Ataque a Irán
Del paraíso de Maldivas a las explosiones y sirenas antiaéreas en Abu Dabi: "Me costará olvidar", dice una navarra tras su regreso de Oriente Próximo
La pamplonesa Raquel Tobes ha logrado regresar a casa tras quedar atrapada por la guerra de EEUU e Israel contra Irán durante una escala aeroportuaria en Abu Dabi


Publicado el 06/03/2026 a las 05:00
En apenas unas horas, la pamplonesa Raquel Tobes Miguéliz, de 44 años y administrativa del Gobierno de Navarra, pasó del paraíso de Maldivas a la incertidumbre de no saber cuándo iba a poder regresar a casa. Había viajado junto a un grupo de amigos al país insular del Índico para disfrutar de unos días de vacaciones realizando la afición que une al grupo, el buceo, pero la vuelta a casa se truncó. El sábado 28 de febrero, poco después de aterrizar en el aeropuerto de Abu Dabi, donde tenía que hacer escala, supo que algo iba mal. “Empezaron a llegarnos wasap de parte de los amigos del grupo que habían volado a otros aeropuertos de la zona para el regreso a España. Decían que habían escuchado alarmas, que EE UU había atacado a Irán y que Irán estaba atacando bases americanas”.
A Raquel le bastó una sencilla búsqueda en Google para comprobar que sus amigos no le estaban jugando una broma pesada. La escala era corta y nada más aterrizar se dirigieron hacia la sala de embarque para esperar su siguiente vuelo. Fue allí donde la compañía con la que volaban, Etihad, les confirmó que se cerraba el espacio aéreo y que el aeropuerto iba a ser evacuado. “Estábamos al lado de una cristalera grande y empezamos a ver explosiones y el humo que dejaban drones y misiles cuando eran interceptados por los sistemas de defensa antiaérea. Me costará olvidar esa imagen”.
Abu Dabi se encuentra cerca de varias instalaciones militares estratégicas, entre ellas la base aérea de Al Dhafra, que alberga fuerzas emiratíes y estadounidenses. Y de ahí que uno de los grandes peligros de la zona esté precisamente en los restos de esos misiles interceptados que son destruidos antes de impactar y que ya han provocado la muerte de al menos un civil. “La gente se empezó a poner muy nerviosa y algunos lloraban al ver las explosiones y no saber qué iba a pasar. Tuvimos que pasar mucho rato en la cola para pasar el control pero el personal mantuvo el orden en todo momento y fue sacando las maletas de la cinta para agrupar todos los equipajes”.


Ya en el exterior, les esperaban con varios taxis y autobuses escolares y les fueron distribuyendo por los hoteles. “Yo fui con otra amiga. Nos dijeron que pasaríamos allí sólo esa noche y que tendríamos el desayuno incluido pero por la mañana el personal nos avanzó que no nos preocupáramos y que iban a cubrir con todos nuestros gastos hasta que la situación se resolviese”. Pese a ello no se quedaron de brazos cruzados y enviaron un correo a la embajada española en Abu Dabi para que supieran que estaban allí.


Admite que fueron horas de mucha incertidumbre, marcadas por las alertas que les llegaban a los móviles para que se pusieran a cubierto y en las que estuvieron con la maleta preparada en todo momento por si tenían que salir corriendo. "En la calle no había mucho tráfico, pero la gente hacía vida normal salvo cuando las alarmas te pedían que te mantuvieses a cubierto y corrían a par ", asegura.
No fue hasta el lunes por la tarde cuando el personal de la embajada se trasladó hasta el hotel para ver cómo estaban. Sabían por su compañía que el espacio aéreo se había abierto parcialmente y que ya habían salido los primeros vuelos con destino a ciudades europeas: Ámsterdam, París, Londres... Y también hacia Moscú y alguna otra ciudad de Asia.
Lo que entonces ni Raquel ni su amiga conocían era que su compañía ya les había reservado un asiento en el primer vuelo comercial que iba a partir desde Abu Dabi rumbo a Madrid tras el estallido del conflicto. Un regalo inesperado que a la pamplonesa le permitió celebrar su cumpleaños en casa.
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Se siente afortunada y aún más cuando piensa en parte de sus amigos del grupo de buceo que hicieron escala en Doha y todavía no han podido regresar. Le ha gustado menos comprobar que el estatuto de personal por el que se rigen los funcionarios navarros, actualmente en negociación para su actualización, no contempla ninguna contingencia por fuerza mayor para poder cubrir los días que no ha podido ir a trabajar y tendrá que gastar vacaciones.

