Salud
La salud mental pasa factura a los usuarios del Banco de Alimentos
Un estudio concluye en que el 62,9% de los beneficiarios del Banco de Alimentos sufre ansiedad o depresión, casi el triple que la media navarra


Publicado el 30/07/2026 a las 05:00
La falta de recursos deteriora la salud física y mental de quienes la sufren. Así lo constata el primer estudio realizado en España sobre la calidad de vida relacionada con la salud de los usuarios de bancos de alimentos. El trabajo, impulsado por la Fundación Banco de Alimentos de Navarra (BAN) junto con la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y publicado en la revista científica ‘Healthcare’, fue presentado este miércoles por uno de los autores, Antonio Brugos Larumbe; y Marisol Villar Lecumberri, la presidenta de la fundación.
Según los resultados, mientras la población navarra valora su estado de salud con una media de 88,1 puntos sobre 100, los beneficiarios del BAN apenas alcanzan los 73,5. La diferencia se repite en las cinco dimensiones analizadas por el estudio -movilidad, autocuidado, actividades cotidianas, dolor y salud mental-, siendo la salud mental la que marca la distancia más grande. El 62,9% de los usuarios del banco afirma sufrir ansiedad o depresión, casi tres veces más que el 22% registrado en la población general navarra. Junto a ello, el dolor o malestar físico forma la otra brecha, con un 55,7% de usuarios afectados frente al 35,7%. También registran mayores limitaciones para desarrollar actividades cotidianas, más problemas de movilidad y una peor percepción global de su estado de salud.
Para ello, el equipo investigador realizó una encuesta telefónica a una muestra aleatoria de 350 responsables familiares, seleccionados entre las 2.749 familias beneficiarias del BAN, con una tasa de respuesta del 87,9%. La herramienta empleada fue la escala internacional EQ-5D-5L, utilizada en más de cien países como referencia para medir la calidad de vida relacionada con la salud. Así lo hace el Gobierno de Navarra, lo que permitió comparar directamente ambos grupos.
Uno de los datos que subrayó Brugos es que la pobreza en Navarra no se traduce en desempleo. “Mientras baja el paro, aumenta la exclusión social y surge una nueva figura: el trabajador empobrecido”, argumentaba Brugos, en referencia a personas con empleo que aun así no logran cubrir sus necesidades básicas por los bajos salarios, el encarecimiento de la vida y, sobre todo, el precio de la vivienda.
DETRÁS DE LOS ENCUESTADOS
El 70% de las personas encuestadas son mujeres, frente al 30% de hombres. Según su origen, predomina la población latinoamericana (42,3%), seguida de la europea (30,6%) y la africana (26,6%). Algo más de una cuarta parte del total, el 26,8%, son de nacionalidad española.
Respecto a la vivienda, más de la mitad de las familias, el 54,6%, vive en un piso de alquiler; un 20,9%, en una sola habitación alquilada; y un 9,7% comparte piso de alquiler con otros. Solo un 7,7% es propietario de su vivienda, con o sin hipoteca pendiente.
En cuanto al nivel educativo, destacaron, el 24% de los usuarios del banco cuenta con titulación universitaria o formación profesional. Mientras que un 14% de los encuestados no sabe leer o escribir o carece de estudios.
Los autores sitúan estos resultados en el contexto socioeconómico navarro. La tasa AROPE, el indicador oficial de la Unión Europea para medir el riesgo de pobreza o exclusión social, sitúa en esa situación a 114.046 personas en Navarra, el 16,5% de la población.
LLAMADA A LA ACCIÓN
“No nos ha pillado de sorpresa, pero es bueno tener la certeza sobre algo que intuías”, señalaba la presidenta. Villar aprovechaba para reclamar mayor implicación: “Me gustaría que el Gobierno de Navarra o las empresas se dieran cuenta de la situación de los más necesitados y nos diera un poco más de apoyo”.
Ella subrayaba que el año pasado la entidad repartió una media de 119 kilos de alimentos por persona, muy lejos de los 450-500 kilos que se consumen habitualmente en un hogar: “La ayuda del banco no les soluciona la vida, pero sí les puede aliviar gastos”.
La Fundación BAN distribuyó, en 2025, 2.171 toneladas de alimentos, el 66% de ellas, de otro modo, se habrían desperdiciado. Lo hizo través de 153 entidades sociales colaboradoras y atendió a una media de 18.276 personas al año. Para Brugos, este estudio es también un principio de cooperación: “Los bancos de alimentos pueden actuar como agentes de detección de situaciones de vulnerabilidad y punto de conexión entre los servicios sociales y el sistema sanitario”.