Ignacio Araujo, el arquitecto del campus


Actualizado el 01/07/2025 a las 09:27
Hace unos días nos dejó Ignacio Araujo, uno de los nombres propios que contribuyeron de manera determinante a la configuración de la Universidad de Navarra.
Nacido en Madrid en 1929 y formado como arquitecto en la escuela de la capital, llegó a Pamplona a finales de los cincuenta (había terminado su carrera en el año 1955), junto con Juan Lahuerta, para poner en marcha una oficina técnica que desarrollara los nuevos edificios del naciente campus de la Universidad de Navarra. Sin embargo, pronto recibiría un encargo aún más complejo, la implantación de los estudios de arquitectura en la Universidad.
En 1964, cuando la Escuela de Arquitectura comenzaba su historia, Ignacio Araujo figuraba como su primer director y responsable de la docencia del dibujo artístico, Análisis de Formas Arquitectónicas según el recién estrenado Plan 64.
Para entonces, el campus ya contaba con algunas de sus obras en distinto grado de ejecución; edificios tan significativos para la imagen de la Universidad como Medicina, la Clínica, la Biblioteca o los Colegios Mayores de Belagua, Goimendi, Goroabe y Aralar estaban ya finalizados o en obra. Más tarde, ya sin Juan Lahuerta, que había fallecido tempranamente en 1993, vendrían otros como la ampliación de Bibliotecas, el edificio Los Castaños, el oratorio de la Clínica o el Colegio Mayor Olabidea.
En estas obras Araujo exhibe una variada paleta de recursos estilísticos que van desde la racionalidad extrema de Medicina, la Clínica, la Biblioteca o las Torres, al costumbrismo amable de Belagua o Goimendi. No obstante, a pesar de la variedad de registros que muestran, en todas ellas se puede apreciar la elegancia y facilidad compositiva que caracterizaba su trabajo, puestas siempre al servicio del carácter concreto que quería conferir a cada edificio. El reconocimiento por parte del Docomomo Ibérico de algunos de ellos -la Clínica y la Biblioteca, sus preferidos- certifica su condición de gran arquitecto.
Aunque su gran obra fue la institución de la Escuela de Arquitectura. En una entrevista reciente, relataba cómo le fue hecho el encargo por el rector José María Alvareda y el apoyo que recibió de gente como Rafael Echaide, Jaime López de Asiáin y, sobre todo, de César Ortiz-Echagüe, con el que realizó un viaje por Europa para conocer las escuelas más prestigiosas.
Además, tuvo que involucrar a distintos profesores para poder poner en marcha el centro y, aunque dejó la dirección de la Escuela de Arquitectura a Javier Lahuerta en 1970, nunca dejó de ser el auténtico motor del funcionamiento interno del centro hasta su jubilación.
En paralelo a todo este trabajo de gestión y sin dejar de trabajar como arquitecto, Ignacio Araujo inició su propia carrera académica ocupándose de la docencia en Expresión Gráfica. Su labor en este apartado no se limitó a la enseñanza del dibujo, una materia que dominaba con extraordinario virtuosismo, sino que se vio acompañada por un notable esfuerzo intelectual que le sirvió para construir un discurso teórico sobre el dibujo en arquitectura. En esto se anticipó a una corriente que se impondría a partir de entonces: la búsqueda de un estatuto disciplinar para la enseñanza gráfica que trascendiera su condición de oficio más o menos artesano. Este esfuerzo culminaría con la publicación en 1976 de su libro La forma arquitectónica, que haría de Ignacio Araujo un pionero en la construcción teórica del Análisis de Formas como disciplina no sólo práctica. En 1979 conseguiría por oposición la Cátedra de Proyectos Arquitectónicos en la Universidad Politécnica de Valencia, docencia que asumiría en la Escuela de Pamplona hasta el final de su carrera académica.
Toda esta ingente labor de servicio nos habla de su generosidad, su dedicación entusiasta al proyecto Universidad de Navarra, libre de todo egoísmo o ambición propia. Y los que le conocimos de cerca podemos dar testimonio de su tremenda humanidad, su alegría y su fe; componentes esenciales de una vida ejemplar.
Mariano González Presencio es arquitecto y profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra