Policía Foral

Policías que alzan la voz frente al acoso escolar

Dos policías forales ponen sobre la mesa la realidad del ‘bullying’ y el ‘ciberbullying’. Óscar Azparren cuenta su experiencia como víctima y su compañero José María Movilla relata los casos con los que se encuentra en los centros escolares

Los policías forales José María Movilla Usar (izda) y Óscar Azparren Barrena impartieron una conferencia sobre bullying y ciberbullying.
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Los policías forales José María Movilla Usar (izda) y Óscar Azparren Barrena impartieron una conferencia sobre bullying y ciberbullying.irati aizpurúa
Los policías forales José María Movilla Usar (izda) y Óscar Azparren Barrena impartieron una conferencia sobre bullying y ciberbullying.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 26/02/2026 a las 08:04

Motivar a los escolares para que no se callen si sufren acoso escolar. Para que cuenten el calvario que atraviesan a sus familias, docentes o, incluso, a la policía. Es el objetivo que persigue Óscar Azparren Barrena (Pamplona, 1994). Él sufrió el bullying en primera persona cuando estudiaba los últimos cursos de Primaria. Ahora, licenciado en Periodismo, ejerce como policía foral en el grupo de protección y atención ciudadana de Alsasua. El miércoles  impartió una conferencia junto con su compañero José María Movilla Usar (Pamplona, 1972), del grupo de delitos informáticos, sobre bullying y ciberbullying. 

Hablaron en el Instituto Navarro de Administraciones Públicas (INAP) con motivo de la semana de la Policía Foral, por su patrón el Santo Ángel de la Guarda. En los últimos quince años en los que Movilla lleva en este grupo, se ha registrado un “incremento exponencial” de los delitos, aunque, subraya, “los colegios cada vez están más formados”. Óscar Azparren insiste en que no quiere ofrecer un testimonio “ni triste ni deprimente”. “Yo tengo la ‘baza’ de que he estado en los dos lados y quiero motivar a la gente para que no se calle y que si tiene un problema, lo afronte y busque una solución”. Y no puede evitar conmoverse cuando recoge denuncias de menores y sus familias en la comisaría de Alsasua un sábado por la tarde. “En vez de estar jugando con los amigos, sufren ese horror. Y se me cae el alma a los pies porque me veo a mí mismo y a mis padres durante aquellos años. Si no dan con la tecla apropiada, ¡la que les espera!”

 En su caso, sufrió bullying psicológico, físico y por parte del centro escolar desde 3º a 6º de Primaria (9-12 años). “Me llegaron a pegar con una barra de hierro en la cabeza- muestra la cicatriz-. Pero más que lo físico, me dolía lo emocional. Que me tiraran un bocadillo que me había preparado mi madre o me rompieran una camiseta que me había comprado mi padre”. Azparren compartió sus vivencias en su libro ‘Sombras de un pasado’ (2016). “Yo ni denuncié ni fui a la policía. Lo gestioné todo internamente con apoyo psicológico. Ahora he conseguido sacar plaza de policía y ayudar a gente como yo”. 

'TODOS SOMOS FRIKIS'

Mientras habla, escucha con atención su compañero José María Movilla, que imparte formación en centros escolares. “¿Has vuelto a ver a los acosadores?”, le pregunta. “Uno de ellos me escribió para quedar conmigo cuando publiqué el libro porque me quería pedir consejo. Su hermano sufría entonces acoso escolar. ¿Y qué le recomendé? Pues que si el hermano empezaba a relacionarse con alguien como él, que se alejara. Se quedó de piedra”. En aquellos años, las redes sociales aún eran incipientes y Azparrren sufrió acoso (no ciberacoso).

 “Me pegaban, me robaban, venían a mi casa a tocarme el timbre... No pasa nada por no encajar en el colegio y no llevarte bien con alguien. Pero de ahí al bullying existe un trecho”. José María Movilla asiente. “Todos somos ‘frikis’. Se lo digo a los alumnos cuando voy a los colegios. Pero siempre se ataca a los mismos: a los diferentes por su condición sexual, por su inteligencia, por no jugar al fútbol... No solo están los agresores sino también los que se ríen y los apoyan. Esas risas refuerzan a los líderes”. En su opinión, lo ideal es que los problemas se resuelvan siempre en el entorno escolar (existen diversos programas de convivencia como Kiva, Laguntza...) “Los policías debemos intervenir en último lugar. Cuando llegamos, no nos vamos a quedar en buenas palabras sino que tramitamos las denuncias que sean necesarias”.

Los delitos más comunes en los últimos años, subraya, tienen que ver con el ciberbullying. “Resulta habitual que algunos escolares cojan fotos de chicas de las redes sociales, les pongan un cuerpo desnudo con Inteligencia Artificial y las difundan en grupos de clase. Si las chicas son menores, sería un delito de pornografía infantil”. Por su experiencia, las chicas provocan más casos de ciberbullying (insultos, usurpación de identidad con perfiles falsos en redes sociales...) que sus compañeros varones. “Ahora existe más conciencia que hace unos años pero los casos continúan siendo graves”. Los menores, recuerda, son imputables (pueden ser castigados por vía penal) a partir de los 14 años. Antes, se les aplican otro tipo de penalizaciones.

FAMILIAS ENFRENTADAS

Óscar Azparren recuerda que el perfil de la víctima siempre suele ser similar (alguien introvertido, poco popular...) pero el del agresor, insiste, varía. “Los he conocido de familias desestructuradas, perfectas, balas rasas, que sacan buenas notas... Hay de todo”. A este respecto, Movilla insiste en que, además de actuar con la víctima, también se debe hacer con el agresor. “Es preciso averiguar qué le pasa (pueden ser víctimas de violencia familiar, abusos sexuales, problemas de salud mental, otro tipo de vulnerabilidad...) 

Ambos agentes coinciden en que las familias no tienen que actuar nunca por su cuenta en casos de bullying o ciberbullying. “No son objetivos y consideran que sus hijos nunca han hecho nada. Por eso, hay que dejar actuar a los profesionales (docentes, orientadores, psicólogos, trabajadores sociales...) Si las familias se toman la justicia por su mano, pueden llegar a agredirse, se dejan de hablar... Entre padres nunca se va a resolver nada”.

 Respecto de las víctimas, subrayan, lo más habitual es que terminen cambiándose de colegio. “Lo que me ocurrió a mí. Los agresores siempre se quedan y las víctimas se tienen que marchar. Para los centros se termina el problema”, lamenta Azparren. “En muchos casos, aparece como la única solución- incide Movilla-. Aunque ya no vayan al mismo colegio y según donde vivan, continuarán viendo a los agresores por el barrio, el pueblo... Antes, el acoso escolar terminaba a la salida del colegio. Ahora, con el ciberbullying, no existe descanso ni te puedes esconder en tu habitación como un lugar seguro”. 

Con el fin de visualizar esta realidad, la Policía Foral ha editado un cómic para repartir entre los escolares. Con el título ‘La promesa de Paula’ y escrito por Óscar Azparren, muestra la realidad del acoso, el espíritu de superacion y el origen de una vocación (la protagonista es una niña que termina siendo policía foral). “He querido hacer un guiño a las amistades verdaderas. Las que no necesitas estar regando o alimentando porque siempre están ahí. Las que no precisan darte ‘likes’ en las redes sociales. Todo en la vida, hasta lo malo, es pasajero. Todo, menos la muerte”. Movilla concluye que el acoso y el ciberacoso no son “cosas de niños sino algo muy serio”. “Al terminar el atestado, yo lo firmo y me voy. Pero queda una víctima con intentos autolíticos a la que hay que seguir atendiendo”.

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