Una sospecha que les llevó a la cárcel
Un policía nacional destinado en Navarra observó cómo dos mujeres comenzaban a seguir e intentar robar a una señora mayor en Logroño, las identificó y resultaron ser dos especialistas en estafas y hurtos que ya han ingresado en prisión


Actualizado el 03/03/2025 a las 00:32
A este policía nacional de 37 años y destinado en Navarra desde 2020 le llamó la atención la manera en que las dos mujeres observaban a una mujer de más de 70 años que la pasada semana , sobre las 18.30 horas, salía sola del portal de un edificio, en la céntrica avenida de Gran Vía de Logroño. La señora llevaba varias bolsas en las manos y el agente, que se encontraba fuera de servicio, vio sospechoso cómo se fijaban en ella, “como si quisieran pescarla”, y comenzaban a seguirla, muy de cerca, tratando de aprovechar que iba cargada para, en un descuido, echar mano a las bolsas y al bolso que llevaba a su espalda. Él sospechó del movimiento y comenzó a seguirlas también, hasta que las dos mujeres le ‘mordieron’, que en el argot policial significa que descubrieron su condición de policía. “La suerte estaba echada así que me paré a su altura y me identifiqué. Les dije que había observado cómo habían intentado hurtar algo de las pertenencias de la mujer y les pedí la documentación por esa conducta”. El aviso a comisaría por esa tentativa de hurto surtió efecto y la Policía Nacional comprobó que efectivamente las dos sospechosas, de nacionalidad bosnia, estaban identificadas previamente como integrantes de una organización criminal dedicada a los hurtos y las estafas con antecedentes en León o Salamanca, así como otros 5 hechos pendientes en Logroño. Su especialidad, según informó este cuerpo policial, la técnica del scalping, la sustracción de tarjetas de crédito de personas de avanzada edad después de haber espiado cuál era su número PIN, para extraer dinero en efectivo de los cajeros. “Justo el día en que las detecté y las arrestamos, habían hurtado la tarjeta de una mujer con la que se metieron en el ascensor. No pudieron extraerle efectivo porque los cuatro dígitos que tenía apuntados en un post-it pegado a la tarjeta no eran el PIN de la tarjeta, sino la clave del teléfono”. Tras su arresto, las dos mujeres ingresaron en prisión.
“Muchos tiros pegados”
Al verse descubiertas las dos mujeres no trataron de negar la mayor y asumieron que tocaba asumir la trayectoria delictiva a sus espaldas. “Estas tienen muchos tiros pegados (en referencia a que acumulan bastantes antecedentes) y haberlas apartado por un tiempo de la circulación es una satisfacción que me quedo para mí mismo”. La mujer de las bolsas a la que siguieron por Gran Vía, las dos arrestadas y el policía, ni se enteró.
Al policía le resarce un poco al menos, tras el enfado por haber sido su propio padre recientemente víctima de un robo en el entorno residencial donde vive, también en la capital riojana. “Se le acercó una chica joven, podía haber sido cualquiera de estas dos, aunque mi padre no las reconoció con seguridad, y con la excusa de a ver si no se acordaba de él, le quitaron una cadena de oro que llevaba en el cuello. Van a por los mayores, que son vulnerables, y da mucha rabia”, expresaba con resignación.
Las 4 fases del ‘scalping’
Este método delictivo se divide en cuatro fases diferenciadas: una primera dedicada a la elección adecuada de la víctima, generalmente personas de avanzada edad que por sus facultades resulten más vulnerables, que se dispongan a operar en un cajero automático haciendo uso de su tarjeta de crédito o vayan a realizar un pago con la misma en un comercio.
La segunda fase es la captación discreta, mediante la observación, de los números del PIN de la tarjeta cuando la víctima los teclea en un cajero o en el comercio.
La tercera consiste en la obtención de la tarjeta y para ello realizan un seguimiento a la víctima mientras camina para abordarla con cualquier excusa y sustraer la tarjeta o la cartera al descuido.
La cuarta y última fase, estando ya en posesión de la tarjeta, realizan operaciones de extracción de efectivo en cajeros con ellas haciendo uso de las claves PIN, o efectunado compras en diferentes comercios, hasta agotar el límite del saldo disponible.