Despedida
La jubilación de Koldo Fernández, 36 años al frente de investigaciones en la Policía Foral: "He visto monstruos, pero me quedo con los abrazos infinitos"
Este miércoles entregó la placa y el arma en Beloso el joven de la Rochapea que entró en el cuerpo con 24 años "lleno de ilusión". Desde entonces, ha firmado atestados en los crímenes de Yamiled, Nagore Laffage o la agresión sexual de la Manada, y ha cerrado su etapa profesional llevando a prisión a un militar que almacenaba miles de archivos de pornografía infantil


Publicado el 15/10/2026 a las 05:00
Koldo Fernández Martínez cumplió 60 años este martes. Este miércoles 14 de octubre, con 60 años y un día, se acercó a la comisaría de Beloso que lo vio estrenar uniforme y entregó la placa y el arma que desde hace 36 años le han acompañado como agente de Policía Foral. Lo celebrará con una comida, pero a modo de aperitivo, llevó una caja de pastas Layana a los compañeros de la Unidad de Delitos Informáticos. Junto a ellos ha cerrado su bagaje profesional con satisfacción, admite. Tras una investigación de casi un año, la última que firma en activo, un militar se encuentra en prisión provisional a la espera de juicio después de habérsele incautado miles de archivos de pornografía infantil. "Creo que lo dejamos bien encarrilado", asegura del caso, en manos ya de la Fiscalía, y subraya el hecho de que han logrado identificar a 5 víctimas. También lamenta las imágenes tan duras que han hallado en los soportes, con niños y bebés de menos de un año.
Así es Koldo, como le llaman sus compañeros por el pasillo y le conocen en el cuerpo, un tipo más bien callado, casi podría decirse que serio en apariencia, humilde y que se pone del lado de los débiles. Quizá por eso ha encajado bien, y sufrido lo suyo, como policía.
"Recuerdo mi primer día con la ilusión de un chaval de 24 años. Ver mi nombre en la lista en papel que colgaban en el Palacio de Navarra, la toma de posesión, el hábitat de emergencias que era entonces la comisaría, con bomberos y camineros por aquí, que compartíamos sede...".


Empezó en la unidad de Tráfico, pasó a Investigación Criminal (ha instruido casos como el de Yamiled, Nagore Laffage, la Manada o la muerte violenta de Indart en una sima), área Estratégica y de Calidad y finalmente Delitos Informáticos. "He visto lo mejor y lo peor de muchos seres humanos, pero me quedo sin duda con las víctimas, con abrazos infinitos como el que me dio un día el marido de Yamiled, la madre de Nagore... Las víctimas y sus familiares me han dado muchas lecciones de ese seguir adelante 'a pesar de', no quedarse ahí". Del otro lado, en un texto muy emotivo que ha compartido en sus redes con muchos de sus compañeros estos días, cita a Ítaca y sus peligros. "Al partir en busca de Ítaca, ruega que tu viaje sea largo y lleno de despertares, no temas a los monstruos. Si tus pensamientos son elevados no encontrarás monstruos temibles".
A muchas personas que han confesado delitos muy graves, les ha mirado de cerca. "No voy a decir que todos los 'malos' tengan algo bueno o que puedan llegar a arrepentirse de lo que han hecho, pero sí creo que todo ser humano tiene un punto de aproximación, de acercamiento".
Ahora deja la comisaría pero no la biblioteca, donde sigue trabajando en su tesis acerca de perfilaciones conductuales y la figura del sicario. También imparte formación en la Escuela Navarra de Seguridad. "Es otra etapa". El momento de mayor emoción le llega al hablar de su familia. Su mujer, Arantza, y sus hijas, Aitana y Natalia. "A ellas les debo todo. No hay gracias suficientes". Ahora sí, no le salen las palabras.
