Duelo

Alrededor de 20 bebés fallecen cada año en Navarra durante el embarazo, parto y las primeras semanas

Este jueves se conmemoró el Día internacional del duelo gestacional, perinatal y neonatal que afecta a entre cinco o seis de cada mil nacidos 

Una enfermera acaricia a un bebé en la Unidad de Neonatología del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN), en una imagen de 2023.
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Una enfermera acaricia a un bebé en la Unidad de Neonatología del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN), en una imagen de 2023J.P. Urdiroz
Una enfermera acaricia a un bebé en la Unidad de Neonatología del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN), en una imagen de 2023.

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 16/10/2026 a las 05:00

El diccionario es sabio y no recoge ningún vocablo para definir a una madre o un padre que ha perdido a un hijo. Supone tanto dolor que no se puede nombrar con palabras. A algunos se les para el corazón en el útero materno cuando les quedan apenas días para ver la luz. Otros se enredan en el cordón en el momento de salir a la vida y otros tantos dejan de respirar a los pocos días o semanas de haber sido abrazados por sus padres y abuelos y haber ocupado su cuna y utilizado la ropa de primera puesta.

 Ayer se celebró el ‘Día internacional del duelo gestacional, perinatal y neonatal’, con el fin de visibilizar esta realidad que aún es un tabú y de la que apenas se habla. Porque las familias quieren recordar que sus hijos existieron y les gusta hablar de ellos para hacerlos presentes.

En Navarra, entre quince y veinte bebés fallecen cada año durante el embarazo de sus madres, el parto o los primeros meses de vida, un porcentaje de entre cinco o seis niños de cada mil nacidos. La cifra de fallecidos está bajando en los últimos años por el descenso de la natalidad. 

Varias familias que han atravesado esta situación se concentraron ayer por la tarde delante del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) para recordar a sus bebés. El Ayuntamiento de Pamplona y otros edificios se iluminaron de rosa y azul en su honor. 

El ginecólogo obstetra (especializado en embarazos) del Complejo Hospitalario de Navarra Carlos Larrañaga Azcárate explica que la literatura médica contabiliza entre estas pérdidas desde los fetos que pesan un mínimo de 500 gramos o han alcanzado las 22 semanas de gestación (cinco meses y medio) hasta los bebés de 28 días y que no sufren ninguna malformación (en ese caso, el número sería superior). 

Los que se “pierden” antes de ese tiempo y peso, se consideran abortos. Una situación mucho más frecuente, pues ocurre en el 15% de los embarazos durante el primer trimestre, porcentaje que crece conforme aumenta la edad de la madre. Sin embargo, los psicólogos coinciden en que el dolor por la pérdida de un hijo es similar en cualquier momento.

Larrañaga recuerda que la mayoría de estas muertes tienen lugar durante el embarazo y en la mitad de los casos se desconoce la causa “lo que no significa que no exista”. “Cuando se sabe el motivo, tras una ecografía o la autopsia, resulta más sencillo elaborar el duelo para las familias. Sobre todo, para abordar un embarazo posterior”.

Entre los principales motivos que ocasionan la muerte figuran el desprendimiento de placenta y todos los factores de riesgo asociados (preeclampsia, tabaquismo, drogas...)

INTERRUMPIR EL EMBARAZO

 En el caso de los bebés a los que se les diagnostica una malformación o enfermedad incompatible con la vida durante una ecografía y las familias deciden interrumpir el embarazo, el duelo es doble, insiste Larrañaga. “Primero tienes que aceptar que tu hijo tenía una enfermedad y segundo, que tú has decidido que no naciera. Visto de fuera y para la familia, puede parecer lo mejor: ‘Tenía una enfermedad, no podía vivir y has decidido no seguir adelante”. 

Los casos de muerte durante el parto son “rarísimos” y en la mayoría de los casos suceden por un desprendimiento de placenta o cordón o las secuelas de utilizar fórceps, ventosas... “Es poco frecuente pero existe el riesgo de una hemorragia cerebral que se manifiesta al tiempo”. 

Y en el caso de los ya nacidos resulta “muy poco frecuente”, subraya el obstetra, que fallezcan bebés que no sean prematuros. “A veces, mueren de forma súbita y no hay explicación. Uno de nuestros grandes esfuerzos es encontrarla”. 

En cuanto a los protocolos tras el fallecimiento concluye que han mejorado en los últimos años. “Cuando yo empecé a trabajar, hace más de treinta años, no dejaban a las madres ver a los bebés. Dormíamos a las pacientes porque se pensaba que era mejor que no establecieran ningún vínculo emocional con los niños. Una realidad que funciona para el resto de la familia pero no para la madre que ya ha tenido una experiencia sensorial con su hijo y por eso, su duelo suele ser más largo. Ahora se ofrece a las familias estar con ellos, hacer fotos... Se ha comprobado que es positivo para elaborar el duelo”.

Y para comprobar, subraya, que lo sucedido ha sido real "y no una pesadilla". "Confirmar el hecho luctuoso te hace vivir mejor la realidad. Elaborar el duelo sobre un hecho conocido es más sencillo. Todas las sociedades se han despedido de sus muertos de una u otra manera. Y despedirte de un bebé es lo mismo que hacerlo de otro ser querido". Si no, recalca, sucedería lo mismo que tras un naugrafio en el que no se han recuperado los cuerpos. "La gente puede fantasear". 

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