Justicia
Perjudicada por un error de la mutua: "Perdí el trabajo, movilidad en la mano... y me dan 6.000 euros"
El TSJN ha reconocido que una mutua cometió un error de diagnóstico tras un accidente laboral. La trabajadora no siente que haya ganado


Actualizado el 27/01/2026 a las 09:02
Cuenta que cuando en Urgencias le dijeron que tenía un hueso de la mano roto se echó a llorar por la emoción. Llevaba más de dos meses acudiendo a la mutua y allí le decían que, pese al dolor, en el accidente laboral no había sufrido lesión alguna. La justicia acaba de condenar a la mutua por un error de diagnóstico. Sin embargo, la victoria judicial ha dejado a S.J.G.J., mujer colombiana vecina de la comarca de Pamplona de 43 años, un regusto amargo. La sentencia le ha reconocido 6.000 euros de indemnización por daño moral y físico, pero ella lamenta que entre abogado y perito se ha gastado 10.000. También perdió su trabajo, y como secuela le ha quedado falta de movilidad: “Me quedo sin trabajo, pierdo un 50% de la movilidad en la mano y me dan 6.000 euros...”, expresa afectada. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJN concluyó que se desconoce en qué grado se pudieron haber agravado las lesiones por no haber sido diagnosticada desde el inicio.
La demandante recuerda que el 24 de abril de 2021 era viernes e iba a salir del turno de noche de su empresa. Pero al ir a tirar al contenedor un cubo con restos de caucho, el peso le venció y el recipiente cayó hacia atrás. “Me volteó el dedo. Solté el cubo. Pensé que me había partido el dedo del dolor”, recuerda. Se lo comentó a su encargado y se marchó con la esperanza de que el dolor remitiera sábado y domingo. Pero no. “Lo pasé fatal”. Tal era el dolor que no fue a trabajar a la panadería donde hacía fines de semana. El lunes, acudió por primera vez a la mutua. “Me hizo una placa y la médica me dijo que no tenía nada, que tomara paracetamol y ya está, que en tres días se me pasaba”.
Los pronósticos de la doctora no se cumplieron: ni el dolor ni el hinchazón remitían. Volvió a la mutua y le dieron otro antiinflamatorio. “Me decía que solo quería cogerme la baja. Y no me había cogido la baja en mi vida”. Y como seguía de alta, tenía que seguir trabajando, cuenta, pero en un puesto de revisión de piezas. Ya no podía seguir en cadena.
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Durante semanas, volvió varias veces a la mutua. En una prueba, le diagnosticaron rizartrosis, lo que le valió a la entidad para argumentar en el juicio que había una dolencia previa al accidente y que no hubo error de diagnóstico. “Les dije que no podía ser, que nunca había tenido problemas con la mano”. Mientras tanto, seguía trabajando, en la fábrica y en la panadería. “Soy madre soltera, necesitaba el dinero”.
Dos meses después, viendo que la cuestionaban a pesar del dolor que tenía, optó por ir a la Seguridad Social. Del centro de salud la derivaron a Urgencias. Allí lo vieron enseguida. “El médico me cogió la mano y solo con verla me dijo: ‘Esto está roto”. Me puse a llorar. ‘¿Por qué lloras’, me preguntó. Y le dije que llevaba dos meses con la mano así y que la médico de la mutua me decía que solo quería cogerme la baja”. En la radiografía se vio la rotura del trapecio. “A los quince días me operaron”. Según relata, el hueso se había astillado en esos meses de espera, por lo que tuvo que someterse a una segunda operación.
Con el paso del tiempo, y como consecuencia de la lesión, perdió sus trabajos. “Económicamente lo he pasado fatal”, recuerda. También la movilidad de la mano. “No puedo hacer pinza con el dedo gordo, se me ha quedado rígido”. Cuatro años después, no considera una victoria haber ganado el juicio: “Claramente, he perdido. Reconocen que hubo una negligencia y me han dado menos de lo que he invertido. Es terrible”.