Obituario
Carmen López Carracedo: una vida chill al servicio de los demás


Publicado el 07/08/2025 a las 11:55
Falleció el 1 de agosto Carmen López Carracedo, con 39 años recién cumplidos. Es un nombre que quizá a la mayoría de lectores de Diario de Navarra no les dice tanto, sin embargo, quizá sí su cara, su sonrisa, su buen hacer a sus pacientes del centro de salud, a los fieles que se encontraban con ella en la iglesia de San Saturnino donde iba a pedir ayuda a la Virgen del Camino, patrona de Pamplona, a aquella mujer atrapada en la prostitución que encontró en la iglesia de san Miguel, y sin duda, a tantas estudiantes a quienes ayudó, que hoy están en todos los puntos del planeta. Es el nombre de una persona con una vida sencilla pero que ha tenido un impacto muy grande en muchos corazones. Entre los muchos mensajes recibidos tras su fallecimiento, una amiga suya la definía como “una persona extraordinaria diseñada por Dios para el cielo”.
Tras los primeros días de inmenso dolor y pena por su marcha, quiero detenerme hoy en tres rasgos de su personalidad, que han repercutido y beneficiado no solo a los que la hemos conocido en primera persona, sino a tantas personas que de manera indirecta se han beneficiado de su vida: su capacidad de amar, su confianza en la medicina y su entusiasmo por la vida.
La amistad de Carmen no tenía fronteras. Mujer de mundo, que le encantaba viajar y que recorrió muchos países, y amiga fiel que estaba siempre pronta para acoger y dejarse acoger. Amante de la libertad era la primera defensora de la libertad de los demás, lo que hacía que uno se sintiera seguro cerca de ella. Su longitud de órbita no se limitaba a las personas cercanas, sino a las familias de sus amigas, pues entendía que una persona no es nadie sin su familia. Como buena hija de su tierra Galicia, Carmen era discreta, hablaba más con los hechos que con las palabras.
A Carmen le encantaba su profesión de médico y sobre todo, su labor en la sanidad pública como médico de familia. En el trasfondo de su ejercicio profesional y de su vida diaria empleaba el leitmotiv “+D”, esto es, “todo lo que hago tiene además el plus de la mano de Dios, que está presente conmigo en todo lo que hago”. En un viaje que hizo al Santuario de Torreciudad dejó a la Virgen este mensaje y desde entonces lo tenía como recordatorio de vida y perfil de su whatsapp. Tenía una gran capacidad para explicar con lenguaje sencillo el transcurso de la enfermedad ajena y en los dos últimos años, propia. El 26 de junio de 2023 le diagnosticaron un cáncer de pulmón y tras la primera reacción ante lo inesperado, hizo una apuesta firme por confiar en el poder curativo de la medicina, sin dejar de ser consciente de la gravedad de su enfermedad. Aunque en estos dos años apenas hubo mejoría, no dejó de mantenerse abierta a nuevos tratamientos y ensayos. Cuando le preguntabas cómo se encontraba, contestaba con serenidad y sin dramatismo cuáles eran los siguientes pasos que iba a dar. Ante cualquier cambio de tratamiento por el avance de la enfermedad solía decir “recalculando la ruta, con Dios a mi lado”.
Y finalmente, diría que Carmen amaba la vida. Le encantaba arriesgar siempre por amor a los demás, no escatimaba sacrificios por otros y disfrutaba con lo que hacía tanto en el colegio mayor donde vivía, como en sus tareas de formación y acompañamiento a la gente joven, con sus pacientes, con sus amigos de la carrera, con sus sobrinos y hermanos, con sus padres, haciendo deporte. Vivió cada día al máximo, sin detenerse ante el devenir, que ya vendría. Vivió los días de enfermedad pero no como una enferma, sino como una persona que busca la manera de continuar, con algunas limitaciones, la misión de su vida:poner todas sus cualidades al servicio de los demás.
Todos estos rasgos de su personalidad, que sin duda los aprendió en su familia, se vieron enriquecidos gracias a su vocación al Opus Dei como numeraria. Entendió que había venido a este mundo a amar a los más cercanos y sabía confiar en Dios, y en la Virgen del Camino, cuando el caminar se le hacía cuesta arriba y aparecían los obstáculos en el camino. Es sorprendente cómo Dios le otorgó una madurez impropia de una persona que todavía no había cumplido 40 años. Ciertamente todos los que la hemos conocido nos sentimos muy agradecidos por haberla encontrado en nuestro camino.
Carmen López Carracedo nació en Coruña el 28 julio de 1986. Es la pequeña de tres hermanos. En 2004 se trasladó a Pamplona a estudiar medicina en la Universidad de Navarra. Cuando terminó preparó el MIR y eligió la especialidad de médico de familia. Trabajó en el centro de salud de San Jorge.
Del 2018 a 2022 vivió en San Sebastián, trabajó en centros de salud, mientras dirigía el Colegio Mayor Jaizkibel. Entonces empezó a aprender euskera. En estos años siempre ha vivido rodeada de estudiantes en colegios mayores: Aldaz, Goroabe, Jaizkibel, Goimendi y en la sede de la asociación juvenil Quinto Real en Cizur menor.
Mercedes Medina, Catedrática de Comunicación de la Universidad de Navarra, es amiga de la fallecida