Iglesia
El cura incombustible, en activo a los 95 años
Ramón Apezetxea Zubiri, nacido en Goizueta en 1930, atiende las parroquias de Almandoz, Aniz y Berroeta y la residencia de Elizondo


Publicado el 22/11/2025 a las 05:00
Ramón Apezetxea Zubiri es el sacerdote de más edad en activo en la diócesis de Navarra. Tiene 95 años, le faltan apenas dos meses para alcanzar los 96 y atiende las parroquias de Almandoz, Aniz y Berroeta, en el valle de Baztan. También acude todos los sábados a la residencia de mayores Francisco Joaquín Iriarte, de Elizondo, donde ejerce de capellán y celebra misa. No acaba ahí su labor pastoral. Es músico y toca el órgano, el armonium o el piano en funerales de otros pueblos en los que no cuentan con organista. Y asegura diáfano que toda esta tarea es para él algo sencillo. “Aisa egiten dut”, dice en el euskera de su Goizueta natal, un dialecto cargado de musicalidad que conserva a pesar de tantos años fuera de su pueblo.
Nacido el 26 de enero de 1930, en Almandoz lleva nada menos que 62 años como sacerdote. Pero su andadura sacerdotal había comenzado mucho antes. Su primer año estuvo destinado en África, “con los militares, los legionarios”. No le fue mal por allí, apunta. Después, sirvió un año en Pamplona y en Vitoria y un total de seis en Bakaiku; al terminar esta etapa cambió de comarca camino del Bidasoa. Recaló un año en la parroquia de Etxalar y de allí a Baztan, donde suma más de seis décadas, “contento” con sus feligreses. Para un sacerdote en estos tiempos y en pueblos pequeños es necesario el coche. Él conduce y se desplaza, kilómetros cada semana. “Si me quitan el coche, adiós”, señala resuelto Ramón Apezetxea, un hombre conversador, que atiende con paciencia las llamadas. Describe que “siempre hay algo que hacer en las parroquias” y apela a la “conformidad”. Lo considera “un valor”. Eso y la ilusión. “Es la que te da fuerzas para hacer las cosas, si pierdes la ilusión, no hay nada”, reflexiona.
Recientemente, la asociación de jubilados Arkupeak de Baztan Bidasoa y Leitzaldea, le tributó un pequeño homenaje por tantos años de labor pastoral en la comarca. Fue en el castillo de Gorraiz, en el transcurso de la fiesta que la entidad organiza con motivos de los reconocimientos a personas que cumplen 85 años y a los matrimonios en sus bodas de oro o diamante. Le acompañó en la jornada Juan Zabala, párroco de Santesteban entre otras localidades de Malerreka y delegado de Pastoral Social y Humana en la diócesis. Ramón acogió con humildad el galardón y continuó con su labor diaria. Porque un cura, subraya, lo es las 24 horas del día. Y eso, a pesar de la evidente secularización de la sociedad. “Sí las iglesias están más vacías, son otros tiempos, pero con ellos tenemos que seguir adelante y atender a todas las personas en la fe”, viene a decir desde la casa parroquial de Almandoz. Para él las labores del hogar en la casa parroquial son “un hobby”, le entretienen, asegura. Y lo que le gusta mucho, su gran afición, es la electricidad. Él mismo ha cambiado y renovado la instalación eléctrica “en tres o cuatro iglesias” y aún arregla una cosa por aquí otra por allá, pequeñas reparaciones.
Otra de sus aficiones es la pelota. Recuerda que en el seminario, en su época, jugaban mucho a pelota, también en el claustro de la catedral. Su relato evoca las imágenes de los sacerdotes con sotana y los seminaristas, tan numerosos entonces, practicando este deporte en los ratos de ocio. Además, Apezetxea es tío de Asier y Aimar Olaizola Apezetxea, laureados pelotaris goizuetarras. Con ellos ha recorrido muchísimos frontones, tantos partidos, tantas finales.
El veterano sacerdote cuenta su periplo vital al poco de llegar de Lesaka, donde ha visitado a otro sobrino, José Antonio Apezetxea, sacerdote recién destinado en las parroquias de Lesaka y Bera. “Antes estuvo en pueblos de la Barranca y vivía en Zamartze, ahora está por aquí”, explica y recuerda que tuvo también un hermano sacerdote, Pello Apezetxea, quien durante décadas atendió la parroquia de Etxalar y que fue una referencia en el impulso de la cultural local y del euskera.
Ramón Apezetxea vuelve de visita a su pueblo, “de vez en cuando”. Conoce bien la carretera. “Hay una hora de camino entre Almandoz y Goizueta, justo. Y desde el alto de Basa Kabi, en Leitza, hasta Goizueta, son quince kilómetros con más de cien curvas, las conozco bien”, se despide amable el sacerdote, camino de su siguiente misa.