Duelo
Erika Martínez, perdió a su bebé: "Mi hijo Eder está en nuestras vidas, lo nombro a todas horas"
Eder Unanua Martínez falleció un día antes de cumplir dos meses de un derrame cerebral. Su madre, Erika Martínez Zubieta, vecina de Berriozar, está ahora embarazada de su hermana Lier


Publicado el 16/10/2026 a las 05:00
Erika Martínez sueña con el día en que vea por fin la cara de su hija Lier. Como todas las madres. Pero ella, quizá un poco más. Porque la niña, que nacerá el próximo diciembre, será su ‘bebé arcoíris: el que llega después del fallecimiento de un hermano.
El suyo se llamaba Eder (Unanua Martínez) y llegó al mundo el 26 de febrero de 2025, de manera prematura. Pero todo parecía ir bien hasta que el pequeño falleció un día antes de cumplir los dos meses, el 25 de abril de 2025, como consecuencia de un derrame cerebral inesperado. “Fue un shock terrible. No era capaz de procesar lo que estaba sucediendo. Recuerdo aquellos días en el hospital como si me viera desde arriba, como si no fuera yo”.
Así lo recuerda Erika Martínez Zubieta (Fuenterrabia, Guipúzcoa, 1992), que vive en Berriozar, junto a su pareja, el pamplonés Mikel Unanua Arribas, de 36 años. La madre desea compartir su historia para ayudar a otras mujeres y familias en la misma situación y para visibilizar esta realidad. “La muerte aún sigue siendo un tabú y la de un bebé, todavía más. Ya te etiquetan de por vida, como la madre que perdió a un hijo”.
El que ella soñó cuando se enteró de que estaba embarazada en julio de 2024. “Todo iba muy bien hasta la revisión de la semana 31 (un embarazo a término dura 40). Llevaba unos días con un pitido en la cabeza y me diagnosticaron preeclampsia (tensión alta). No saben a qué se deben pero me ingresaron y me dieron medicación para desarrollar los pulmones del niño”.
Porque, le explicaron, habría que inducir el parto. Lo que sucedió tres semanas después, en la 34, el 26 de febrero a las 6.30 de la mañana. “El parto fue complicadísimo, tuvieron que utilizar fórceps... Pero todo se resolvió bien”, recuerda Erika. Eder pesó 2,2 kilos y permaneció una semana en la unidad de neonatos antes de recibir el alta. El tiempo que pasó en casa transcurrió con normalidad. “Íbamos a las revisiones de la pediatra y también de la neuróloga porque nació con un quiste en la cabeza. Pero decían que todo iba bien”.
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Hasta la mañana del miércoles 23 de abril, cuando el bebé no reaccionaba. “Estaba muy adormilado y yo veía que algo no iba bien. Nos fuimos corriendo a urgencias y lo ingresaron en la UCI. Vivimos dos días terribles en los que no nos movimos de su lado”. Finalmente, Eder falleció el 25 de abril, por una isquemia cerebral. “No sabemos por qué ocurrió pero yo no dejo de pensar en que los fórceps pudieron afectar”.
Erika y Mikel quisieron donar los órganos de su hijo pero no resultó posible. “Afortunadamente no había en toda Europa ningún bebé que los necesitara. Nos hubiera gustado que Eder pudiera ayudar a otros niños”.
MANOS VACÍAS
El regreso a casa, a la cuna, los cajones llenos de ropa y el olor del bebé, recalcan, son imposibles de describir. Desde un primer momento, buscaron ayuda en la delegación navarra de la asociación vasca Esku Hutsik (manos vacías). “Intentaba coger aire. Veníamos de la muerte de mi madre y el nacimiento de Eder trajo una gran alegría a mi familia. Era el primer nieto. Y, de repente, nos cambió toda la vida”.
El apoyo de esta asociación y la terapia de grupo en Goizargi (asociación navarra de duelo) les ayudaron a seguir adelante. “Y sobre todo, a darte cuenta de que no estás sola. De que no eres la única desgraciada a la que le ha pasado esto”.
El embarazo de Lier llegó pronto y Erika ha alcanzado ya las 28 semanas (la fecha prevista de parto es el 31 de diciembre). “Quiero ilusionarme con el nuevo embarazo pero el fantasma del miedo siempre planea”. Aunque en esta gestación, recuerda, está muy controlada. “Me llevan en la consulta de alto riesgo y, por ahora, todo va bien. ¡No puedo estar todo el día con miedo! Y el otro día le compré a Lier un vestido”, se ríe al recordarlo.
Los cajones con la ropa de Eder aún permanecen llenos y un pequeño ‘altar’ con su foto y algunos recuerdos adornan la habitación. “El día que hubiera cumplido un año plantamos un árbol. Queríamos crear algo suyo. Porque Eder vivió y permanece en nuestras vidas. Yo lo nombro a todas horas”.
Algunas personas, cuenta, no hablan de él “con la mejor intención” para no causarle daño. “Pero queremos que se visibilice esta realidad. No debe ser un tabú”.
El camino del duelo, confiesa, ha sido diferente en ella y en su pareja. “Los dos lo hemos pasado muy mal pero no hemos caminado al unísono. Te tienes que apoyar mutuamente. Nosotros pudimos pasar toda la baja maternal juntos después de morir Eder”.
“El duelo por el hijo fallecido es como si se te cayera un castillo de naipes. Como si todo lo que hubieras proyectado desapareciera”. Y la llegada de Lier (significa unir, vincular...) será una alegría. “Pero no viene a sustituir a su hermano. Cada hijo es distinto. Hay que tener cuidado con estos niños para que no carguen con el peso del hermano muerto”.
Erika Martínez pide una mayor formación de los profesionales (sanitarios y de todos los ámbitos, como los tanatorios) y recuerda que cada vez el apoyo social es mayor. La pamplonesa Nieves Pérez Goñi, de 36 años y que peridó a su primera hija, Lara, en la fase final de su embarazo, regaló a la Unidad de Neonatología del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) el pasado marzo una cuna simbólica de arcilla cerámica para visibilizar el duelo que también atraviesan los profesionales que conviven con estos bebés. Una similar, con el nombre y la fecha de nacimiento de Eder, le ha regalado a Erika. "El barro es como el duelo-confesó-porque no tiene forma".