En primera persona

Un grupo armado arrasó en abril la misión navarra de los Escolapios en el norte de Mozambique

El 30 de abril, un centenar de hombres armados con fusiles y machetes atacó la misión escolapia de Minheuene (Cabo Delgado), de la que dependen 1.500 personas. En julio, el religioso navarro Jesús Elizari regresó a este país del sureste de África, a orillas del Índico, para evaluar los daños y trazar el futuro de una labor que cumple diez años.

Más de cien hombres armados con machetes y fusiles asaltaron la aldea donde la misión navarra está asentada desde hace diez años.
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Más de cien hombres armados con machetes y fusiles asaltaron la aldea donde la misión de los Escolapios está asentada desde hace diez años.Itaka-Escolapios
Más de cien hombres armados con machetes y fusiles asaltaron la aldea donde la misión navarra está asentada desde hace diez años.

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Iván Benítez

Publicado el 30/08/2026 a las 05:00

Hay guerras que no existen, sencillamente porque no se conocen, porque no hay periodistas sobre el terreno. Es precisamente lo que sucede desde 2017 en Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. Por eso, cuando el 30 de abril de este año un grupo armado atacó la misión navarra de los Escolapios en Minheuene, en esta provincia, apenas algún medio digital vinculado a la Iglesia católica se hizo eco de lo ocurrido. También lo hicieron páginas de algunas ONG, como Manos Unidas. Lo mismo sucede con muchas otras guerras y crisis humanitarias, en países lejanos y no tan lejanos.

No es sencillo llegar a Minheuene. Una de las rutas más directas desde Pamplona obliga a hacer escala en Lisboa, volar durante once horas hasta Maputo y tomar después otro avión, de dos horas, hasta Pemba, capital de Cabo Delgado.

Allí comienza un trayecto en todoterreno de entre tres y cuatro horas por una encrucijada de caminos de tierra roja: polvo en suspensión durante la estación seca y barro en la lluviosa. Es un corredor inquietante en el que resulta habitual cruzarse con convoyes de los ejércitos mozambiqueño y ruandés y con trabajadores chinos y europeos de empresas dedicadas a la extracción de los codiciados recursos naturales.

Tal es la inquietud de los lugareños a lo largo de estas lenguas rojas que no dudan en quemar la maleza de los márgenes más próximos a la vía con el objetivo de detectar a tiempo posibles contratiempos. Emboscadas.

Este mes de noviembre, la misión de Minheuene debería celebrar diez años de presencia escolapia. Sin embargo, el aniversario ha quedado reducido a cenizas.

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Un centenar de hombres armados con machetes y armas incendiaron y asaltaron la comunidad escolapia en el norte de Mozambiqueitaka-escolapios
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EL ATAQUE, UN AVISO DOS HORAS ANTES

Eran cerca de las cuatro de la tarde. Por suerte, la población había recibido noticias sobre la presencia de los asaltantes unas dos horas antes y muchos vecinos pudieron huir hacia el campo. Cuando los atacantes llegaron, incendiaron y saquearon el proyecto de los Escolapios.

Ardió la histórica iglesia. La parroquia, dedicada a San Luis de Montfort, construida en 1946 y considerada un símbolo de la presencia católica en la región, quedó arrasada. También fueron destruidas las viviendas de la comunidad. La escolinha, el centro de educación infantil por el que pasaban cerca de 200 niños, sufrió graves daños, al igual que la huerta y el pozo que abastecía a otros nueve. Desaparecieron, además, equipamientos y placas solares.

En realidad, se esfumaron diez años de trabajo y esperanza para un pueblo hospitalario que sobrevive entre la belleza del paisaje y la miseria más absoluta.

Desde 2017, en esta región, se libra una guerra que ha causado miles de víctimas y más de 1,3 millones de desplazados ante la indiferencia generalizada del mundo.

La tarde del 30 de abril, los milicianos de Ahlu al-Sunna wa al-Jama’a —grupo local afiliado a la galaxia fundamentalista del autodenominado Estado Islámico (EI) y activo desde 2017— atacaron esta aldea de Meza, en el distrito de Ancuabe, en la provincia septentrional de Cabo Delgado.

iglesia calcinada
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Los civiles fueron capturados y forzados a ver arder la iglesia mientras escuchaban mensajes de odio. itaka-escolapios
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En un mensaje, António Juliasse Ferreira Sandramo, obispo de Pemba, capital de Cabo Delgado, contó entonces que los milicianos llegaron alrededor de las 16.00 horas, entraron en la iglesia, la arrasaron por completo y le prendieron fuego.

“Una escena de auténtico terror. Todo ha quedado reducido a escombros. Durante el ataque, los civiles fueron capturados y forzados a ver arder la iglesia mientras escuchaban mensajes de odio. Los misioneros están a salvo, pero la comunidad está conmocionada”Aunque, como afirmó después, “la fe de este pueblo nunca será destruida”.

Cabo Delgado es una de las provincias más pobres de Mozambique, un país que ocupa el penúltimo puesto en la clasificación del Banco Mundial. Sin embargo, el norte es rico en minas y reservas de gas natural, y numerosas empresas occidentales y de China se dedican allí a la extracción de recursos del subsuelo.

Debido a la violencia, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, más de 110.000 personas se han visto obligadas a huir de sus hogares en 2025. Así lo ha comprobado este periodista sobre el terreno en julio, en un proyecto de Ayuda en Acción sobre violencia de género.

Hace años, la Comisión Justicia y Paz de Mozambique explicó en un comunicado que detrás de esta guerra existe una causa más económica: el descubrimiento de gas natural y la explotación de riquezas como rubíes, oro y maderas preciosas, en paralelo a negocios ilegales relacionados con el tráfico de drogas y de personas.

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Los Escolapios calculan que unas 1.500 personas se beneficiaban directamente de su labor en Minheueneitaka-escolapios
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REGRESO A MINHEUENE

El religioso navarro Jesús Elizari, escolapio y responsable del proyecto, regresó a Minheuene en julio. Era la primera vez que volvía desde el ataque; su anterior estancia había sido en enero.

“El motivo de estas visitas es coordinar y animar la vida de los escolapios allí enviados, dos de ellos navarros, Israel Cuadros y Roberto Zabalza, y contribuir al trabajo de cooperación que las personas de Itaka-Escolapios desarrollan desde aquí”, explica.

El contraste entre ambas visitas (enero y julio) resulta difícil de asimilar, describe Elizari. “En enero, Minheuene reunía toda la belleza asociada a la imagen más exuberante de África: vegetación, pájaros y atardeceres extraordinarios. Pero esa belleza convivía con una realidad mucho más dura. Los habitantes, personas que ya son muy cercanas después de estos diez años de convivencia, acogedoras y familiares; niños y niñas, crianças, llenos de ternura, pero sumidos en una vida muy dura y pobre. No es pobreza, sino una miseria enorme. Una vida anclada en el Neolítico”.

La misión había crecido durante los últimos años. Los Escolapios calculan que unas 1.500 personas se beneficiaban directamente de su labor en Minheuene, aunque su radio de actuación era mucho mayor: desde allí atendían 34 aldeas.

Habían puesto en marcha escuelas infantiles, proyectos con mujeres, una cooperativa agrícola y programas destinados a mejorar el acceso al agua.

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