Suceso
Vivir con una bala en la médula tras un tiroteo en Zizur: "Me ha jodido la vida"
El hombre de 43 años que recibió cuatro disparos de bala en marzo de 2024 cuenta en el juicio su versión de lo ocurrido. El acusado asegura que le presionaba y que no recuerda el tiroteo


Actualizado el 18/12/2025 a las 11:04
El hombre de 43 años que la tarde del 20 de marzo de 2024 tocó el timbre a un conocido en Zizur y echó a correr cuando este bajó a la calle y le empezó a disparar con un revólver llegó este miércoles al juicio en silla de ruedas. “De aquí para abajo no siento nada. Estoy aquí, pero como si no estuviera, preferiría estar muerto”, expresó con la mano en el pecho como referencia. Una de las cuatro balas que le impactaron continúa todavía incrustada en la médula espinal, porque es más peligroso extraérsela que dejársela, lo que le ha causado paraplejia.
El acusado, de nacionalidad española y en prisión desde entonces, se enfrenta a los 15 años que le pide la fiscal por tentativa de asesinato y los 25 de la acusación particular. La defensa reclama la absolución, al entender que el procesado actuó bajo un trastorno mental transitorio y por las presiones de la víctima, a quien señala como su ‘camello’. El juicio se celebró este miércoles en la Sección Primera de la Audiencia.
El herido, natural de República Dominicana, negó que fuera el proveedor de droga del acusado. “No sé por qué lo dice. Que asuma lo que ha hecho y que no busque excusas”. También rechazó tener problemas con él: “Yo pensaba que era mi amigo… no tenía problemas con él ni deudas. Si tengo problemas con él voy con una navaja o no voy”.
Relató que el acusado le llamó esa tarde “para tomar algo, como de costumbre”. Así que fue a la calle Santa Cruz de Ardoi. Tocó el timbre y esperó junto al portal. Eran las 20.30 horas. “Sale con una chaqueta en las manos. Le voy a estrechar la mano y, al sacarla, me dispara en la pierna dos veces. Me quedo en shock, le pregunto qué pasa y me dice: ‘Te voy a matar, puto negro”. A continuación, se intentó taponar las heridas. Una bala le había alcanzado la femoral. “Nunca he visto tanta sangre. Empiezo a correr y él me sigue y me dispara por la espalda. Una de las balas entra en mi cuerpo y ya no podía seguir —se detiene y llora—. Me caí al piso. Una vez allí me pone la pistola en la cabeza —se señala la parte superior— y me dice: ‘Te voy a rematar puto negro’. No sé por qué no terminó, si se quedó sin balas o qué. Yo pensaba que iba a morir. No tuve chance para defenderme”.
La víctima añadió que entonces se desmayó y que, al volver en sí , ya vio a la policía que apuntaba al agresor “para que bajara el arma”. Una vecina había llamado al 112.
El agredido detalló su estado actual tras los cuatro balazos que recibió, uno de los cuales le seccionó la médula: “Me ha jodido la vida”. No siente de cintura para abajo, no controla esfínteres, su pareja le dejó “a raíz de esto”, tiene un dolor crónico en la zona del hígado por otro de los disparos… Tras pasar por el hospital para parapléjicos de Toledo, siguió en Ubarmin, pero le dieron el alta y ya no puede costearse la rehabilitación. “Son 50 euros por sesión y se recomiendan tres a la semana. Yo no puedo permitirme eso”. Su abogado reclama 7 millones de indemnización al procesado, y la fiscal algo más de 2 millones.
La víctima está convencida de que el acusado le quería matar. “Si no, no me habría seguido. Cuando disparas a alguien cinco veces no es para asustarle, es para quitarle la vida”. También reprochó al procesado que no haya mostrado “ninguna señal de arrepentimiento”. Y terminó con una petición: “Que se haga justicia como si lo hubiera hecho yo siendo latino”.
EL ACUSADO DICE QUE LA VÍCTIMA LE PRESIONABA
El acusado, de 54 años, reconoce ser el autor de los disparos, aunque asegura que no recuerda nada de ese momento. Solo del antes y el después. Relató en el juicio que esa tarde había llamado a la víctima, porque era quien le vendía cocaína, y le compró cuatro gramos. “Me los trajo y le pagué”. Una vez consumidos esos cuatro gramos, afirma que volvió a llamarle, “para quedar y consumir”. Y que discutieron por wasap porque, según su versión, él le obligaba a comprarle más droga, cada vez le subía más el precio y le amenazaba con contarlo a su mujer e hijas, presentes ayer en el juicio. “Me estaba extorsionando y debo 30.000 euros a los bancos por las deudas que tenía por consumos”. Tras esa discusión, añade que la víctima le tocó el timbre y él bajó a la calle. “Por lo que me han dicho, llevaba la pistola. Pero ya no me acuerdo de lo que pasó, solo un poco el final: él estaba en el suelo y yo apuntándole, pero no le disparé”. El acusado tenía cinco licencias de armas en vigor.
A preguntas de la fiscal y su abogada (no respondió a la acusación particular), negó que quisiera matarle, de ahí que no disparara cuando le apuntaba a la cabeza y él estaba en el suelo. “Es que solo quería asustarle”. Insistió en que la víctima le llevaba “al límite” y estableció un paralelismo con un suceso traumático de su adolescencia. “A nivel psicológico se me ha quedado mucho trauma, y en lugar de ir a mejor he ido a peor”. Se refería a que cuando tenía 15 años fue condenado por haber matado a su padre, por lo que en 1989 le impusieron dos años del entonces reformatorio. Según las noticias publicadas en aquel momento, el parricidio se cometió en un contexto de continuas denuncias al padre por malos tratos hacia su mujer y sus hijos, entre ellos el ahora acusado.
FACULTADES AFECTADAS
El forense que se entrevistó con el acusado concluyó que pudo tener sus facultades afectadas de forma moderada, pero no anuladas, debido al trastorno mixto de personalidad que sufre (una tendencia psicopatía con un trastorno disocial), lo que unido a un consumo de cocaína pudo hacer que actuara “de una forma más impulsiva”. Acerca del trauma por el parricidio por el que fue condenado hace más de tres décadas, el forense estimó que una persona que ha crecido en un entorno violento “puede acostumbrarse a vivir de esa forma y verlo normal”, lo que unido a su trastorno puede hacer que el temor a que los demás le quieran causar un daño “lo tiene más acentuado”.
Ocho días antes de los hechos ocurridos en Zizur en 2024, el procesado estuvo en Urgencias. “Estuve toda la noche consumiendo, había tomado cocaína, pastillas, alcohol... Estaba muy mal fuera de mí. Fui a pedir que me ingresaran en Psiquiatría”, declaró. Anteriormente había estado en varios de centros de desintoxicación. Para la defensa, el acusado tiene que ser absuelto por no ser imputable debido a su trastorno y al efecto del consumo de drogas. Fiscal y acusación, por su parte, no ven probada ninguna atenuante. La víctima negó que el acusado estuviera afectado cuando cometió los hechos.“Alguien borracho o drogado no acierta unos disparos por la espalda”.