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La afición también juega en el Club A-UNA

Agricultores y ganaderos, cooperativas, industria y gastronomía forman el equipo, pero el futuro del sector agroalimentario navarro también depende de quienes lo apoyan cada día desde la compra, la mesa y el vínculo cotidiano con el territorio

Los cromos del sistema que nos alimenta
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Los cromos del sistema que nos alimenta

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Publicado el 11/06/2026 a las 05:00

Comprar una barra de pan, cocinar un plato de verduras o disfrutar de una comida en un restaurante son gestos cotidianos que forman parte de nuestra vida diaria. Detrás de cada uno de ellos hay agricultores, cooperativas, industrias y profesionales que trabajan para que los alimentos lleguen a nuestras mesas con calidad y garantías. 

Pero este no es un recorrido lineal que va solo del campo al plato. Es un sistema completo, vivo, en el que cada pieza cuenta. Y en el que la ciudadanía es parte del juego. Porque en el sector agroalimentario navarro hay un equipo formado por muchos jugadores distintos… y una afición que, aunque a veces no lo perciba, juega en cada decisión que toma. 

La esencia del Club Agroalimentario A-UNA, impulsado por Unión de Cooperativas Agroalimentarias de Navarra (UCAN), la Asociación de Industrias Agroalimentarias de Navarra, La Rioja y Aragón (ALINAR) y la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN) es poner en valor y dar visibilidad a un sector que no se entiende sin la sociedad que lo sostiene, y una sociedad que, a través de sus hábitos diarios, también forma parte de ese engranaje. 

El juego empieza en el campo 

Carlos Sánchez, joven agricultor de UAGN, es el primer eslabón de esa cadena y el punto de partida de este sistema. Su trabajo empieza mucho antes de que el consumidor vea un alimento en el supermercado. 

“La gente ve una barra de pan, pero no todo el proceso que hay detrás para producirla”, explica. Desde la siembra del trigo en otoño hasta la cosecha meses después, su actividad implica planificación, cuidados constantes, inversión y la gestión de riesgos que no siempre se ven. 

Sequías, plagas o variaciones de precios forman parte de un trabajo que, pese a su importancia, suele pasar desapercibido en el resultado final. “Parece lo más simple del mundo, pero detrás de cualquier alimento hay meses de trabajo duro y constante”, resume. 

Carlos es el origen del juego. El que inicia la jugada. Pero su trabajo no termina en el campo: conecta con cooperativas, industria y, finalmente, con la mesa del consumidor. 

Este agricultor navarro reconoce también una brecha con la sociedad: el desconocimiento del sector. “Es algo que tiene parte de culpa nuestra, por no haber sabido contarlo hasta hace relativamente poco”, admite. 

En ese sentido, apunta a un cambio en marcha, especialmente entre los más jóvenes, donde redes sociales y nuevas herramientas están ayudando a mostrar la realidad del campo. “Estamos intentando dar a conocer mucho cómo es el sector mostrando la realidad del día a día”, señala. 

El impacto en el territorio 

El sector agroalimentario es uno de los principales motores económicos de Navarra. “Si hablamos del sector del campo y transformados, en Navarra es el primer generador de empleo, si no es el primero es el segundo, estamos ahí con la automoción”, explica Cayo Martínez, gerente de Conservas Viuda de Cayo y presidente de la Asociación de Industrias Agroalimentarias de Navarra, La Rioja y Aragón (ALINAR)

Más allá del empleo, el sector tiene un fuerte impacto en el territorio y en la vida de los pueblos. “El sector agroalimentario, tanto el productor como el transformador, arraigamos población a los pueblos. Y eso se nos tiene que llenar la boca y tenemos que decirlo muy alto”, considera. 

La transformación industrial convierte esa producción en actividad económica estable, capaz de sostener servicios, empleo y población en el medio rural. “Generamos riqueza en los pueblos para los pueblos. Un producto de aquí, que se produce aquí, que se transforma aquí lo que hace es generar riqueza y tiene que generar sentido de pertenencia, sobre nuestros productos”, reflexiona el gerente de Viuda de Cayo. 

Cayo insiste en que ese modelo no depende solo de la producción, sino también de la relación con la sociedad. “Si no tenemos sentido de pertenencia a nuestros productos y a nuestra tierra, no sé qué aspiraciones puede tener uno como sociedad”, plantea. 

Su reflexión va más allá de la economía. También habla de identidad. De pertenencia. “Ser navarro y no defender los productos de Navarra ni sentirlos como tuyos es como ser navarro y no ser de Osasuna”, afirma. 

En su opinión, todavía existe un gran desconocimiento sobre el origen de lo que consumimos, aunque reconoce una sensibilidad creciente hacia el producto de proximidad: “Hay afición, aunque aún quede mucho por hacer”. 

El compromiso compartido 

Nati Luqui, gerente de la Cooperativa Agrícola Santo Cristo de Caparroso, socia de UCAN, lo explica desde la responsabilidad compartida. “Todos somos eslabones de una gran cadena, también la ciudadanía. Alimentar a la población tiene muchísima responsabilidad, pero que el consumidor final valore ese esfuerzo es fundamental para que los negocios agrícolas sigan siendo estables, continuos en el tiempo y con garantías”, afirma. 

De modo que el sector agroalimentario tiene la responsabilidad de producir alimentos seguros, de calidad y sostenibles. Pero su continuidad depende también de cómo se consume, qué se elige y qué se valora. Por eso insiste en la importancia de decisiones cotidianas: “Comprar producto de cercanía, de kilómetro cero, fresco y de temporada es algo que hay que pensar y valorar”, explica. La sostenibilidad del sistema, añade, no es solo productiva o ambiental, sino también social. 

La cocina como punto de encuentro 

Entre el origen y el consumidor, existe un punto de unión en el que se encuentra Vicente Ursúa, chef de Ubuntu Gastronómica, y sus colegas. 

“Cada vez que nos sentamos a la mesa, elegimos qué consumir o compartimos una comida, estamos participando en una cadena que conecta territorio, cultura, economía y bienestar”, explica este cocinero peraltés. 

Vicente no habla solo de gastronomía. Habla de conexión. De cómo lo que ocurre en el campo se transforma en cultura, en identidad y en decisiones cotidianas. Por eso, desde su cocina, intenta que el comensal entienda que cada producto tiene una historia detrás. 

“La alimentación no es solo un asunto del sector, sino un proyecto colectivo que afecta a la salud, al empleo, al medio rural y a la identidad de Navarra”, afirma. 

En esta fase del juego, Vicente es el enlace entre quienes producen y quienes consumen. El jugador que hace visible lo invisible: “Mi trabajo busca conectar la mesa de los navarros con quienes hacen posible que los alimentos lleguen a ella”. 

Un sistema en el que todos juegan 

Agricultores, industria, cooperativas, gastronomía y consumidores no son mundos separados. Son jugadores de un mismo sistema. Un sistema que empieza en el campo, se transforma en producto, se convierte en economía, llega a la mesa y vuelve a empezar cada vez que alguien elige qué consumir. La clave está en entender que nadie juega solo. 

Carlos inicia el juego desde el origen. Nati lo sostiene desde la cooperación y la continuidad. Cayo lo convierte en estructura económica. Vicente lo traduce en cultura y decisión. Y el consumidor, aunque no siempre lo perciba, participa en cada una de esas fases.

Un club abierto a tod@s

​El Club Agroalimentario A-UNA nace precisamente para dar visibilidad de la voluntad de poner nombre a algo que ya existe: un sistema en el que el sector no se entiende sin la sociedad, y la sociedad no se entiende sin el sector. Igual que en el deporte, los equipos no existen solo por quienes juegan en el campo, sino también por quienes los siguen, los apoyan y los hacen suyos. Con esa filosofía, el próximo 12 de junio el parque Antoniutti de Pamplona acogerá una gran fiesta abierta a toda la ciudadanía. Un encuentro con actividades deportivas, juegos y propuestas familiares que busca acercar el sector agroalimentario navarro a la sociedad desde un lenguaje común: el del esfuerzo compartido. Porque en este partido nadie está fuera del campo. Y aunque no siempre se vea, la afición también juega.

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