como a mis abuelos también, que me cuenten cómo fue su vida. Mi abuela y Emeterio son quintos”, añade. Y a Eme le gusta conversar con Martina y Andrés “por lo que su juventud aporta”.

“Siempre nos pillan charlando”, subraya Martina de las visitas, que tienen un límite de tiempo de una hora. “Sí, es comprensible, deben desinfectar todo y ventilar para cuando llegue el siguiente turno”, destaca.

“¡Qué suerte conocernos, Emeterio!”, anima la conversación Martina. “La del colegio me parece una actividad muy necesaria. Hay tanta diferencia entre nuestra vida y la suya...”. 57 años les separan.

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