Tribuna
El gran relevo generacional: cuando se jubila una generación, no basta con contratar otra
Corremos el riesgo de abordar el relevo generacional de la manera más sencilla y, probablemente, menos eficaz


Publicado el 15/09/2026 a las 05:00
Hay una conversación que empieza a ocupar cada vez más espacio en las agendas empresariales: el relevo generacional. Y, sin embargo, corremos el riesgo de abordarla de la manera más sencilla y, probablemente, menos eficaz: cuando una generación se jubila, contratamos a otra.
Como si el talento fuera intercambiable. Como si bastara con sustituir unas personas por otras para garantizar la continuidad de una organización.
El gran reto al que nos enfrentamos muchas empresas no es que nuestros equipos tengan una elevada edad media. El problema es no haber previsto qué iba a ocurrir cuando esas personas dejaran de estar.
Durante años, mucho de nuestro talento senior han acumulado conocimiento, relaciones, criterio, cultura empresarial y una amplia comprensión de cómo funciona realmente el negocio. Conocimientos que no siempre pueden transmitirse en un manual.
Y, mientras tanto, las empresas hemos seguido funcionando. El día a día manda, los objetivos se tienen que cumplir, los proyectos tienen que salir adelante.
Hasta que un día alguien anuncia su jubilación y descubrimos que, con esa persona, también se marcha gran parte del conocimiento de la compañía.
Entonces empezamos a buscar: publicamos ofertas, activamos procesos de selección. Intentamos atraer talento joven, competimos por perfiles que el mercado considera estratégicos.
Hablamos de employer branding, de flexibilidad, de propósito y de nuevas generaciones. Todo ello es necesario, pero no es suficiente: atraer talento fuera mientras descuidamos el talento que ya tenemos dentro es una contradicción estratégica.
Con frecuencia ponemos el foco en incorporar jóvenes profesionales como si fueran ellos quienes tuvieran que resolver el relevo generacional. Pero el relevo no consiste únicamente en que entren personas jóvenes: consiste en que exista una transferencia real de conocimiento, experiencia y responsabilidad entre generaciones.
Esto no sucede de manera espontánea: necesita planificación. Necesita conversaciones que empiecen mucho antes de la jubilación. Necesita identificar puestos críticos, conocimiento esencial y personas clave. Necesita crear espacios donde profesionales de distintas generaciones trabajen juntos, aprendan unos de otros y puedan asumir progresivamente nuevas responsabilidades.
Porque tampoco debemos caer en otro error: pensar que el talento senior es únicamente talento al que hay que sustituir.
El talento senior no se jubila; se transforma.
Una persona con treinta años de experiencia no deja de aportar valor el día que cumple determinada edad. ¿Su aportación puede cambiar? Sí. ¿Su manera de relacionarse y de conseguir resultados tiene que adaptarse? Sí.
Quizá ya no tenga que desempeñar exactamente las mismas funciones. Quizá su mayor contribución esté en acompañar, mentorizar, formar, asesorar, liderar proyectos concretos o transmitir conocimiento crítico. ¿Lo hemos pensado?
La cuestión no debería ser: ¿cuándo se jubila esta persona?; sino: ¿cómo queremos seguir aprovechando su talento y su experiencia cuando cambie su etapa profesional?
Esto obliga a las empresas a mirar en dos direcciones al mismo tiempo: hacia dentro y hacia fuera.
Hacia fuera, para atraer nuevas capacidades, nuevas perspectivas, competencias digitales, otras formas de trabajar y profesionales que permitan renovar la organización.
Y hacia dentro, para identificar el talento que ya existe, desarrollarlo, ofrecerle nuevos retos y construir mecanismos de transferencia de conocimiento.
Tenemos que dejar de elegir entre talento joven y talento senior, tenemos que dejar de plantearlo como una competición. Las organizaciones más preparadas para este cambio serán aquellas capaces de construir equipos intergeneracionales, donde la experiencia y la renovación no se excluyan, sino que se potencien.
El profesional joven puede aportar velocidad, nuevas herramientas, nuevas preguntas y otras maneras de interpretar el mundo. El profesional senior puede aportar perspectiva, criterio, contexto y la memoria de muchas decisiones tomadas antes de que ese profesional llegara.
Uno puede preguntar «¿por qué lo hacemos así?». El otro puede explicar «por qué empezamos a hacerlo así».
Cuando ambos trabajan juntos, ocurre algo mucho más valioso que un simple relevo: se produce evolución.
Por eso, el gran relevo generacional no debería gestionarse como un problema de sustitución, sino como una oportunidad de transformación.
Las empresas tienen que empezar a anticiparse. A mapear su talento. A detectar dónde existe riesgo de pérdida de conocimiento. A preparar sucesiones. A crear itinerarios de desarrollo. A facilitar la colaboración entre generaciones. Y, sobre todo, a mantener conversaciones sobre el futuro profesional mucho antes de que llegue la jubilación.
Porque cuando una persona se marcha, la empresa no debería empezar entonces a preguntarse qué pierde. Debería haberlo sabido mucho antes.
El relevo generacional no consiste en vaciar una generación para llenar otra. Consiste en conectar generaciones para que el conocimiento no se pierda, el talento evolucione y la organización pueda seguir avanzando.
La empresa del futuro será la que sepa hacer convivir experiencia y renovación, conservar lo que merece la pena conservar y transformar aquello que necesita cambiar. Porque el verdadero reto no es que una generación se jubile, es qué hacemos con todo lo que esa generación sabe antes de que se vaya.
Nora Reta, socia directora de Montaner Navarra