Esteban López-Escobar, cuando un maestro se va


Publicado el 20/03/2025 a las 08:00
La madrugada de este pasado 11 de marzo falleció Esteban López Escobar y, cuando un maestro se va, deja un sentimiento de vacío entre sus antiguos alumnos, en mi caso, como profesor de Opinión Pública en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.
Su triste pérdida se suma a otras recientes de profesores que también fueron pilares de la Universidad de Navarra, como Rafael Alvira y Alejandro Llano. Todos ellos con una edad similar (poco más de ochenta años) y un prestigio basado en el ejemplo, que supone siempre la herramienta más potente de enseñanza, ya que implica una actitud completa y moral, la coherencia entre vida y obra, entre teoría y praxis.
El profesor López-Escobar fue un investigador de la comunicación y, desde su base académica y vital en Pamplona y concretamente en la Universidad de Navarra, exploró también lejos propuestas representativas en la materia, especialmente en Europa y EE UU, en autores como Le Bon, McLuhan, McCombs o Noelle-Neumann, en un contexto de creciente globalización e influencia de los medios de comunicación en todos los aspectos de nuestra vida.
Cuando un maestro se va, provoca una reflexión: ¿qué aprendí con él? O mejor dicho, ¿qué aprendí de él? En estos casos, lo que nos queda a sus estudiantes no son meros contenidos o ideas, sino actitudes, así como disposiciones a tener curiosidad, a conocer más, a ser, en definitiva, mejores. Esteban era una persona que suscitaba interés a través de generar cierto misterio y sofisticación en lo que enseñaba. En este sentido, estaba abierto a la realidad y era un apasionado de la actualidad, identificando dinámicas y tendencias, en especial en el ámbito de la comunicación y la opinión pública. En un mundo en el que la política se ha reducido en demasiados casos a la propaganda y las fake news son una herramienta habitual para hacer política, el profesor López-Escobar era un referente del estudio de las teorías de la información y la comunicación como fuerza de compensación, incluso de rebeldía, frente a un pensamiento homogeneizador y superficial cada vez más fuerte, defendiendo la crítica constructiva y la opinión pública informada como maneras de consolidar las bases de sociedades maduras.
En oposición a una realidad a la deriva en muchos aspectos, encontraba en los valores éticos y la integridad moral, que ni se compran ni se venden, un salvavidas frente a nuestra crisis de identidad. Todo esto lo advirtió Esteban y reflexionó sobre sus posibles soluciones con convicción e ilusión. Para él, el mundo siempre podía ser mejor, en un perfeccionamiento que debía ser integral y basado en crear lazos de solidaridad a través de la comunicación.
Gracias, Esteban, por esa visión humanista internacional que tanto contribuyó a abrir nuestros horizontes intelectuales y hacernos mirar hacia fuera para encontrar respuestas a problemas esenciales de nuestras sociedades de masas y de consumo. La última vez que hablamos por teléfono, conversamos sobre la situación en el mundo y el posible resultado en las elecciones americanas del pasado noviembre. Así mismo, me comentó que tenía un “libro en imprenta”, ya que su actividad teórica continuaba, a pesar de su jubilación como profesor, lo que me demostró que los intelectuales vocacionales como él no se retiran, sino que su reflexión y magisterio siempre prosiguen por mucho que pase el tiempo e incluso puedan mermar sus fuerzas y capacidades. El mundo es un reto demasiado apasionante para dejar de hacerlo.
Cuando un maestro se va, como cuando lo hace cualquier persona querida que ha sido un referente, como en mi caso recientemente también mi Tío Canito, provoca pena y vacío, pero a esto se añade, sobre todo cuando pasa algo de tiempo, un sentimiento de satisfacción por el tiempo vivido juntos y el haber sido testigos de vidas fecundas al servicio de unos ideales que hacen de nuestra vida y sociedad un lugar mejor.
En definitiva, cuando un maestro se va, como Esteban, en el fondo, si lo pensamos bien, no se termina de haber ido. Quedan para siempre su ejemplo, su generosidad y nuestro agradecimiento por lo que nos enseñaron.
*Ignacio Salinas Casanova, es antiguo alumno del profesor Esteban López-Escobar y vicepresidente del Círculo de Navarra en Madrid.