Desafíos de Navarra

Reformar o perder la casa de los abuelos: "Nos criamos aquí"

Los Idoate Guerendiain apostaron por vivir en Eusa (valle de Ezcabarte) y mantener el legado de sus antepasados

Desde la izda.: Javi Idoate Guerendiain, su hijo Aimar Idoate Ugarte, su padre Javier Idoate Barbería y su hermano Mikel Idoate Guerendiain
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Desde la izda.: Javi Idoate Guerendiain, su hijo Aimar Idoate Ugarte, su padre Javier Idoate Barbería y su hermano Mikel Idoate GuerendiainJESÚS GARZARON
Desde la izda.: Javi Idoate Guerendiain, su hijo Aimar Idoate Ugarte, su padre Javier Idoate Barbería y su hermano Mikel Idoate Guerendiain

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Aser Vidondo

Publicado el 18/10/2026 a las 05:00

"Abajo estaban las cuadras. En la primera planta, la vivienda. En las superiores, graneros, cuartos viejos para guardar patatas o manzanas, un pajar en tiempos... Y arriba del todo, un palomar”. Casa Santxorena, más conocida como Casa Mendillorri, es un enorme caserón de Eusa (concejo de Ezcabarte de 56 habitantes) de 200 m2 de planta que durante largo tiempo fue hogar y espacio de trabajo. Superada esa etapa, su destino, como el de muchas casas de pueblo, presentaba irremediablemente dos caminos: o un progresivo abandono o una apuesta familiar por darle un lavado de cara y nuevos usos. En este caso, el segundo fue el elegido.

“Era la casa de los abuelos paternos, se la quedó mi padre y nosotros nos criamos aquí”, relata Javi Idoate Guerendiain, de 45 años. Él, sus padres y su hermano pequeño lideraron una reforma integral del caserón (su hermano mayor se construyó otra casa en Eusa). “Nos daba pena que pudiera perderse el legado de nuestros antepasados. Fue una apuesta real por quedarnos a vivir en el pueblo y así mantener la casa familiar. Estas casas, si no les das una vuelta, se acaban hundiendo”.

"HUBO QUE VACIARLA"

El objetivo estaba claro, pero el proceso no fue sencillo. “Decidimos dividirla y crear tres pisos diferenciados. Nos hubiera gustado mantener más cosas, pero solo sobrevivieron al derribo las paredes y balconadas. Para cuadrar todo (escaleras, ventanas, tuberías...) y cumplir normativas (tocó levantar el tejado para dar altura a las ventanas), hubo que vaciarla por completo. Eso nos dolió”, recuerda. También instalaron ascensor.

“A nivel económico, no creo que la obra nos costara más que comprar 3 pisos en Pamplona, y mucho menos del tamaño de las viviendas que ahora tenemos, de unos 130 metros cada una, y con balcones y garaje. Estamos encantados, y la calidad de la vida del pueblo no tiene nada que ver”, dice. Y resalta la unión en el seno familiar: “Somos una piña”.

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