Fundación Diario de Navarra

“El problema no es tener un móvil, sino no saber poner límites al tiempo que pasamos pegados a la pantalla”

Adolescentes y profesores, con el impulso de E-tic y Acción Social de Caja Rural de Navarra, analizan las luces y sombras de la hiperconectividad: desde la dependencia por la validación social hasta los riesgos latentes de la IA

Adolescentes mirando el teléfono móvil
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Adolescentes mirando el teléfono móvil123rf
Adolescentes mirando el teléfono móvil

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Publicado el 07/11/2026 a las 05:00

El proyecto E-tic, de la Fundación Diario de Navarra, con el apoyo de Acción Social de Caja Rural de Navarra, organizó durante el pasado mes de mayo tres jornadas intensivas de trabajo estructuradas a través de diversos grupos de discusión. A lo largo de estas sesiones, coordinadas por sociólogos, diferentes alumnos y docentes de centros educativos intercambiaron impresiones sobre las vivencias y transformaciones profundas que atraviesan las aulas navarras en la era digital. El propósito central de esta propuesta es escuchar de manera directa la voz de los propios estudiantes.

Al reunir a los adolescentes en un espacio de debate distendido y participativo, el foco se traslada de las teorías a los testimonios concretos de quienes más utilizan estas plataformas cada día. A través de sus intervenciones se dibuja una fotografía realista del ecosistema digital, basada en experiencias vivas sobre, por ejemplo, la necesidad de validación social, la exposición pública, la inteligencia artificial y la relación actual que mantienen tanto con el entorno adulto como con sus propios compañeros. Este ejercicio de escucha activa permite comprender con precisión los matices de una generación que convive con la pantalla como una extensión natural de su entorno pero que, al mismo tiempo, empieza a vislumbrar los peligros y la fragilidad de ello. 

La necesidad de estar conectados y la presión de los likes

Para el alumnado, la tecnología representa hoy en día la principal vía para organizar su vida social y mantener el contacto permanente con su grupo. “Al final es una herramienta que nos facilita la vida muchas veces” o sirve de gran ayuda para “hablar con otras personas”, exponen los jóvenes sobre su teléfono móvil. Sin embargo, este flujo continuo de comunicación y estímulos arrastra una cara B de enorme vulnerabilidad: la necesidad constante de mantenerse visibles ante una comunidad virtual que les exige más y más. 

Las aportaciones de los estudiantes reflejan cómo la autoestima personal puede estar ligada al rendimiento numérico de una publicación en las redes sociales. La búsqueda constante de interacciones externas genera una exigencia continuada que altera por completo la percepción de uno mismo. Los propios jóvenes detallan paso a paso esta dependencia creciente: “En un inicio las personas igual deciden publicar un vídeo simplemente por entretenimiento y así, pero una vez un vídeo se te hace viral o tiene muchos likes como que ya empiezas a tener una dependencia de seguir siendo famosa, seguir recibiendo likes”. 

Esta presión acumulativa se agrava hasta el extremo de que “si no llegas a tal número de likes o no llegas a tal número de comentarios es como que no te sientes merecedor de lo que hay en tu día a día”. Esta exigencia se nutre también del impulso de mostrar una versión alterada o idealizada de la rutina diaria. Priorizando de este modo el postureo superficial frente a la naturalidad y autenticidad de la vida cotidiana. 

Adolescente, con cara triste, mirando el teléfono móvil
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Adolescente, con cara triste, mirando el teléfono móvil123rf
Adolescente, con cara triste, mirando el teléfono móvil

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El impacto del anonimato y la falta de filtros tras las pantallas

Junto al peso asfixiante de la validación externa, los grupos de discusión abordaron el notable cambio de conducta que se produce al comunicarse mediante dispositivos electrónicos. El alumnado coincide en señalar que la distancia física que proporciona una pantalla altera la dinámica entre ellos, ya que genera situaciones de conflicto que en el cara a cara difícilmente llegarían a producirse.

En las intervenciones recogidas durante las diferentes jornadas, los participantes incidieron de manera especial en la pérdida absoluta de límites al redactar comentarios negativos o despectivos en perfiles abiertos o en grupos cerrados de mensajería instantánea. “En internet se dicen cosas que nunca dirías a la cara”, confirman los estudiantes al analizar cómo la ausencia de un contacto visual directo borra por completo la empatía hacia la persona que se encuentra al otro lado de la pantalla. 

Esta falta de filtros se materializa en fenómenos cotidianos como la proliferación de perfiles anónimos tipo ‘curis’ o cuentas de cotilleos escolares, donde se difunden rumores, fotografías o comentarios sobre la vida privada de compañeros y profesores.  Esta preocupante falta de filtros no solo hiere, sino que traslada de forma inmediata los conflictos generados en el entorno virtual a los pasillos y aulas de los centros educativos. 

La inteligencia artificial: entre la fascinación y el recelo

Aunque la irrupción de la inteligencia artificial y su impacto en la dinámica académica se analizó de forma específica en anteriores entregas del proyecto, los grupos de discusión de mayo sirvieron para reafirmar la postura ambivalente del alumnado navarro ante estas tecnologías. Los adolescentes combinan de manera natural la adopción práctica de estas herramientas para agilizar consultas escolares y redactar trabajos con una viva y constante preocupación ante los riesgos derivados del mal uso de datos, la suplantación de identidad y la alteración malintencionada de imágenes.

En este sentido, los estudiantes insistieron durante los debates en que el valor real de estos sistemas debe limitarse estrictamente a actuar como una guía orientativa para resolver dudas puntuales, advirtiendo con madurez de que jamás deben convertirse en una vía fácil para suprimir por completo el razonamiento, la reflexión crítica y el esfuerzo personal diario.

La mirada docente y la gestión compartida de la convivencia

La presencia del profesorado en los grupos de discusión permitió contrastar la vivencia particular del alumnado con la perspectiva experimentada de quienes gestionan la convivencia diaria en los centros. Los docentes reflejan una mezcla compleja de preocupación ante la velocidad vertiginosa con la que mutan las aplicaciones y un firme compromiso vocacional por orientar al estudiantado hacia un uso racional y sensato de las pantallas, admitiendo que en muchas ocasiones la evolución tecnológica desborda por completo la capacidad de respuesta y adaptación del entorno adulto. 

Desde el punto de vista del profesorado afirman “no podemos pretender estar como un policía detrás de cada alumno ni prohibirles el acceso a una tecnología que ya forma parte de su vida; el verdadero reto en el aula y en casa es enseñarles a tener un criterio propio para que sepan autorregularse”. Los docentes recalcan con insistencia que las dinámicas de aislamiento o el uso excesivo del teléfono móvil deben ser abordadas desde una responsabilidad conjunta y coordinada entre el colegio y el ámbito familiar, recordando que los criterios básicos de respeto, educación y prudencia aplicados en la vida real son exactamente los mismos que deben imperar dentro del espacio virtual. 

Las sesiones de trabajo organizadas durante el mes de mayo por el proyecto E-tic y Acción Social de Caja Rural de Navarra ponen firmemente de manifiesto que las aulas demandan espacios seguros de diálogo abierto y escucha activa. Dar voz protagonista a los estudiantes a través de estas dinámicas permite identificar con precisión sus verdaderas inquietudes frente a la hiperconectividad, abriendo un cauce necesario donde alumnos y profesores comparten análisis profundos para afrontar los retos digitales cotidianos desde la experiencia directa y el compromiso colectivo. 

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