Tragedia en Elgoibar
Conductora del autobús que viajaba detrás: "Era frenar y que sea lo que Dios quiera"
La conductora del autocar de Lurraldebus que viajaba con 63 pasajeros por detrás de los vehículos siniestrados evitó que la tragedia fuera aún mayor


Publicado el 05/06/2026 a las 05:00
Fue todo cuestión de unos segundos que dentro del autobús de Lurraldebus se hicieron "eternos". En cuanto la chofer se percató de la colisión que se estaba produciendo unos metros delante suyo entre un camión cisterna y la furgoneta en la que viajaban los cinco policías forales fallecidos en el siniestro ocurrido el miércoles en la autopista AP-8 a su paso por Elgoibar, todo su cuerpo se activó para tratar detener el autocar y salvar la vida de los 63 pasajeros que llevaba a bordo. "Era frenar y que sea lo que dios quiera. Y gracias a dios, frenó", recordó ayer la conductora a Diario Vasco, a la conclusión de su jornada laboral realizando los trayectos entre Donostia y Bilbao.
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Según relata, la adrenalina del momento le impidió asimilar las dimensiones de la tragedia hasta ayer, cuando se había aplacado ya el recuerdo de los gritos del pasaje, el chirriar de las ruedas y las maletas volando, con el balance de cinco muertos a unos metros de donde detuvo el autobús. "Desde el primer momento me percaté de la gravedad, pero hoy (por ayer) soy más consciente de lo que pudo haber ocurrido si no freno a tiempo como frené", explica al otro lado del teléfono Mónica, con la naturalidad que solo puede transmitir alguien que se gana la vida al volante.
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"Si no fuera por su frenazo, no sé qué hubiera sucedido", escribió en varios mensajes en su cuenta de la red social X el profesor de la Universidad del País Vasco y exdirigente de la izquierda abertzale Joseba Permach, uno de los viajeros agradecidos a la pericia de esta heroína que quiere seguir siendo una conductora anónima. De hecho, Mónica es un nombre ficticio porque el único dato que permite hacer público es que reside en la localidad cántabra de Castro Urdiales, y todos los día va y viene a Bilbao para trabajar.
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A las 8.30 horas del miércoles, emprendió en Donostia el viaje de vuelta a la capital vizcaína. Pese a sus cinco años conduciendo autobuses, lleva "poco tiempo" en la empresa Avanza, que cubre varios servicios de Lurraldebus, y se sabe al dedillo cada curva y cada bache de la autopista. El tramo donde tuvo lugar el accidente, en el punto kilométrico 69, está limitado a un máximo de 100 kilómetros por hora y no es de los más complicados de la AP-8. Pero Mónica se encontró con el momento más complejo de su vida. "Por suerte, nunca me había tocado vivir algo así y ni siquiera había pensado en esa posibilidad", rememora, para añadir que "para cuando me quise dar cuenta, se generó todo el follón".
UNA NUBE DE POLVO
La chofer, que ayer recibió la llamada de la Ertzaintza como testigo del accidente, recuerda que vio la furgoneta en la que los policías forales se dirigían a la base de la Ertzaintza ir ya sin control "de un lado al otro, y por detrás el camión hizo la tijera" en medio de una nube "de polvo". "Tuve que activar todo para frenar", subraya. Permach escribió que la chofer "ha pisado el freno y hemos ido largo", señal de la sangre fría de esta profesional para clavar los frenos sin permitir que el autobús diera un bandazo que habría resultado fatal.
"Agarré fuerte el volante y lo mantuve firme todo el tiempo", mientras los cristales y pequeños trozos desprendidos de los vehículos accidentados iban "impactando en la luna" delantera del autobús, "las maletas salieron volando" y muchos pasajeros "se pusieron a gritar" fruto de la angustia. "En ese momento solo quería frenar". No es capaz de calcular los segundos que zapateó el pedal del freno, pero se le hicieron "eternos". "Sentí un telele en las manos de agarrar el volante", insiste Mónica. "Por suerte, nuestros autobuses tienen buenos frenos y pude evitar el accidente. La verdad es que nos quedamos a nada de una desgracia mayor".
El mismo miércoles, la dirección de Avanza le ofreció apoyo y la opción de tomarse el jueves libre para descansar y recuperarse del susto, pero la vecina de Castro Urdiales prefirió volver a la ruta y tratar así de mantener la normalidad. Sin embargo, cuando ayer volvió a transitar por el lugar del siniestro, se le "encogió" el corazón. "Hay marcas en la carretera, y me acordé de los fallecidos, del frenazo...". Y también de "la suerte que habíamos tenido porque el miércoles el asfalto estaba seco. Si llega a llover como al día siguiente, estaríamos hablando de otra cosa porque hubiera sido imposible evitar el accidente".
Consciente de la tragedia que tenía delante del morro del autobús que había logrado mantener indemne, lo primero que hizo Mónica fue comprobar si había pasajeros heridos y si entre ellos había algún médico o enfermera a bordo. Bajó algún sanitario, "pero, por desgracia, no había mucho que hacer". Los cinco policías fallecieron prácticamente en el acto, "así que solo se podía ayudar al camionero que había resultado herido. Una enfermera le vendó una mano. Yo le ofrecí mi botiquín, pero desde un coche le dieron también unas vendas. Fue muy duro".