Crisis en Ceuta
Arancha González Laya: "No estamos haciendo la guerra, pero nos la están haciendo claramente"
La jurista donostiarra, ministra de Asuntos Exteriores entre 2020 y 2021, fue cesada de su cargo en el Gobierno menos de dos meses después de la última crisis migratoria hasta este verano con Marruecos, que llevó a unas 10.000 personas a cruzar en apenas dos días la frontera con Ceuta


Publicado el 16/09/2026 a las 05:00
La entrada masiva de en torno a 80.000 migrantes en Ceuta los pasados 30 y 31 de julio trasladó muchas mentes a los días 17 y 18 de mayo de 2021, cuando Marruecos permitió a unas 10.000 personas cruzar la frontera con la ciudad autónoma. El reino alauí provocó la última crisis migratoria entre ambos países hasta este verano en represalia por la atención médica que España prestaba en aquellas fechas al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, que padecía covid. Rabat conoció este tratamiento, según publicó este domingo el diario 'ABC', a través de un espionaje al teléfono móvil de la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya (San Sebastián, 1969). “No haber tratado a un ciudadano español que tenía una necesidad de acompañamiento sanitario hubiera supuesto violar la Constitución”, defiende la actual decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París, que este lunes presentó en Pamplona su libro 'Solos en el mundo', en un acto organizado por la Fundación Diario de Navarra, con la colaboración de Equipo Europa, el Consejo Navarro Movimiento Europeo y Co.CiudadaNa.
Usted detectó el hackeo de su teléfono móvil en abril de 2021. Según 'ABC', entregó el terminal al entonces secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños, que le dio un acuse de recibo y le informó de que el Centro Criptológico Nacional se haría cargo de la inspección. ¿Llegó a conocer el resultado del análisis?
Yo no hago comentarios sobre mi etapa como ministra, y menos aún en asuntos que puedan comprometer la acción del Gobierno. No tengo nada que decir sobre los informes periodísticos.
Bolaños niega que usted le entregase el móvil. ¿Se lo dio?
Este es un tema en el que no voy a entrar. Discutir esto violaría el código deontológico que acepté respetar cuando tomé posesión como ministra de Asuntos Exteriores. No lo he hecho hasta ahora y no lo voy a hacer.
¿Usted avisó a Rabat de que Brahim Ghali estaba recibiendo tratamiento aquí?
Brahim Ghali es un ciudadano español. No haber tratado a un ciudadano español que tenía una necesidad de acompañamiento sanitario hubiera supuesto violar la Constitución española, que nos obliga a proteger y amparar a todos los ciudadanos españoles. Se utilizó esa excusa, pero, en fin, cada uno tiene sus responsabilidades. Usted fue cesada como ministra en julio de 2021.
Según 'El Confidencial', fue una semana después de que Marruecos se lo pidiese a Pedro Sánchez. ¿Él se lo comunicó así?
No. Un ministro de Asuntos Exteriores sirve a un presidente del Gobierno que lo nombra y que lo destituye cuando él decide. Ni más ni menos. Yo, en todo caso, estoy encantada de haber servido a los intereses de mi país.
Me imagino que, al igual que cuando se nombra a una persona se suelen exponer los motivos, cuando se la destituye también cabe conocer las razones de esta decisión.
Cuando a uno le llaman para ser ministro del Gobierno tampoco le dan muchas explicaciones sobre cuál es la razón. Yo lo consideré un honor. Y cuando se terminó, consideré que se había terminado y ya. Yo no le prestaría demasiado crédito a quien hace creer que esto es porque alguien lo pidió o no lo pidió. Creo que el presidente sabe perfectamente lo que le hace falta en su Gobierno en cada momento. Yo, en todo caso, así lo asumí. De la misma manera que no pregunté cuáles eran las razones para llamarme, no pregunté cuáles eran las razones para destituirme. Entiendo que esto es una cuestión de confianza y que cuando el presidente del Gobierno entiende que hay una necesidad de cambiar el equipo, él lo cambia. Es su prerrogativa.
¿Usted siente que su sucesor, José Manuel Albares, haya realizado algún cambio de especial calado que explicase su salida del Gobierno?
No vamos a entrar en ese juego. Que la historia juzgue lo que él ha hecho y que la historia juzgue lo que yo hice. Nada más.
Ha pasado un mes y medio desde la entrada de 80.000 personas en Ceuta, y se estima que todavía quedan unas 8.000 allí. ¿Cómo valora la gestión de esta crisis?
A mí me entristece enormemente que una crisis de esta magnitud haya tenido lugar, porque es utilizar a las personas como arma de guerra y eso es lo último que uno quiere ver. Es el último eslabón en el endurecimiento geopolítico que vemos en Europa, tanto en el este como en el oeste como en el sur, que es esta nueva forma de guerra: la guerra híbrida.
¿Estamos en guerra?
Nosotros no estamos haciendo la guerra, pero nos la están haciendo claramente. Y nos la hacen cada vez que atacan a nuestras infraestructuras, cada vez que un barco pasa con el ancla y rompe un cable submarino en el mar Báltico, cada vez que envían drones para destruir un avión de carga ucraniano, cada vez que incendian una fábrica de drones en Polonia, cada vez que envían personas para violentar las fronteras externas de la Unión Europea. Estamos en guerra. No es que nosotros hayamos atacado a nadie, pero Europa es hoy el terreno de lucha de una serie de potencias. En particular, Rusia, que quiere imponer su ley en el continente. Y su ley es violar las fronteras y la integridad territorial. Eso es una línea muy roja que no deberíamos pasar.
¿Y cuál debería ser la respuesta a esa línea roja?
Mejorar la disuasión europea. No convertirnos en una máquina de guerra, no convertirnos en ellos, pero sí tener la capacidad de disuadirles de atacarnos. Es decir, mostrarles que el coste de atacarnos será más elevado que el beneficio que puedan sacar haciéndonos la guerra. Y eso pasa por tener una postura de firmeza.
El Gobierno no estableció un mando único para gestionar la crisis hasta el 26 de agosto. ¿Fue demasiado tarde?
Bueno, yo creo que es demasiado tarde desde el momento en el que entran 80.000 personas en Ceuta. Todo lo demás es consecuencia de eso. Para mí, lo más importante ahora es aprender la lección: que necesitamos capacidad de disuasión española, pero sobre todo europea.
Pero no es la primera vez que esto ocurre.
Efectivamente, o sea que ya vamos avisados. Es verdad que no es la primera vez que ocurre, pero el contexto en Europa es distinto: el de hoy no es el de 2021. Hoy tenemos una guerra en el continente europeo, en Ucrania; hoy tenemos una administración en Estados Unidos que busca debilitar a la Unión Europea; hoy tenemos una militarización de la interdependencia. Que no se nos olvide: se está militarizando la migración —es decir, las personas— y se están militarizando los estrechos. Y que no se nos olvide que el estrecho de Gibraltar es el único de acceso al mar Mediterráneo que está hoy en manos europeas, porque está en manos españolas.
Hasta el momento, Navarra ha sido la única comunidad que ha acogido migrantes: cinco niñas menores de edad. ¿Debería existir alguna forma de establecer un reparto obligatorio entre las comunidades autónomas?
Bueno, yo creo que todos aquellos que hoy quieran ayudar a Ceuta deberían ayudar a Ceuta, y eso significa también ayudar mientras se resuelven los expedientes de las personas que no tienen derecho a permanecer en la península o no tienen derecho a permanecer en la Unión Europea. Ayudar a Ceuta pasa por, temporalmente, albergar a aquellas personas que son más vulnerables, que son las mujeres y las niñas. Lo que no podemos hacer es hablar de solidaridad y no practicarla.
El PP propone expulsar a todos los migrantes. ¿Esta es una alternativa viable?
Tenemos que ser respetuosos con el derecho internacional. No podemos ser como nuestros enemigos, en algo nos tenemos que diferenciar, y ese elemento de diferenciación es que nosotros respetamos la ley. Eso supone que, para poder expulsar a alguien que no tiene derecho a permanecer en el territorio, hay que seguir un procedimiento. Algunos tendrán derecho y otros no, pero hay que seguir las normas, los procedimientos, el derecho internacional. Si no, dejamos de ser Europa. No podemos simplemente mandar, traer y llevar a los ciudadanos sin respetar sus derechos. Eso es lo que nos diferencia de nuestros agresores.
Los documentos desclasificados hace unos días exponen que el CNI conocía la movilización en redes sociales, en grupos que aglutinaban a unas 180.000 personas, para cruzar la frontera a finales de julio, y que avisó a la Delegación del Gobierno en Ceuta, a la Guardia Civil y a Marruecos. ¿Esto debería haber permitido anticipar lo que finalmente ocurrió?
No lo sé. Me es difícil entrar porque uno tiene que estar un poco sobre el terreno para entender cuáles son las dinámicas, qué es lo que sabían y no sabían unos y otros. Pero yo diría que lo más importante ahora es aprender la lección. La lección tiene que ser capacidad de anticipación. Y la segunda lección tiene que ser capacidad de atribución, de entender quién está detrás. En una amenaza híbrida se busca tirar la piedra y esconder la mano, que no haya una atribución.
¿Quién cree que ha tirado la piedra?
Yo no entro en ese juego porque no tengo la información necesaria. Pero me gustaría que nos dotásemos de una capacidad como la que existe en Francia, donde se ha constituido una agencia, llamada Viginum, para identificar y atribuir injerencias extranjeras. Cuando atribuyes esa amenaza híbrida, la esclareces; deja de ser una amenaza híbrida para ser una amenaza con nombre y apellidos.
¿Entiende que la parte socialista del Gobierno continúe exculpando a Marruecos?
No entro en este tema porque no creo que tenga la legitimidad, porque carezco de la información. Lo que sí digo con respecto a Marruecos es que necesitamos tener las mejores relaciones con nuestro vecino. Con todos los vecinos deberíamos aspirar a tener las mejores relaciones, pero hay dos cuestiones a las que tenemos que prestar mucha atención. La primera es la enorme vulnerabilidad de Marruecos, que es lo que hemos visto en realidad. Cuando 80.000 personas pasan una frontera con lo puesto en cuanto esta se abre, eso significa que no quieren quedarse donde están. Eso nos tiene que preocupar, porque a la postre van a seguir siendo nuestros vecinos y su vulnerabilidad es la nuestra. Y la segunda cuestión, que a mí me parece que también es importante tenerla muy presente, es que nuestro vecino tiene una reclamación de soberanía sobre una parte del territorio español: Ceuta y Melilla. Ante eso, debemos tener las mejores relaciones posibles, pero desde la firmeza y desde un profundo realismo.
Cuando hizo frente a la crisis en Ceuta en 2021, su estrategia inicial pasó por no confrontar verbalmente con Marruecos y por trasladar que este no solo era un problema de España, sino también de la Unión Europea. ¿Son conscientes en Bruselas de que esta frontera es la suya?
En 2021 la Unión Europea se volcó con España. Estaba muy presente lo que había ocurrido en Turquía y Grecia, y creo que la Unión Europea conocía la importancia de responder de manera colectiva a lo que se entendía que era una acción sobre una frontera externa de la Unión Europea. Y hoy sigo pensando que es exactamente lo mismo.
La respuesta en este caso no ha sido muy colectiva: nada más iniciarse la crisis, 22 países firmaron una carta contra la política migratoria del Gobierno de España. ¿Qué ha cambiado en la Unión Europea?
Esta carta fue muy motivada por un país que tiene dificultades internas. Hay una coalición donde el partido más duro con la migración va perdiendo votos y hay otro candidato todavía más a la derecha y más agresivo con el tema migratorio.
Habla de Italia.
Sí, hablo de Italia. Pero se subieron a ese barco una serie de países que han optado por utilizar la migración como tema de política doméstica, para confrontar a la extrema derecha en cada uno de sus países, sin darse cuenta de que esto no es un tema migratorio, sino una amenaza híbrida. De hecho, la primera vez que se reunieron después de firmar la carta, todos salieron de la reunión diciendo que estaban de acuerdo [con que era una amenaza], excepto Italia.
¿Tiene alguna similitud la crisis actual con la de 2021?
Bueno, digamos que hay similitudes en el 'modus operandi', pero hay diferencias de contexto. Hoy la Unión Europea se enfrenta a un problema geopolítico mucho mayor que en 2021. Entre tanto, ha tenido lugar la invasión de Ucrania, la llegada de Donald Trump, el conflicto en Oriente Próximo, que ha dejado miles de muertos... Se ha endurecido la situación para la Unión Europea. Esta crisis de Ceuta es una llamada de atención más fuerte sobre Europa que la de 2021.