Koldo Fernández, policía foral al frente de casos como el de Nagore Laffage o La Manada: "En 25 años he visto lo mejor y lo peor de la condición humana, sobre todo lo peor"

De la práctica a la teoría. Koldo Fernández, quien fuera responsable en la Policía Foral de investigaciones como el crimen de Cordovilla, el de Nagore Laffage o la agresión sexual de la Manada, entre otras, trabaja en una tesis sobre perfilación criminal y su utilidad para resolver casos

Koldo Fernández, investigador y actual responsable del Grupo de Delitos Informáticos de la Policía Foral
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Koldo Fernández, investigador y actual responsable del Grupo de Delitos Informáticos de la Policía Foral
Koldo Fernández, investigador y actual responsable del Grupo de Delitos Informáticos de la Policía Foral

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Carmen Remírez

Actualizado el 24/03/2025 a las 09:24

A  su llegada al escenario de un crimen, los investigadores policiales trabajan contrarreloj para preservar cualquier prueba. Los agentes de Policía Científica recogen y analizan todas las evidencias que hallan en el lugar. También lo fotografían. Si hay un cuerpo, los forenses lo examinan al máximo detalle, se realizan analíticas, etc. Si hay un detenido o testigos, se toma declaración. Si hay teléfonos, grabaciones o chats, se estudia su relación con los hechos.

Pero, y ha ocurrido en Navarra, ¿qué pasa cuándo no hay nada de todo eso y sí indicios que apuntan a un posible acto criminal? Por ejemplo, una desaparición inquietante en Tierra Estella, con un sospechoso al que acorralan todos los indicios, pero que niega cualquier implicación en la inexplicable ausencia de su expareja, que juega con los investigadores llevándoles a escenarios donde no encuentran nada. O unos restos humanos hallados por casualidad en una sima del norte de Navarra, años después de no saber nada del joven cuyo ADN concuerda con el del hallazgo, que mantenía fuertes desavenencias con su entorno y cuya autopsia apunta a una posible muerte violenta. En esas investigaciones complejas es donde aparece con más fuerza la materia con la que pasa noches en vela este veterano de la Policía Foral. Koldo Fernández Martínez (Pamplona, 1966), actual responsable del grupo de Delitos Informáticos, criminólogo y que trabaja en una tesis doctoral sobre la perfilación conductual. “Es una materia apasionante. Todo es conducta. Lo que hacemos y lo que no hacemos”, indica. Ese conocimiento puede orientar una investigación o un interrogatorio. De forma intuitiva, los investigadores llevan haciéndolo toda la vida. Con este barniz académico, Koldo Fernández plantea la estandarización en perfiles tan concretos como los de los sicarios, asesinos por encargo muy vinculados a las tramas de tráfico de drogas.

¿Cuál es la técnica de la perfilación criminal?

Es aquella que busca cómo identificar a un autor desconocido a partir de los rastros de conducta que deja en un escenario o en su interacción con la víctima.

¿Es posible identificar rasgos de conducta en un escenario delictivo?

Sí, a partir de indicios más objetivos se puede intentar llegar a otros más psicológicos. Generalmente, en las investigaciones lo que se pretende es buscar pruebas materiales, evidencias forenses como ADN o un casquillo de bala. Cuando no existen es cuando puede ser útil recurrir al asesoramiento conductual para orientar investigaciones.

¿Pero cómo?

Por ejemplo, las heridas que presenta una víctima. Recuerdo el caso de un cuerpo hallado en el aparcamiento del hospital de Tudela, víctima de una brutal paliza, con múltiples lesiones en una mima zona corporal y similares (se refiere el investigador al crimen de un hombre de 39 años ocurrido en 2012 y que la Policía Foral esclareció, arrestando a varias personas a las que relacionaba con la agresión, al parecer motivada por el paradero de unos objetos robados: los detenidos estaban convencidos que la víctima sabía dónde se encontraban). ¿Qué nos están indicando esas heridas y cómo han sido inflingidas? Si ha sido impulsivo, si ha sido planificado o si la narrativa es expresiva o instrumental. Es expresiva cuando está guiada por emociones o impulsos, mucho menos organizada. Es instrumental, como en este caso, cuando tiene una finalidad, por ejemplo la obtención de información.

Policialmente os encontráis con el hándicap de que ese análisis se complica cuando un sospechoso, una víctima o un testigo no os dicen la verdad.

Los silencios, las contradicciones o directamente las mentiras son habituales y es algo que el investigador evalúa a la hora de trazar un perfil a partir de un interrogatorio. Poder detectar indicios de falsedad en un testimonio sería un primer paso muy importante. No siempre es ocultar una verdad con intención, hay fallos en el recuerdo, experiencias traumáticas... También trabajamos en contextos muy complicados, con casos paradigmáticos como el de una investigación por que el que se llegó a detener a un padre que creíamos que había podido matar hace años a su hijo. El entorno familiar o de los alrededores, cuando buscábamos testigos, mantuvo el silencio. Tampoco logramos una confesión. Sí se logró en otra investigación que se prolongó meses, por la muerte de una mujer en Tierra Estella...

¿Cómo fue?

Este señor (se refiere al sospechoso, que fue finalmente condenado a una pena de 16 años por asesinato) era muy planificador y sabía manejarse, tenía antecedentes delictivos... No teníamos cuerpo, no había otras pruebas. tampoco lográbamos una declaración autoinculpatoria... No había nada más que una persona desaparecida y un sospechoso que después confesaría que escondió el cuerpo en diferentes ubicaciones, que tiró las armas al río, que se vistió con un buzo para cometer el asesinato, que desconectó el teléfono móvil cuando el rastreo de la señal era todavía muy incipiente (ocurrió en 2008), utilizó vías de desplazamiento sin cámaras y evitó entonces la salida de Merkatondoa a conciencia, donde había una cámara...

¿Cómo actuaba en el interrogatorio?

Era una persona muy complicada, muy antisocial, no sabíamos cuándo estaba diciendo verdad o mentira. Nos llevaba a un escenario, a otro... Jugaba con nosotros. Pero, en este caso al final lo conductual llevó a lograr dar con el paradero del cuerpo, lo confesó a un agente (el sospechoso trabó amistad durante meses con un policía foral que lo atendía en calabozos y con el que acabó derrumbándose) que no era perfilador, pero que acabó encajando bien con él. A eso se sumó toda la presión social, económica y mediática, su entorno, y acabó confesando.

La perfilación criminal se usa en Navarra entonces, y desde hace años. 

Yo soy investigador, antes que perfilador, y nunca se puede sustituir o suplir una evidencia física hallada en un escenario. hay corrientes que abogan por extender todo ese estudio de perfiles a todo el entorno, estandarizar una formación para todos los policías judiciales y usarlo incluso para conectar casos de una misma área geográfica, como hemos tenido

¿Cuál fue?

Hace años hubo un caso de un agresor sexual que actuaba en la Comarca de Pamplona. Había dos denuncias iniciales, una nuestra y otra en la Guardia Civil que acabamos vinculando mediante el ADN. Había conexiones en su forma de actuar, en la interacción con las víctimas y en su patrón de desplazamientos y huida del escenario. Cuando entré en esta investigación trazamos un pequeño estudio geográfico llamado teoría del círculo.

¿En qué consiste?

Se intenta trazar un perfil espacial a partir del estudio de sus posiciones para intentar determinar o la base de operaciones del autor o un punto de anclaje o domicilio. es decir, un lugar que tenga especial significación para ese autor, el domicilio de un familiar o pareja, un vestuario de un lugar de trabajo... Una especie de sitio relevante para él, al que regrese. Una vez establecido y con una estrategia ya más dirigida se practicó una prueba que fue acotando lugares y hubo éxito, porque de ese trabajo de localización saltó un ADN coincidente. No era del autor, sino de un familiar cercano, y nos llevó hasta él.

¿El análisis conductual se puede aplicar a cualquiera? ¿Le resulta inevitable realizarlo sin querer a cualquier interlocutor?

Claro, todos tenemos unos rasgos y hablan mucho de nosotros. Yo mismo me autoanalizo y por supuesto que me pasa con otros y pienso a veces que lo que me está contando determinada persona no es del todo cierto, que tiene un interés en algo o que me está llevando a un determinado terreno. En 25 años de carrera he visto lo mejor y lo peor de la condición humana, sobre todo lo peor. Y me ha tocado trabajar con ello, estudiarlo, investigarlo, desde la parte más física o material a la más psicológica o conductual.

Una labor muy importante, pero muy dura...

Han sido años muy intensos, con costes familiares y de salud muy altos. Los descuidas todo. Mi vocación por la investigación criminal comienza en los 90, en la Oficina de Denuncias, lo que fue el germen de la actual unidad de Investigación Criminal y yo me voy especializando en Delitos contra las Personas. Uno de los primeros casos muy potentes que viví fue el del crimen de Nagore Laffage, que me tocó como instructor, un tema muy mediático y con cierta complejidad a nivel de prueba , y a partir de ahí fueron años muy muy intensos. ¿Qué hitos recuerdas?

El crimen de Cordovilla, con el asesinato de Yamiled, una mujer que había testificado en una operación de trata y resultó muerta por los disparos por un sicario encargado desde la cárcel... Sería interesante realizar un estudio conductual de todos los actores que intervinieron. Fue muy potente, explotó de forma simultánea en varias comunidades de España. Me tocó viajar con un agente de Guardia Civil a Tenerife para la detención del sicario, el autor material, y se actuó a la vez en Zaragoza, Madrid o la cárcel de Pamplona, en toda una trama que se organiza desde allí y luego se ramifica. Ese era el ambiente en el que trabájamos. Jornadas interminables, sin descanso ni alimentación ni prestar atención a la familia. Y, como yo, todos. Era mucho desgaste y al final tuve un parón. Hubo dos casos que me marcaron especialmente esa necesidad de punto y aparte.

¿Cuáles fueron?

Uno es el tema de Indart, investigación conductualmente muy muy bonita, porque no había evidencia física material, con lo cual, todo se vuelve muy muy complicado. Hubo que construir hipótesis de trabajo, y esto se sustenta mucho en declaraciones, en interpretar ciertos indicios conductuales del entorno... Ha sido la investigación seguramente más complicada a nivel técnico que hemos tenido y me tocó estar como responsable. Llegamos a un punto determinante que fue la detención del padre, aunque sin evidencia material, por lo que no hubo posibilidad de juicio ni condena.

¿Y el otro?

El último hito importante que viví en primera línea fue el de la Manada. En este caso, el juez nos encargó hacer un informe pericial que realicé junto a otro subinspector de los vídeos famosos con el momento de la agresión sexual. Estudio conductual no fue, pero sí una descripción de esos vídeos. Fíjate los matices que implica ese análisis. La interpretación de esas imágenes implicaba años de cárcel. Nos supuso un desgaste al compañero y a mí...El ruido externo, los abogados, el debate social y mediático... Necesitaba un punto y aparte tras esta etapa y es cuando me voy a al área estratégica, aunque no acabo de encajar ahí y quiero volver a Investigación Criminal. Pero, segundas vueltas no suelen ser buenas, y es por eso que acabo en Delitos Informáticos, la materia criminal que seguramente más evolución va a tener en los próximos años. Además, en toda investigación actual que se desarrolla hoy en día aparece la presencia de un elemento informático, un teléfono, un ordenador, una red social, un chat, etc. Es un mundo también muy interesante.

Koldo Fernández Martínez nació en Pamplona el 13 de octubre de 1966. Está casado y tiene dos hijas de 24 y 26 años. Lleva 33 años en la Policía Foral y, aunque confiesa que su primer intento como opositor fue para lograr una plaza de bombero (“me marcó, de adolescente, el rescate a una niña pequeña, una vecinica nuestra, en un incendio en la Rochapea”) ingresó en el cuerpo autonómico donde ha desarrollado una intensa carrera. Ha ejercido en áreas como las de Tráfico, Investigación Criminal, área Estratégica y de Calidad y actualmente es el responsable del Grupo de Delitos Informáticos. El año que viene tiene previsto jubilarse.

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