Iglesia

Arrojado al mar "por no renegar de su fe", así murió el navarro Manuel Arizcun, padre de familia

Gabriel Garralda Arizcun, nieto del beato, ha publicado una biografía de este laico, que renunció a su carrera militar para dedicarse a la Acción Católica de Padres de Familia de Navarra

Manuel Arizcun, con tres de sus hijos, en una fotografía del álbum familiar
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Manuel Arizcun, con tres de sus hijos, en una fotografía del álbum familiarCEDIDA
Manuel Arizcun, con tres de sus hijos, en una fotografía del álbum familiar

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Pedro Gómez

Publicado el 03/11/2026 a las 05:00

La villa de Suances (Cantabria) se convirtió en un calvario para la familia Arizcun-Zozaya y otras personas que veraneaban allí cuando se produjo el alzamiento el 18 de julio de 1936. Así se describe en la biografía 'Beato Manuel Arizcun Moreno (1892-1936). Padre de familia, mártir de Cristo', escrito por Gabriel Garralda Arizcun, nieto del beato. El prólogo es del sacerdote Santiago Cañardo.

Manuel Arizcun fue el quinto de los hijos de una familia oriunda de Valle de Baztan. En 1918 contrajo matrimonio en Erratzu con la también baztanesa Pilar Zozaya y tuvieron 9 hijos. El libro permite acercarse no solo a su trayectoria personal y familiar, sino también al ambiente religioso y social en el que vivió y a las circunstancias que rodearon su muerte.

Arizcun era comandante del Estado Mayor, pero "movido por su honda creencia religiosa", el 3 de julio de 1931 se apartó voluntariamente de su carrera militar. En 1932 se incorporó a la Asociación Católica de Padres de Familia de Navarra y llegó a ser vicepresidente de esta entidad. En 1934, el obispo de Pamplona, Mons. Tomás Muñiz, lo nombró presidente de la junta diocesana de la Acción Católica de Navarra.  Era también hermano de la Pasión del Señor de Pamplona.

La biografía dedica especial atención a los últimos meses de la vida de Arizcun. A principios de verano de 1936, Manuel, su mujer y sus hijos fueron a Suances, donde la familia tenía una casa de verano. Allí estaba también su madre. Además habían invitado a una familia amiga de Madrid, los Gutiérrez Terán. Al estallar la guerra, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) sometió a un fuerte vigilancia a Manuel Arizcun. El 10 de noviembre de 1936 fueron a detener a Manuel. “Soy católico y eso no me lo podéis arrancar ni con las pistolas”, les dijo. Una de sus hijas presenció esta escena y pudo dar testimonio de lo ocurrido. Sus allegados ya no le volvieron a ver.

La tragedia no terminó ahí. Días después, en Paracuellos del Jarama (Madrid) fueron fusilados un hermano de Manuel, Alejandro Arizcun, y sus cuatro hijos. También José Luis Gutiérrez de Terán, que se había quedado en la capital mientras su mujer y sus hijos estaban en Suances.

En la localidad cántabra también fueron fusilados, en enero de 1937, un sacerdote de Burgos, Valentín Palencia, y cuatro muchachos que le acompañaban. Los cinco fueron beatificados en 2015.

Pilar Zozaya y sus hijos pasaron meses de hambre y penuria, hasta que pudieron huir en barco a Bayona. Una vez terminada la guerra, apareció en Madrid una ficha médica de un cadáver maniatado que había aparecido en una playa de Galizano. Llevaba un traje con la etiqueta 'Cabasés Pamplona' y un botón insignia de la Asociación Católica de Padres de Familia. Se le dio sepultura en la parroquia de San Agustín de Pamplona. El libro recoge la carta pastoral del obispo Marcelino Olaechea donde glosa la labor de Manuel como presidente diocesano de Acción Católica y su “vida intachable y piedad ardiente”. Auguraba que Arizcun iba a formar parte del “número de mártires de la Iglesia”.

El libro se encuentra a la venta en Pamplona en El Corte Inglés, la Papelería Cairo (calle Abejeras), Troa Librerías-Librería Universitaria y Clínica Universidad de Navarra, Librería Diocesana (calle Dormitalería 1) y Librería Ínsula (calle Bergamín).

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