Experiencia

Alquiler más caro y grupos cerrados: la realidad de una joven argentina tras mudarse a Pamplona

La Vanguardia recoge el testimonio de una joven argentina que cambió Sevilla por Navarra

Una cuadrilla brinda en el almuerzo
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Una cuadrilla brinda en el almuerzo

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Diario de Navarra

Publicado el 16/02/2026 a las 10:21

Con apenas 21 años, Carolina Staneloni dejó Buenos Aires para instalarse en Sevilla en una experiencia que comenzó como un Erasmus y terminó prolongándose durante cinco años en España. Después de Sevilla, la argentina se trasladó a Pamplona. La Vanguardia recoge cómo fue su experiencia durante ese tiempo en la Comunidad foral.

Tras un tiempo asentada en Sevilla, donde el carácter abierto de los andaluces facilitó su adaptación, Carolina se trasladó a Pamplona por motivos laborales. El cambio no fue solo geográfico: también supuso empezar de cero en lo personal. "Tuve que empezar de nuevo. No conocía a nadie", reconoce. Sin una red previa que la introdujera en la ciudad, su círculo más cercano pasó a estar formado por compañeros de trabajo y de piso.

El primer impacto fue el económico. Si en Sevilla pagaba 270 euros por una habitación en pleno centro, en Pamplona el precio ascendió a 410 euros y, además, en las afueras. Encontrar vivienda resultó más complicado. De nuevo recurrió a portales inmobiliarios y aplicó filtros muy concretos, espacio suficiente, cama cómoda, buenas condiciones, convencida de que la paciencia era clave para no conformarse con opciones poco adecuadas. Aun así, notó que el mercado era más exigente y menos flexible que en Andalucía.

Pero donde más percibió el contraste fue en el plano social. En Pamplona descubrió una dinámica distinta a la de Sevilla y, por supuesto, a la de Buenos Aires. "Los grupos son más cerrados y funcionan en cuadrillas", explica. 

Se trata de amistades consolidadas desde la infancia, con vínculos muy arraigados, lo que hace que la incorporación de alguien nuevo requiera tiempo. Para ella, acostumbrada a la espontaneidad argentina, donde es habitual que alguien te invite a un plan nada más conocerte, la diferencia fue notable.

También observó que los encuentros sociales exigían mayor planificación. Mientras que en Sevilla los planes surgían con naturalidad, aunque a veces quedaran en el aire, en Pamplona organizar una cita implicaba coordinar agendas con antelación. Esa estructura más organizada se reflejaba incluso en pequeños detalles cotidianos, como la necesidad de consultar horarios de transporte público con más atención.

El ocio fue otro ámbito revelador. Le llamó la atención que personas de distintas edades frecuentaran los mismos bares y restaurantes, priorizando la cercanía y la comodidad frente a la novedad. Además, descubrió una costumbre que le resultó curiosa: alquilar locales entre amigos para celebrar fiestas privadas, en lugar de reunirse en casa, como es habitual en Argentina.

A pesar de las dificultades iniciales, Carolina terminó valorando positivamente la experiencia pamplonesa. Comprendió que, aunque la integración fuera más lenta, las amistades que lograba construir eran profundas y duraderas. "Cuesta que te integren, pero cuando lo hacen, te dan su confianza para siempre", asegura. También destacó el fuerte apego de los pamploneses a su calidad de vida y su deseo de preservar el equilibrio de la ciudad frente al turismo masivo. Hace unos meses regresó a Buenos Aires ya que echaba de menos a su familia y amigos.

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