Obituario

Pedro Gómez de Pablos, una vida entre Segovia, París y Navarra

Pedro Gómez de Pablos
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Pedro Gómez de Pablos
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Pedro Gómez

Publicado el 28/07/2026 a las 05:00

Pedro Gómez de Pablos, nacido en Segovia y residente en Navarra desde 1966, falleció el lunes día 20 a los 88 años. Casado con la marcillesa Charo Rodríguez Ezquerro, tenía tres hijos, Mª Ángeles, Ricardo y Pedro, y siete nietos: Natalia, Noelia, Henar, Teresa, Javier, Santiago e Icíar. Trabajó en la fábrica de aceites y margarinas de Ingranasa, en la Rochapea, hasta su cierre en 1998. Los que le conocieron le recuerdan como una persona sencilla, austera y familiar. Pero esa tranquilidad de espíritu escondía un carácter inquieto y emprendedor, que le llevó en su juventud a emigrar a Francia en busca de un futuro mejor. 

Pedro Gómez nació en 1938 en Nava de la Asunción (Segovia), tierra de pinares conocida por su equipo de balonmano que tuvo a Zupo Equisoain como entrenador. Empezó muy joven a trabajar en el campo con sus padres, Melchor y Concepción, pero después de hacer la mili en Madrid en 1960, les anunció que quería probar suerte en París. A la comarca habían llegado unos señores en busca de mano de obra y un grupo de jóvenes segovianos se animó a firmar los contratos y emigrar, entre ellos Pedro. Le gustaba contar aquel viaje en tren a París, con parada en Irún. “Allí vimos por primera vez el mar”, decía. Pedro trabajó en una de las fábricas de Citroën, que en aquella época producía el mítico Tiburón. Recuerda que participó en el ensamblaje de un modelo blindado para el presidente Charles de Gaulle. Con su primer sueldo le compró un transistor a su padre, que desde entonces pasaba horas enganchado a la radio.

En París, Pedro vivía en una residencia con otros compañeros de trabajo, lugar de anécdotas, risas y penurias compartidas. Uno de ellos tenía coche y les llevaba a la fábrica. Una mañana que iban justos de tiempo tuvieron un accidente y el coche se frenó en la barandilla del río Sena. Por este motivo nunca quiso sacarse el carné de conducir, pero siempre fue un buen copiloto de su esposa en los tiempos que no había navegadores.

Pasó 7 años en París, años alegres donde la cuadrilla de jóvenes segovianos dedicaba los fines de semana a ir a guateques frecuentados por otros españoles. Allí conocieron a varias mozas de Marcilla, entre ellas Charo, que había emigrado con su madre, Natalia. Pedro y Charo se hicieron novios y el 14 de agosto de 1965 se casaron en Nava de la Asunción. De Marcilla llegó un autobús con familiares y amigos, un viaje que recuerdan con cariño y entusiasmo. Ya casados, siguieron trabajando en París, donde vivían en una pequeña buhardilla. Cuando Charo se quedó embarazada, decidieron irse a vivir primero a Marcilla y después a Pamplona, al barrio de San Jorge, que estaba en plena construcción.

Pedro trabajó varios años en Licores Baines, en la bodega de la Rochapea. Después cambió a Ingranasa. Las tardes de primavera, su mujer y sus tres hijos iban a buscarle a la fábrica y regresaban juntos por el paseo de los Enamorados. En los años 80, la familia compró una tienda de alimentación en San Jorge, en la que trabajaban Charo y Mª Ángeles, pero Pedro siempre echaba una mano por las tardes y el fin de semana.

En junio de 1991, Pedro sufrió un grave accidente laboral. Un palé de varios cientos de kilos le cayó encima desde cuatro metros de altura. La rápida intervención de sus compañeros le salvó la vida. Pasó varios meses en cama sin moverse, con la pelvis, el esternón y varias costillas rotas. Estuvo un año de baja. Le quedaron secuelas leves, pero ya no volvió a ser aquella persona llena de actividad. Cuando iba a cumplir los 60 años, Ingranasa pactó un ERE colectivo y cerró la fábrica, que al tiempo fue derribada para la construcción de viviendas.

Así, Pedro ha podido disfrutar de 28 años de jubilación, donde su mayor ilusión era cuidar y ver crecer a su familia y disfrutar de la casa de Nava de la Asunción, que fue arreglando poco a poco y donde hizo una pequeña piscina de la que han disfrutado sus descendientes. De carácter castellano, se conformaba con poco y los escasos viajes que ha hecho, a Italia y Andalucía, han sido para complacer a su esposa, más inquieta. Sus últimos años han sido de paseos por San Jorge, de cuidar nietos y de ofrecerse a hacer recados a los hijos, hasta que su salud se lo permitió. Descanse en paz.

Pedro Gómez Rodríguez, periodista, es hijo del fallecido

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