Día Mundial del Riñón
"Llevo a rajatabla la dieta y así mantengo los niveles de filtrado estables"
Un hombre con enfermedad renal y una mujer trasplantada de riñón cuenta su historia


Actualizado el 13/03/2026 a las 07:11
Ángel Lorente Maestu, de 64 años, lleva mucho tiempo conviviendo con la enfermedad renal, viendo cómo la capacidad de filtrado de su riñón va disminuyendo paulatinamente, "aunque los dos últimos años estoy estable, en torno al 20%". En su caso, el desencadenante fue una medicación. "Tomaba los parámetros correctos, pero me iba machacando por dentro. Y para cuando se dieron cuenta y me la quisieron cambiar, ya me había fastidiado los riñones".
Desde entonces, todo es controlar y controlar. Una vida sometida a analíticas constantes y a una alimentación muy rigurosa. "Tengo los niveles de potasio muy altos y te puede afectar al corazón. Pero es que hay potasio en todo", lamenta. "Frutas, sólo puedo comer manzana, pera y sandia. Las verduras las tengo que poner en agua 24 horas antes; la legumbre, mejor de bote que fresca. Llevo a rajatabla las limitaciones y así consigo mantener unos niveles más o menos estables". Al margen de eso, puede hacer una vida "normal". "Ejercicio, descanso... todo eso que es bueno para todo el mundo, pues para nosotros también", indica, animando a la población a chequearse. "Puedes sentirte bien pero estar fastidiado", previene.
El objetivo es estirar todo lo posible la situación actual. Y cuando ya no haya más alternativa, diálisis y trasplante. "No hay otra", asume con naturalidad. "Estoy muy mentalizado porque sé lo que va a pasar. Y cuando sabes lo que va a pasar, no te asustas", opina.
"Mi marido me donó un riñón y aquí estoy"
Juana Mari Alduán Beriáin, de 66 años y de Puente la Reina, está trasplantada de riñón desde hace 10 años. Exactamente, desde el 9 de junio de 2015. El órgano que le permitió iniciar una segunda vida se lo donó su marido, cuenta. La emoción pervive al paso del tiempo cuando recuerda el momento. "Es una pasada".
La tensión alta fue el primero de los síntomas. "El médico pensó que era por comer mal, aunque yo sabía que no. Desde los 42 años tomo pastilla". En 2013 unos análisis de sangre después de mucho tiempo de haberse hecho los últimos hicieron saltar todas las alarmas. "Me llamaron ese mismo día para que fuera a Urgencias, algo me funcionaba mal en el riñón. Me hicieron una ecografía volando y me dijeron que tenía poliquistosis. Yo no tenía ni idea de qué era aquello, ni antecedentes. Para mí aquello fue un mazazo psicológico". También tuvo que seguir una dieta estricta baja en potasio. "Fue horrible", reconoce. "Ingenua de mí, pensaba que con la dieta aquello se iba a parar".
Pero la situación se agravó y ya no había otra opción que diálisis o trasplante. "Mi marido se ofreció para donarme un riñón". Le hicieron las pruebas y resultó compatible. "Tuvo que adelgazar 17 kilos. Se quitó de todo. Cerró la boca, se montó en una bici y el 9 de junio de 2015 me dio un riñón", resume aquellos meses. Todo salió bien y hoy ambos se encuentran perfectamente. "Mi marido sigue siendo la misma persona recta que perdió 20 kilos en unos pocos meses y yo sigo siendo una atarantada, pero aquí estoy", lanza una carcajada.
