Camino de Santiago

Peregrinos de invierno en Navarra: "Duermo en la calle, junto a las iglesias, y me lavo en los baños de los bares. Solo quiero vivir la aventura"

Más de 42.000 peregrinos han pasado por Roncesvalles en 2025. En noviembre fueron 345 (230 extranjeros) bajo la lluvia y el frío, guiados por fe, búsqueda interior y aventura

Alexander, programador ucraniano de 43 años que huyó de la guerra
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Alexander, programador ucraniano de 43 años que huyó de la guerraIVÁN BENÍTEZ
Alexander, programador ucraniano de 43 años que huyó de la guerra

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Iván Benítez

Publicado el 08/12/2025 a las 05:00

Una informática coreana de 32 años asciende a pie por la N-135, desde Valcarlos hasta Ibañeta, con una mochila de diez kilos a la espalda. A ambos lados de la carretera, las regatas desbordan agua y serpentean ladera abajo, dejando al descubierto el pulso del monte. 

A ratos, sin pretenderlo, se deja llevar por el murmullo de la naturaleza. Camina por el centro del asfalto, ajena al riesgo que implica. Tráilers suben y bajan, rompiendo el silencio invernal: cumbres nevadas, árboles que aún conservan el fuego del otoño, humedad y una llovizna persistente. “¿Qué hago aquí?”, se pregunta, sorprendida y sonriente. Se llama Hyeon Sun y asegura que solo busca una cosa: ser feliz. “Be happy”. Y sigue adelante. 

ESCOCIA. Ben Zui, piloto de helicópteros de 47 años, llegando a Erro.
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ESCOCIA. Ben Zui, piloto de helicópteros escocés  de 47 años, llegando a Erro.Iván Benítez
ESCOCIA. Ben Zui, piloto de helicópteros de 47 años, llegando a Erro.

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Mientras tanto, en el kilómetro 27 de la N-135, rumbo al puerto de Erro, un piloto de helicópteros escocés de 47 años, con sombrero cowboy, barba espesa y una mochila de 14,5 kilos, avanza siguiendo una delgada línea azul pintada en la calzada. Esquiva los coches cada vez que escucha un motor. Se juega literalmente la vida, sin chaleco reflectante que lo haga visible, echándose a la cuneta en cuanto siente acercarse un vehículo. Ben Zui, que así se llama, desconoce que en octubre, no muy lejos de allí, en Larrasoaña, una peregrina coreana de 48 años fue atropellada en una situación similar. Eran las siete de la mañana, aún de noche. Un camión golpeó el bastón de una de ellas, y el impacto la lanzó contra el petril. 

En lo alto del puerto de Erro, algo más adelante, un militar italiano de 43 años ha optado por la ruta de montaña. Camina hacia Zubiri con una mochila de doce kilos y una fotografía de su hija en la pantalla del móvil, que observa cada pocos pasos. 

ITALIA. Armando, militar de 43 años.
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ITALIA. Armando, militar italiano de 43 añosIván Benítez
ITALIA. Armando, militar de 43 años.

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La lluvia y el cielo boscoso dan paso a los primeros claros al llegar a Pamplona. Una ventana azul se abre para el caminante al coronar el Alto del Perdón. Aquí, el Camino de Santiago alcanza una dimensión especial. Todo parece un lienzo de Pedro Salaberri: pinceladas de campo, cielo y viento. No hay peregrinos a la vista a las once de la mañana. Tampoco en Uterga. Hay que llegar a Puente la Reina para encontrarlos. El viento sigue cortante. 

ALTO DEL PERDÓN. Aquí, el Camino de Santiago alcanza una dimensión especial. Todo parece un lienzo de Pedro Salaberri: pinceladas de campo, cielo y viento.
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ALTO DEL PERDÓN. Aquí, el Camino de Santiago alcanza una dimensión especialIván Benítez
ALTO DEL PERDÓN. Aquí, el Camino de Santiago alcanza una dimensión especial. Todo parece un lienzo de Pedro Salaberri: pinceladas de campo, cielo y viento.

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Alexander, ucraniano de 43 años, cubierto con un gorro de lana, lo fotografía todo al pisar el puente románico de Gares. Mientras avanza, cuenta que es programador, que nació en Kiev y huyó de la guerra hace tres años y medio. Viajó a Madrid, donde vive de lo que gana instalando ventanas. Habla apoyado en una vara recogida al iniciar su periplo en Francia. Su equipaje se resume en dos pantalones, dos sudaderas y un saco de dormir. En el pecho, una mochila cruzada con cuatro latas de atún, pan de molde y una cantimplora con leche. 

UCRANIA. En Puente la Reina, Alexander, programador ucraniano de 43 años que huyó de la guerra.
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UCRANIA. En Puente la Reina, Alexander, programador ucraniano de 43 años que huyó de la guerra.I.B.
UCRANIA. En Puente la Reina, Alexander, programador ucraniano de 43 años que huyó de la guerra.

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Entre los pocos españoles, a los pies de la iglesia de Lorca, entre luces y sombras, Rafael García, madrileño de 45 años y técnico de oficina, almuerza fruta antes de proseguir hacia Estella. “Por detrás viene una peregrina oriental”, comenta. “A unos diez minutos”. Así es. Tras él avanza Sun Yan, ingeniera china de 33 años, que cruza el puente medieval sobre el río Salado, el mismo donde, según el Códice Calixtino del siglo XII, los lugareños azuzaban a los caballos a beber un agua envenenada que terminaba matándolos, para poder saquear a sus jinetes. 

CHINA. Sun Yan, ingeniera china de 33 años, que cruza el puente medieval sobre el río Salado.
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CHINA. Sun Yan, ingeniera china de 33 años, que cruza el puente medieval sobre el río Salado.I. Benítez
CHINA. Sun Yan, ingeniera china de 33 años, que cruza el puente medieval sobre el río Salado.

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En la carretera paralela, un padre y su hija coreanos, apellido Kong —ella peluquera de 22 años, él ingeniero de 55—, mantienen un paso firme. Tienen por delante treinta días para llegar a Santiago. “Nos gusta España”, resume ella en un castellano fluido aprendido en Corea. “Queremos viajar y caminar. Nos gusta la naturaleza y las calles limpias que tenéis. Está todo tan limpio”. 

El fenómeno coreano ya no sorprende. Desde hace años, Corea del Sur figura entre los países con más peregrinos en el Camino de Santiago. Allí se entrelazan espiritualidad, cultura popular y necesidad de desconexión. El elevado estrés académico y laboral convierte esta ruta en un refugio, especialmente en invierno. Obras como The Pilgrimage Road to Santiago (Kim Nam Hee, 2006) o la serie Buen Camino (2014) han consolidado esta tendencia. 

COREA DEL SUR. Un padre y su hija coreanos, apellido Kong: ella peluquera de 22 años, él ingeniero de 55, en dirección Estella.
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COREA DEL SUR. Un padre y su hija coreanos, apellido Kong: ella peluquera de 22 años, él ingeniero de 55, en dirección Estella.Iván Benítez
COREA DEL SUR. Un padre y su hija coreanos, apellido Kong: ella peluquera de 22 años, él ingeniero de 55, en dirección Estella.

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El auge chino es más reciente. En 2024, un total de 2.557 peregrinos chinos recogieron la Compostela, frente a los 1.036 del año anterior. Aún están lejos de los casi 40.000 estadounidenses o los 29.000 italianos, pero el crecimiento es sostenido. 

La película The Way ha despertado interés, y en los últimos años, las redes sociales han multiplicado la visibilidad del Camino entre estudiantes chinos que residen en Europa. Sun Yan lo resume mientras camina hacia Estella: “Me gusta mi trabajo. Solo busco relajarme, cambiar mi forma de vida. En mi país hay algo de estrés. Quiero conocer gente, nuevas culturas, nuevas actitudes”.  En la misma línea responde Rafael García, el madrileño que almuerza en Lorca. Repite experiencia. “Intento no pensar. Busco mi silencio interior. Conocer gente. En Madrid hay demasiada prisa y ruido”. Este año se ha marcado como meta llegar a Burgos. 

En Puente la Reina, Alexander, el ucraniano que huyó de la guerra, ha hecho del Camino una apuesta por la improvisación. “Duermo en la calle, junto a las iglesias. Me lavo el cuerpo y la ropa en los baños de los bares. Solo quiero vivir la aventura, conocer gente, hacer turismo”. Evita hablar del conflicto: “Di el portazo a la guerra. No quiero saber”. 

Sobre la N-135, Ben Zui, el escocés, sigue su marcha bajo la llovizna. “Este tiempo es como Escocia”, sonríe. No regresa al trabajo hasta marzo y ha decidido dedicar estos meses a caminar. “No es lo que esperaba: todo está cerrado. Solo quiero andar y limpiar la mente. No soy un peregrino al uso; busco comodidad”, admite. 

Hasta el 2 de diciembre, Galicia ha recibido en 2025 un total de 527.917 peregrinos: 227.304 españoles y 295.787 extranjeros. Tras España destacan Estados Unidos (43.811), Italia (26.541) y Alemania (22.591). 

El flujo constante de caminantes también se refleja en los registros de la Real Colegiata de Roncesvalles. Según los datos recogidos entre el 1 de enero y el 30 de noviembre de 2025, un total de 42.027 peregrinos pasaron por este enclave navarro. De ellos, 22.042 eran hombres y 19.985 mujeres. En cuanto a su origen, 8.220 eran españoles y 33.807 extranjeros. Solo en noviembre atravesaron Roncesvalles 345 peregrinos: 225 hombres y 120 mujeres. De ellos, 115 eran españoles y 230 extranjeros. 

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COREA DEL SUR. La informática coreana Hyeon SundIván Benítez
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A pesar del frío, la lluvia y la disminución de servicios en la ruta, los datos confirman que el Camino no se detiene. Entre quienes avanzan estos días, destaca por su historia Armando, un militar italiano de 43 años que camina con la imagen de su hija Gioia, de nueve años, en la pantalla del móvil. En la fotografía aparecen abrazados en una playa. La niña nació con una enfermedad que afecta a sus capacidades psicomotoras y neurológicas. “Hago el Camino para aliviar tanto sufrimiento que llevo dentro, para rezar por ella, para que mejore. Para pedir la bendición de Dios”. Armando cuenta que hizo por primera vez esta ruta cuando Gioia nació, en plena rabia y dolor. “Estaba muy enfadado con Dios”. Y fue al caminar, en soledad, por estos recovecos de la vida que tenemos delante pero tan apartados de los sentidos, aquí, entre caminos y naturaleza, donde encontró la calma y las respuestas a su dolor. Para él, el Camino es un “mensaje” que ayuda a aliviar el alma. “Mi hija se llama Gioia: ‘alegría’ en italiano”. Sonríe. 

Y así transcurre diciembre en el Camino. Cada peregrino —la informática coreana Hyeon Sun, el escocés Ben Zui, el italiano Armando, la ingeniera china Sun Yan, el programador ucraniano Alexander, el técnico madrileño Rafael García, la familia Kong y tantos otros— avanza por Navarra con un motivo distinto, que en realidad es el mismo: silencio, alivio, aventura, desconexión, fe o, simplemente, el deseo de seguir adelante. Caminar. No pensar.

Armando camina por su hija Gioia, de nueve años, en la pantalla del móvil.
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Armando camina por su hija Gioia, de nueve años, en la pantalla del móvil.Iván Benítez
Armando camina por su hija Gioia, de nueve años, en la pantalla del móvil.

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