Educación
Los rectores, frente al futuro: de los resultados de PISA a los retos de la IA
Diario de Navarra reúne al rector de la UPNA, Ramón Gonzalo; y la rectora de la Universidad de Navarra, María Iraburu para abordar cuestiones de actualidad, como los resultados del Informe PISA, la presencia de la IA en las aulas, la bajada de la natalidad o la colaboración entre ambos campus


Publicado el 20/09/2026 a las 05:00
Conversar con los rectores de las dos universidades navarras te sube a un escenario en el que actúan muchos personajes: los estudiantes, sus familias, los profesores universitarios y de Secundaria, los investigadores o los empresarios. Porque por las aulas de los campus de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y de la Universidad de Navarra transitan a diario más de 24.000 estudiantes.
Más de 24.000 historias que buscan abrirse camino en su vida profesional y personal. Diario de Navarra ha reunido esta semana a la rectora de la Universidad de Navarra, la bióloga María Iraburu Elizalde (Pamplona, 1964); y al rector de la UPNA, Ramón Gonzalo García (Logroño, 1972), en una entrevista en la que repasaron cuestiones de actualidad educativa: como los recientes resultados del último Informe PISA 2025 (nefastos para Navarra en todas las áreas, Matemáticas, Ciencias y Lectura), los retos que supone ya la Inteligencia Artificial, la colaboración investigadora entre ambos centros, la oferta y demanda de grados, la presión que supone a los bachilleres entrar en la titulación elegida con su consiguiente nota de corte, los programas que les gustaría replicar del otro campus o los consejos que darían a los más de 2.500 nuevos universitarios que acaban de aterrizar hace apenas dos semanas en sus aulas. “Que no pasen solo por la universidad, que sean verdaderos universitarios”, coinciden. La bióloga y el ingeniero afrontan un nuevo curso marcado por el descenso de la natalidad en las aulas de Infantil o la llegada de inmigrantes de segunda generación a las facultades. “Los estudios superiores y la investigación siempre serán necesarios”.
La semana pasada salieron los resultados del último Informe PISA 2025, con datos nefastos para Navarra en todas las áreas analizadas (Matemáticas, Ciencias y Lectura). Los alumnos que se examinaron entonces con 15 años son lo que llegarán a la universidad el próximo curso. ¿Cómo aterrizan los escolares actuales en los campus?
María Iraburu (UN): Me gustaría destacar los aspectos positivos de nuestros estudiantes. El riesgo está en etiquetarlos y denostarlos como la generación que sacó malos resultados en PISA. Es cierto que detectamos que hay acciones que les resultan más costosas, como mantener la atención o las lecturas prolongadas. Sin embargo, son nativos digitales totales y presentan una soltura y versatilidad que nosotros a su edad no teníamos.
Ramón Gonzalo (UPNA): Más que ver en qué estamos fallando, habría que observar en qué estamos cambiando. ¿El Informe PISA responde al tipo de estudiante que tenemos ahora? Ha cambiado mucho respecto de hace unos años. ¿Pero qué tipo de evaluación estamos haciendo? ¿La de hace quince años? Ahora se necesitan evaluar otras competencias y habilidades. ¿Los resultados son un fracaso? Yo los definiría como un cambio, al que debemos adaptarnos. ¿Cómo tiene que ser el entorno docente para que alcancen los resultados de aprendizaje previstos? Quizá deberíamos fomentar la lectura motivándoles a través de lo digital. Es un reto educativo para todos.


Uno de las cuestiones que subyace en el informe es la de la inmigración. ¿Cómo afrontan este reto en las universidades?
RG: El nivel académico de las personas que vienen de fuera suele ser más bajo que la media nacional. Pero tenemos ya las segundas y terceras generaciones, cuyos niveles académicos son muy parecidos a los de los alumnos nativos. De hecho, tenemos un ejemplo muy claro: la nota de acceso a la UPNA más alta de este año es la de una alumna vecina de Corella y de origen magrebí. Gente buena hay en todos los sitios. MI: Coincido con Ramón. Igual la primera generación no tiene tan fácil acceso a la universidad pero después, sí. A veces, la barrera es lingüística. Por eso, debemos afrontar un reto.
Del presente y futuro, vayamos al pasado. Echemos la vista atrás y veamos cómo ha evolucionado el perfil de los universitarios en el último siglo. La generación de nuestros abuelos apenas iba a la universidad; la de nuestros padres, muy poco; nosotros, casi todos; ¿y ahora? ¿La universidad sigue siendo una garantía de éxito laboral? ¿O cada vez hay más alumnos que optan por la Formación Profesional? MI: La transformación ha sido impresionante. Pero en la época de nuestros abuelos había diez carreras, por ejemplo; y ahora, cientos. La evolución de la universidad tiene que ver con el cambio social. La capacidad de acceso al conocimiento se amplía. El planteamiento debe ser que cada uno esté donde quiera estar, que no existan barreras sociales ni económicas que impidan acceder a los estudios universitarios a quien desee hacerlo. Prestigiar la FP es un avance buenísimo porque no todo el mundo tiene que ir a la universidad. Dicho esto, siempre hacen falta en la sociedad estudios superiores e investigación.
RG: Como dice María, ha existido una gran evolución en la educación superior y en la FP estamos yendo hacia un modelo como el alemán. Pero también es cierto que ahora hay más universitarios que nunca. Estamos cerca de los dos millones, la cifra más alta que ha habido nunca. Además, no se trata de dos tipos de estudios opuestos sino complementarios. Muchos alumnos (alrededor de 200 cada año ) se matriculan en la UPNA después de haber cursado una FP.
MI. Efectivamente. Hay algunos que descubren la teoría después de haber ejercitado la práctica y su experiencia es súper bonita. De hecho, estos alumnos presentan unas capacidades de las que carecen los que vienen directamente del Bachillerato. Llegan mucho más maduros.
Este curso que acaba de empezar más de 4.00 estudiantes están cursando 2º de Bachillerato en colegios e institutos navarros y solo escuchan hablar de la PAU y de las 'notas de corte'. ¿Cada vez existe una mayor presión por entrar al grado elegido?
RG: ¡Claro! Antes no había tantas carreras y no existía esta 'guerra' por entrar a la universidad. Con cuatro hijos, he pasado por la PAU cuatro veces. Las notas de corte son más altas, sobre todo, para algunos grados relacionados con el mundo de la salud. Los alumnos sufren mucha presión durante todo el Bachiller. Si no consigues la nota, no accedes. Y si no llegas, tienes que hacer otra cosa y, a veces, se frustran. Entonces, surge un problema. Además, ahora se ofrecen menos plazas, se reduce el número de estudiantes por curso y se están abriendo nuevas facultades. Por ejemplo, en Medicina, además de la nuestra que se abrió hace siete años, este curso hay nuevas en Burgos, La Rioja o León. España es el país con más facultades de Medicina del mundo.
MI. Así es. Oferta y demanda. A pesar de la exigencia, se ve que cada vez hay más chicas y chicos que solicitan estas carreras sanitarias largas, vocacionales, difíciles... pero que siguen siendo atractivas.
La apertura de la Facultad de Medicina de la UPNA en 2019, ¿ha restado estudiantes en la Universidad de Navarra?
MI: No nos ha afectado. De hecho, siguen aumentando. Solicitan la admisión cerca de 200, son admitidos unos cien y finalmente, se matriculan ochenta. Es más o menos la proporción y ha ido creciendo ligeramente en los últimos años. Para plazas prácticas, somos más y eso se nota pero hemos desarrollado también las prácticas con enfermos simulados. Siempre pienso que en ciudades universitarias europeas hay muchos campus que ofrecen las mismas carreras en distintas universidades y eso te ayuda a ser mejor. Es decir, no nos lo planteamos en términos de competitividad sino de emulación. Se trata de algo muy positivo. De hecho, lo hemos hablado muchas veces: tenemos un sistema universitarios en Navarra muy complementario y colaborativo.


COLABORACIÓN ENTRE LOS DOS CAMPUS
¿Cómo colaboran entre sí las dos universidades?
MI: Por ejemplo, en las últimas tres décadas hemos firmado más de mil artículos de investigación con autores conjuntos de la UPNA y la UN. Al principio, teníamos cifras de un dígito y en los últimos años, suman más de cien. Las universidades, por naturaleza, somos colaborativas porque la investigación lo es. Muchas veces, el problema se genera más fuera que dentro.
RG: Exactamente. También es cierto que cuando tenemos que colaborar, colaboramos y cuando tenemos que competir, competimos. Estamos acostumbrados. Entre nuestros investigadores, existen una relaciones buenísimas. Por ejemplo, entre Medicina de la UN e Ingeniería de la UPNA.


La investigación es, junto con la docencia, la base de la universidad. ¿Cuál es el estado de salud de la investigación en Navarra?
MI: Existen 'rankings' que nos sitúan en cabeza en todos los sectores. Entre las dos universidades, nuestro sistema investigador es aún más potente que el catalán. Y eso que nuestra inversión pública no es comparable pero nos cunde mucho. La investigación se riega con financiación y con buenos equipos. Ese es el secreto. Igual podemos aprovechar esta espacio para pedir desde aquí al Gobierno de Navarra más financiación, que siempre viene bien (sonríe).
RG: Nosotros somos una universidad pequeña, la cuarta o quinta más pequeña a nivel nacional. Pero estamos entre los primeros puestos de las públicas en investigación. ¡Algo debemos de estar haciendo bien! La investigación en Navarra es muy buena, lo que se nota en el tejido industrial, económico y social. Invertir en investigación es tener visión de futuro. Lo hemos visto con el covid. Estar preparado científicamente para una crisis te permite producir una vacuna o una solución tecnológica.
Respecto del futuro, ¿cómo prevén que será la universidad navarra dentro de cinco o diez años?
RG: Yo creo que en cinco años tampoco puede cambiar mucho. Las universidades son milenarias pero evolucionan y se adaptan a los tiempos. Pienso que el mayor cambio va a venir por la Inteligencia Artificial. Va a influir en el desarrollo de la universidad, como en todos los sectores. Debemos adaptar nuestra formación a lo que llega y a lo que hay. Y eso costará.
MI: Coincido con lo de la IA. Nosotros también lo hemos planteado como uno de los retos. Requiere que el profesorado la conozca porque no somos nativos digitales. Además, hay que mirar toda nuestra docencia con ojos de IA. No puedes jugar a que no existe. Es como un Ferrari: o te subes a él o te atropella. Ahora bien, si te subes, tienes que conducirlo. No puedes dejar que te lleve donde quiera. Y esa es la parte más interesante que requiere una reflexión por parte de todos. Antes apenas se hablaba de la reflexión y pensamiento crítico pero ahora los vamos a necesitar. Para que la IA potencie de verdad el conocimiento.
RG: Yo espero que con la IA salgamos fortalecidas las universidades presenciales. Cuando estás con el alumno cara a cara, eres capaz de certificar las competencias que ha adquirido. Pero cuando alguien estudia 'online', no sabes lo que aprende. Espero que pase igual que con el covid: que se ponga de manifiesto que la presencialidad es un valor añadido.
MI: Además, existe una dimensión humana en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. Todos recordamos a profesores referentes. Y no tanto por lo que nos enseñaron sino por cómo eran, por la pasión que ponían en sus clases... Se han convertido en referentes en nuestra vida.

DN

La caída de la natalidad en Navarra ya es una amenaza en las aulas de colegios e institutos. Aún no ha llegado a la universidad pero lo hará en unos años. ¿Cómo afrontan este reto a medio plazo?
MI: Dicen que en 2027 es cuando se empezará a notar esta realidad de forma más marcada y luego irá descendiendo en una media del 3% anual. El panorama nos pilla preparados. Porque llevamos unos años con una internacionalización muy fuerte y ya estamos entre el 30% y el 35% de alumnos de otros países. El mundo y la universidad, por naturaleza, son globales. Además, estamos haciendo un esfuerzo muy fuerte por crecer en becas y ayudas y bajar las barreras económicas para que la universidad sea más asequible. Pero somos muy conscientes de que el invierno demográfico está ahí, cada vez más cerca.
RG: Nosotros hemos crecido en los últimos años en grados y másteres de la mano de la demanda. Somos una universidad pequeña que no ofrece todos los grados pero, si todo va bien, el descenso de la natalidad no debería afectarnos mucho. ¿Por qué digo eso? Ahora tenemos unos 4.200 alumnos que hacen la PAU y ofrecemos 2.300 plazas en primero. De ese número, el 15% van para alumnos de fuera de Navarra y el resto, para navarros. Con lo que podríamos tener unos 1.800 estudiantes forales de primero. Y a la Universidad de Navarra llegan unos 600 navarros en primer curso. Con lo que la suma, sería de unos 2.400. Así que hasta 4.200... Además, tampoco todos los que hacen la PAU van a la universidad. Nosotros todos los años llenamos el 100% de los grados. Y si dentro de un tiempo llenamos el 98%, tampoco será algo muy crítico. Vamos, que es un problema a largo plazo. Además, como he señalado antes, contamos con la inmigración de segunda generación.
¿Dentro de esta colaboración, ¿qué programa o acción de la otra universidad les gustaría replicar en la suya?
RG: Yo lo tengo claro. Sin ninguna duda, el ‘Programa Alumni’ de la UN. Es decir que los egresados de la universidad continúen vinculados con el centro de una u otra manera con el paso del tiempo. Que cuando terminen la universidad no se vayan por completo y se olviden completamente de ti. Al final, existen muchos vínculos. El ‘Programa Alumni’ me da una envidia enorme. Lo hacen muy bien.
MI: A mí me gusta una iniciativa que nos contaron en nuestras jornadas de intercambio de experiencias y proyectos que tenemos todos los años. Existe un proyecto de la UPNA que me da mucha envidia y es la tarea que se ha hecho de recuperar las variedades casi desaparecidas de vid navarras. Perdonad, es algo muy biológico y específico (se ríe). Aquí sale más la bióloga que la rectora. Me parece una iniciativa muy al servicio de Navarra, espectacular, para potenciar la biodiversidad. Como riojano, le digo al rector algo relacionado con el vino.
Más de 2.500 universitarios comenzaron a principio de septiembre sus grados. ¿Qué les dirían a estos estudiantes de 18 años que ahora llegan a la universidad?
MI: El primer día de curso tuvimos un acto de bienvenida y entonces compartí con ellos dos ideas, que voy a recordar: que se dejen sorprender por la universidad porque lo más bonito es que ocurren situaciones sorprendentes y que se abran a otras personas. Antes nos referíamos a la universidad presencial y tiene mucha importancia. Hablar con compañeros, con profesores... Cada personas te trae su visión e la vida, sus inquietudes, sus lecturas... Y también les recomiendo que busquen su propio camino. Las universidades siempre ofrecemos un plan estándar de docencia. Pero el resto depende un poco de ellos. Pueden hacer deporte, apuntarse a voluntariado, a actividades de arte y cultura... Igual, al principio, están muy agobiados y solo estudian. Pero la universidad es algo más que las clases y supone una oportunidad increíble para desarrollar facetas que a lo mejor nunca se habían planteado.
RG: Nosotros no organizamos una jornada de bienvenida de este tipo pero yo he grabado un vídeo que creo que les ponen a los alumnos de primero (se ríe). Y en el fondo, es lo mismo. Lo que suelo decirles es que no estén en la universidad sino que sean universitarios. Que no pasen por allí y se marchen. Que no vayan a clase y hagan sus exámenes. Deben investigar un poco y dejarse sorprender por las cosas que pasan. También les suelo decir que es el mejor momento de su vida. Se lo recuerdo también a mis hijos, aunque ellos responden que es mejor trabajar. Cuando terminas la universidad y empiezas a trabajar, la vida cambia completamente y estás mucho más encorsetado. En la universidad, la libertad es mucho mayor. Hay que aprovechar el tiempo y consigues amigos para toda la vida porque tienes muchas afinidades con ellos. Se lo repetimos muchas veces pero lo cierto es que a los 18 años les cuesta verlo y se dan cuenta después.
CINE, DEBATE Y AMIGOS PARA TODA LA VIDA
La rectora de la Universidad de Navarra, María Iraburu Elizalde, estaba a punto de cumplir 18 años cuando dio sus primeros pasos como estudiante de Biología. Caminaba por la Avenida Pío XII, todavía sin urbanizar, rumbo a la Facultad de Ciencias, con la ilusión de quien se adentra en un nuevo mundo. “Descubrí la universidad como el lugar donde todo era posible”. Y recuerda un seminario “que habían organizado los de Filosofía y Letras”, en el bar la ‘Servi’ (en Navarro Villoslada) y un ciclo de cine del director japonés Akiro Kurosawa. “Me apuntaba a todo”, recuerda. Su pasión por la ciencia y sus amistades “para toda la vida” fueron los principales cimientos de aquellos años sobre los que se levantó el resto de su vida.
Bastante diferentes fueron los inicios universitarios de Ramón Gonzalo, un chico de Logroño que llegó a Pamplona con un amigo para matricularse en la primera promoción de Ingeniería de Telecomunicaciones en la UPNA. “Fue una época curiosa. La universidad acababa de nacer y teníamos que ir andando por caminos de barro hasta el Sario. El aulario aún no se había terminado de construir”.
Sus principales recuerdos se remontan a su relación con el profesorado: todos nuevos, muy jóvenes y procedentes de otras universidades de Madrid, Zaragoza, Cataluña... “No sabíamos cómo iban a ser los exámenes ni teníamos ninguna referencia porque éramos los primeros. Por eso, existía mucho compañerismo”. El cambio de ciudad, confiesa, le resultó “complicado”. “La UPNA apenas se conocía, no encontré plaza en ningún colegio mayor y pasé el primer curso en una pensión de la Avenida Zaragoza, con un compañero de clase, y el resto, personas octogenarias”.