“Policía Municipal de Burlada, dígame”

El coronavirus acapara las llamadas que recibe la centralita de los agentes locales. En los primeros días de confinamiento, el teléfono no dejó de sonar, tanto para obtener información como para denunciar a familiares que se “escapaban” de casa

La falta de agentes locales en Burlada obliga a recurrir a Policía Nacional
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La falta de agentes locales en Burlada obliga a recurrir a Policía Nacional

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Myriam Munárriz

Actualizado el 02/04/2020 a las 06:00

Como en todas las localidades con Policía Municipal, en Burlada los agentes locales se han convertido en piezas fundamentales para combatir el coronavirus haciendo que se cumpla el confinamiento obligado desde el pasado sábado día 14 cuando se declaró el Estado de Alarma. Y tristemente, como en otros municipios, el estar en primera fila en la calle pasa factura y de los 33 policías de la plantilla, ya hay 3 positivos y dos a la espera de resultados. Eso ha hecho que el jefe de los agentes, Javier Lizarraga, tenga que salir de patrullaje por las calles.


Las primeras alertas llegaron dos días antes del confinamiento y así el día 11 de marzo, el técnico de seguridad alimentaria pide al cuerpo policial que incidan en los bares sobre la exposición sin proteger de pintxos, tapas, bocatas o bollería y repostería. “Y con más razón en estos tiempos de crisis sanitaria”. Tres días después, se decretaba el confinamiento y el Estado de Alarma. Ya entonces no valían las recomendaciones, había que pasar a la acción y se procedió a precintar y sellar las bajeras de los jóvenes.


Policía ve con preocupación como ese mismo día 14 hay muchos niños jugando en un parque infantil. Y en esta jornada se conmina a los jóvenes del gaztetxe a que abandonen el inmueble (los antiguos vestuarios del campo de fútbol) para colocar un precinto. Esa noche, Burlada saltaba a la actualidad informativa de primera línea cuando una persona ebria escupía a su alrededor y aseguraba que tenía el coronavirus. Fue necesario pedir refuerzos de Policía Foral y, finalmente, se pudo reducir a este hombre al que en un ambulancia específica para esta enfermedad se trasladó al hospital.


Al día siguiente, el primero de confinamiento en jornada laboral, una de las llamadas más curiosas que atienden los agentes es aquella en la que se les informa que la dueña de una cafetería daba conversación a gente fuera de su local. Cuando acuden los policías, ella asegura que estaba informando a los clientes de las distancias de seguridad.


Y otra alerta que resalta del resto es sobre un bar; “si se golpea el cristal, se deja pasar a la gente”. Un policía de paisano así lo hace pero no le abren. En el interior hay una persona que ante los requerimientos del policía sí franquea la puerta y explica que quien estuvo era su familia a los que les dio allí de comer por no tener nada en casa.


Durante estos días, los agentes han tenido que intervenir en un par de ocasiones para despejar grupos de cuatro personas que en la calle o donde las escaleras de una iglesia se habían reunido con unas botellas de cerveza. Y vuelve a suceder en una de las plazas de la localidad con tres vecinos que están bebiendo cervezas y comiendo bolsas de patatas. Se procede a su identificación, a la par que se les informa que su actuación llevará pareja una multa. A fecha de hoy, hay más de cien sanciones.


También un familiar llama a los agentes para confesarles que, según ha escuchado, un pariente suyo sale todos los días a diferentes horas del domicilio. Al parecer ha quedado con amigos en otras viviendas, además de salir a pasear a la vía pública.


En cuanto a establecimientos, los agentes indican en sus rondas que prácticamente todos cumplen con la orden de cierre, aunque se encuentran con dos casos anómalos: uno de ellos sí vende artículos de primera necesidad por lo que no se cuestiona su apertura pero sí que en el establecimiento se encuentren dos loros campando a sus anchas.


Y en otro de ellos, una tienda de chucherías, la dueña esgrime que puede seguir vendiendo porque cuenta con productos de alimentación. El problema, se denuncia, es que no se limita a la venta de los artículos de gastronomía. Y, además, los agentes observan que también incumple el horario de cierre ya que tiene el local abierto hasta la una de la madrugada sin ningún control en el acceso de los clientes.


Por suerte, dice el jefe de la Policía Municipal Javier Lizarraga, casos aislados y anecdóticos. La gente está respondiendo y bien. Y mientras, el Ayuntamiento, como este pasado fin de semana, fumiga las calles con ayuda de personal de limpieza de Pamplona y de Mancomunidad.

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