José Luis Asín, viudo: "La muerte de mi mujer por cáncer me dejó totalmente vacío"

La vida de este jubilado de 68 años dio la vuelta por completo en 2023. De los viajes con su mujer, al diagnóstico de cáncer, los tratamientos y su muerte el pasado junio

José Luis Asín, nacido en Cortes hace 68 años, perdió a su mujer hace once meses.
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José Luis Asín, nacido en Cortes hace 68 años, perdió a su mujer hace once meses.
José Luis Asín, nacido en Cortes hace 68 años, perdió a su mujer hace once meses.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 25/05/2025 a las 19:31

José Luis Asín observa a las parejas que caminan por la calle. Se fija en su manera de andar, si se agarran del brazo, se sonríen o se dan la mano. Gestos cotidianos que para él no pasan desapercibidos. Porque ya no puede aferrarse a los dedos de su esposa para pasear. Loli falleció el 7 de junio del año pasado a los 67 años, once meses después de que él cáncer se colara entre la pareja. José Luis Asín Buñuel (Cortes, 1957), con una hija de 36 años y una nieta de 7, asegura que se sintió “totalmente vacío” cuando perdió de manera tan repentina a su mujer. Un proceso de duelo muy amargo que ha podido digerir más fácilmente con el apoyo de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), con la que ahora colabora como voluntario, con la venta de lotería y la cuestación. “Son maravillosos y muy empáticos. Te dan sin pedir nada”.

La historia de este matrimonio es como la de tantos otros que espera con ansias la jubilación para viajar y disfrutar tras años de trabajo. En el caso de José Luis, como profesor de FP de Electrónica en varios centros y que ocupó diversos cargos en el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. Y en el de Loli, como autónoma. Al cumplir 61 los dos comenzaron su particular jubileo. “El 2023 fue maravilloso. Estuvimos en un balneario, en Santander, en Salou, en el pueblo... Todo iba bien hasta el 13 de agosto”. Aquel día, dos antes del cumpleaños de Loli, ella comenzó a tener fuertes dolores en el abdomen. Al ingresar en urgencias, les espetaron el peor diagnóstico: tenía una masa tumoral de once centímetros entre el estómago, el hígado y el páncreas. “Nos miramos y nos echamos a llorar. Nuestro mundo se tambaleó por completo”.

QUIMIO Y RECETAS DE COCINA

A partir de entonces, comenzaron los tratamientos de quimioterapia. “Resultó durísimo. Se le caía el pelo, perdía peso, le temblaban las manos, se le llenaba la boca de llagas... Estaba tan deprimida que buscamos ayuda y la encontramos en un psicooncólogo de la asociación”. José Luis también acudió en alguna ocasión. “Porque yo no podía venirme abajo. Tenía que estar fuerte y animado aunque cuando me iba a pasear me echaba mis lloreras”.

Mientras, él, que no sabía cocinar, aprendió a preparar merluza en salsa, ajoarriero, natillas, arroz con leche... Una recetas que aún guarda en su móvil. “Yo solo lo hacía para que ella que comiera pero, sin saberlo, me enseñó a cocinar para cuando me quedara solo”, se emociona al recordarlo.

Los tratamientos iban funcionando y el tumor había desaparecido. El pasado 3 de junio, Loli recibió su penúltima sesión de inmunoterapia y el 4 acudió a su consulta con el psicólogo. “Estaba feliz y ya habíamos comenzado a preparar el verano. Compramos unas sillas para la terraza, que no llegué a montar”. Porque dos días después, y tras haber estado paseando por Barañáin, donde viven, Loli se desmayó en la calle. Al llegar a urgencias les confirmaron que ella había sufrido una hemorragia intestinal repentina que no fueron capaces de frenar. Y esa misma madrugada, falleció en la UCI. “Como ella quiso porque no sufrió. No tenía miedo a la muerte pero sí al tratamiento y al dolor. Se fue en paz”.

A partir de ese momento, José Luis tuvo que empezar a recomponer las piezas del puzle de su vida. Y tras el verano, asistió a un taller de duelo en grupo en la asociación. “Me ayudó mucho conocer a otras personas en la misma situación. Al principio, no lo asimilas. ¿Cómo es posible que un día bajáramos a la calle y ella nunca volviera ya a casa? Me quedé totalmente vacío. ¿Con quién iba a hablar? ¿A pasear?”

El taller, insiste, le ayudó a “soltar” y compartir sus sentimientos. “Hice amistades y a veces hemos quedado a tomar café". En la AECC les ofrecieron también una conferencia para preparar la primera Navidad sin un ser querido. "En mi mesa había muchos muertos. A mí me faltaba mi mujer; a mi hija, su madre; a mi nieta, su abuela; y a mi yerno, su suegra. Siempre que se acerca una fecha señalada, se pasa muy mal". Tras finalizar el taller de duelo, José Luis reconoce haber atravesado momentos muy duros, por lo que volvió a pedir ayuda al mismo psicooncólogo que atendió a su mujer. "Es importante colaborar con la asociación para que continúe presentando estos servicios, que para los pacientes y sus familias son gratuitos". Ahora, cuando va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de su mujer, José Luis ha recuperado algo su vida y sale a pasear y de excursión con amigos. "Estoy arropado". Aunque siempre estará presente el recuerdo de Loli cuando observa a las parejas caminar por la calle de la mano. 

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