Obituario

Miguel Ángel Tejada Marrodán, agustino recoleto, navarro de adopción

Miguel Ángel Tejada Marrodán
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Miguel Ángel Tejada Marrodán
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Luis Landa

Publicado el 29/12/2025 a las 05:00

Con la muerte dejamos definitivamente de regresar a casa, el cuerpo se convierte en polvo y el espíritu regresa al Dios que le dio la vida. Pero lo más importante es reflexionar que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido, y si lo recordamos mantendremos vivas sus acciones. 

Miguel Ángel Tejada Marrodán nació en Tudelilla (La Rioja) el 1 de marzo de 1938. Hijo de Irene y Marcelo, además de Rita, realizó sus estudios en su pueblo y a los 14 años ingresó en la agustinos recoletos de Lodosa, más tarde en Fuenterrabía (Hondarribia). En 1960 realizó su noviciado en Monteagudo y la teología en Marcilla. El navarro monseñor Francisco Javier Ochoa le ordenó de sacerdote el 19 de julio de 1964 en Marcilla.

Su espíritu inquieto le llevó a ejercer su pastoral parroquial en la iglesia de Santa Rita de Madrid y de Santa Mónica de Zaragoza. Pronto sus superiores le descubrieron sus cualidades para la docencia, por lo que se trasladó a Pamplona en 1966 para estudiar Pedagogía en la universidad católica del Opus, completando su licenciatura en Madrid.

Avaló su amor a la enseñanza ejerciendo como profesor y como orientador en procesos de enseñanza-aprendizaje, diseños y evaluación de modelos educativos, asesoramiento académico, trastornos por déficit de atención e hiperactividad (hoy TDAH), así como en formación del profesorado. Miguel Ángel desempeñó esta labor educativa durante 36 años en los colegios agustinos de San Agustín de Valladolid y Romareda de Zaragoza, incluso a veces orientaba a los maestros de San Agustín de Chiclana de la Frontera (Cádiz).

El P. Tejada fue un religioso comprometido y servicial, por ello lo nombraron prior del monasterio noviciado de agustinos recoletos de Monteagudo (2006-2012), donde se encuentra el sepulcro de San Ezequiel Moreno y la Virgen del Camino, patrona del pueblo ribereño. Más tarde se trasladó como prior de la comunidad San Agustín de Valladolid, en especial para atender a los mayores y a los enfermos.

Riojano de nacimiento pero navarro de adopción -porque vivió muchos años en la Comunidad foral tanto de estudiante, de universitario y como responsable del convento de Monteagudo-, pasaba veranos enteros en Viana al lado de su amigo agustino José María Abadía y de su familia.

Miguel Ángel entendió que la muerte solo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor pasajero de la vida (porque se convierte en un entrenamiento) y conforme vivimos, morimos; y que la muerte forma parte de la acción de vivir. Para él, su objetivo era “el más allá” y todas sus acciones trascendían hacia el otro mundo espiritual, que consistía en tener un encuentro con Dios.

El P. Tejada hablaba sobre la muerte con naturalidad, porque sabía que había que vivir para el alma y no estar preocupado por las cosas materiales y caducas. Con el fallecimiento, el alma -inmortal y divina- alcanzaba su plenitud, se liberaba de las cadenas del cuerpo y pasaba de un ente engañoso, efímero, enfermo y corrupto a un estado de vida imperecedero para posar eternamente en el regazo divino.

Falleció el 21 de diciembre de 2025 a los 87 años y la misa funeral estuvo repleta de familiares, amigos y discípulos.

Como diría San Agustín de Hipona: “La muerte no es nada, lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo. Por favor, sigue pronunciando mi nombre en tu casa como siempre. No se te ocurra borrarme de tu mente porque mi cuerpo haya dejado de vivir. Te espero, no estoy lejos, justo al otro lado de tu habitación. Mi cariño y ternura siguen vivas, incluso están más fuertes. Si me amas, no llores más”.

Luis Landa El Busto (el autor es amigo de la familia)

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