Salud
Victoriano Imbuluzqueta, paciente de cuidados paliativos a domicilio: "Hay vida después de un diagnóstico inesperado"
El Equipo de Soporte de Atención Domiciliaria de San Juan de Dios recorre Navarra acompañando a pacientes que prefieren pasar los últimos meses de vida en la tranquilidad de su hogar


Actualizado el 24/02/2025 a las 08:23
A Unidad de Cuidados Paliativos llegó a Navarra en 1992 de la mano del neumólogo Jesús Viguria Arrieta, siendo pionera en el país. Hasta 2009, con la llegada de su jubilación, Viguria pudo atender a cerca de 5.000 personas, cumpliendo así su compromiso de cambiar el “curar” por “aliviar”. En 1996 comenzó a formarse el programa de cuidados paliativos a domicilio en el Hospital San Juan de Dios en coordinación con los médicos de Atención Primaria, sin embargo, solo cubriría a los pacientes que residían en el Área de Pamplona. Su extensión a toda la Comunidad Foral y su puesta en marcha oficial llegó en 2005.
Veinte años después, el equipo ha crecido, como también lo han hecho sus pacientes, que ahora pueden seleccionar como vivir una de las etapas más importantes del transcurso de la vida, la de marcharse. Victoriano Imbuluzqueta Alcasena, de 81 años, lleva cuatro meses con paliativos a domicilio, evitando desplazamientos complejos desde su casa en Elizondo al hospital.
VISITAS AL CORAZÓN
Son las doce del mediodía de un martes más de febrero, el sol resplandece en Baztan y el equipo de María Pardo Fernández (médica), María Jiménez Recioso (enfermera) e Irene Estelrich Vaquer (médica residente) llega a la casa Gureleku de Elizondo. Victoriano Imbuluzqueta está contando los minutos para charlar con ellas y Mari Puy Luquin Fernández, su mujer, ya le ha vestido con las mejores galas para recibirlas. “He tenido más dolor estos últimos días, aunque puede ser cansancio del sábado, que tuve cumpleaños”, comenta algo preocupado. “Apenas vi a Osasuna porque no estaba en condiciones”, les traslada. Es gran forofo del equipo y esto significa que las cosas no van del todo bien. Ahora tiene 81 años y recibe cuidados paliativos a domicilio desde el 11 de noviembre de 2024. Un cáncer de huesos con metástasis provocó el giro completo de su vida, aunque esta noticia no lograría cambiar su manera de afrontar las situaciones más complicadas.
“Estaba en Alemania visitando la Selva Negra y el castillo del rey loco con mi mujer, mi nieta y mi cuñada cuando de repente me quedé clavado sin poder moverme. Al día siguiente estaba en Munich utilizando las maletas como muletas para poder volver a casa. La gente me decía que tendría algo en la cadera pero estaban equivocados y el diagnóstico fue claro, tenía cáncer de huesos metastásico”, recapitula tres años después. La enfermedad siguió su curso; dos años de quimioterapia y cuatro meses de cuidados paliativos hasta ahora.
La clave está en “sacar la chispa de cada día”, confiesa Mari Puy a sus 76 años. Las sanitarias continúan con su chequeo rutinario mientras ella le da un beso en la cabeza. “Como te quieren, potolo”, bromea. “Cuidado que me despeinas”, responde él con su mejor sonrisa. La conversación fluye y la doctora Pardo comprueba la tabla de medicación con María Imbuluzqueta Luquin, su hija y encargada de llevar a rajatabla las indicaciones del equipo durante este proceso.


FIEL A SUS RAÍCES
La cristalera del salón deja entrever los verdes prados que conforman el norte de Navarra y los rayos de sol iluminan una estantería llena de álbumes de fotos que Victoriano guarda y analiza muy a menudo. “Cómo me voy a quejar con tanta gente aquí”, repite constantemente.
Si tiene que sacar algo negativo de estos últimos meses, es que el dolor le impide moverse todo lo que le gustaría. Ya no puede ir a ver a su querido Club Deportivo Baztan. “Aunque sigo siendo el socio número dos del equipo”, comenta con orgullo. “Ahora salgo al jardín a tomar el aire, aunque el domingo pasado me encontraba mejor y me animé a ir a misa. El cura, ilusionado por verme allí, vino a saludarme antes de irse a la sacristía”, cuenta emocionado a la enfermera Jiménez, que ha elegido su andador para sentarse durante la visita.
“El martes tienes analítica, el viernes te darán tratamiento en función de los resultados de la analítica y el 11 de marzo te harán la gammagrafía (examen imagenológico para diagnosticar enfermedades óseas y averiguar su gravedad)”, le recuerda su hija María.
Entre tanto, María Jiménez confirma que no tiene mioclonías (movimientos involuntarios del sistema nervioso) mientras le palpa la mano.
Él, sentado en su sillón beige, le explica que está leyendo la biografía del Papa Francisco. Siempre ha sido muy culto y un gran apasionado de la lectura. Instantes después se remanga la camisa para enseñar una malformación de su codo derecho a Irene Estelrich, sin tener nada que ver con la enfermedad. “Lo tengo así desde los seis años por una caída, pero he jugado a fútbol toda la vida”, cita sin darle demasiada importancia. “Eres la única médica a la que le he dejado tocarlo”, expresa como muestra de afecto a la joven.
La evolución de su cáncer hizo que la doctora Castillo, su oncóloga habitual, le ofreciese la oportunidad de introducir los cuidados paliativos a domicilio en su rutina. Evitando así desplazamientos desde su casa en Elizondo hasta el hospital en Pamplona. Ahora, cuatro meses después, la familia Imbuluzqueta Luquin reconoce que fue la mejor decisión que pudieron tomar. “Hemos ganado calidad de vida y no podemos estar más agradecidos”, coinciden padre, madre e hija.
Ya es la una del mediodía y los temas de conversación siguen floreciendo. Esta vez dulces, sobre su famoso 'urrakin egiña' (chocolate con avellanas). “La gente está confundida, es tan bueno el de Arkupe como el de Malkorra”, insiste Victoriano en defensa de los comercios del Valle. “Saca la lengua”, le pide Jiménez, a la que hace caso inmediato añadiendo un chiste más: “Me ha cambiado el sabor, ya no me gusta el vino”.
Imbuluzqueta, más que consciente de cada explicación que le dan las especialistas, sigue relatando su día a día “Los domingos después de misa vienen a verme los amigos con los que antes iba a andar. Me traen pastas y yo les pongo jamón”, comenta recalcando la ilusión que le hace abrir las puertas de su casa a todos sus vecinos de Elizondo. “La próxima vez compraremos pastas para todos”, expresa Mari Puy Luquin.
Ella fue la directora del hotel Baztan y el sentimiento de anfitriona lo lleva de profesión.
Desde agosto de 2022 hasta agosto de 2024 Victoriano Imbuluzqueta recibió quimioterapia. Y el 1 de marzo de 2023, durante el proceso de tratamiento, su fiel compañera de vida sufrió un ictus que dejaría la mitad de su cuerpo paralizado. “A estas alturas lo mío da igual, yo me preocupo por mi marido que es más importante”, comenta rodeada de cuadros pintados por ella misma. “Me di cuenta de que no veía la punta del pincel y su profesora de pintura le planteó pintar con tarjetas de crédito recortadas que le devolverían la ilusión”, explica su hija María. En ese mismo instante la casa Gureleku recuperó su auténtico significado, nuestro sitio en euskera. Su sitio.
SOLIDARIDAD EN VENA
Él, en cambio, ha preferido otros hobbies. “En una marcha de la Pastoral Penitenciaria me ofrecieron acompañar a presos de la cárcel de Pamplona en el recorrido del Camino de Santiago de Bayona a Pamplona. Yo estaba jubilado y me ofrecí a hacerlo. Este año solo he ido a comer y a cenar a casa del cura, pero sigo ayudando en todo lo que puedo”, cuenta con algo de pena 25 años después.
Las actualizaciones médicas siguen su transcurso en el salón. “Ayer tomó tres rescates”, comenta su hija. “¿Ves sombras?”, le preguntan las sanitarias. “Sí, cada vez más. Me meto en la cama y pienso que hay alguien a mi lado”, responde él. La médica le insiste en que tome Movicol para ayudar al tránsito intestinal y su hija María le explica que “al ir al baño expulsará más rápido la morfina”. “Yo no cambiaría el tratamiento todavía y en función de los resultados de la analítica, lo ajustaremos”, le responde Pardo.


DISPOSICIÓN Y ENTREGA
Los cuidados paliativos a domicilio priorizan mejorar la calidad de vida de los pacientes durante sus últimos meses de vida, guiando el tratamiento de enfermedades graves y sus efectos secundarios. Además, los sanitarios de San Juan de Dios logran forjar relaciones cercanas con cada uno de ellos, priorizando su tranquilidad y posibilidad de elección.
“Ya se que no me voy a curar y tampoco quiero saber cuanto tiempo me queda, pero tendré que poner de mi parte”, reconoce firmemente Imbuluzqueta, que tiene claro que “hay vida después de un diagnóstico inesperado”. Las palabras de agradecimiento resuenan durante la despedida a “las Marías”, como se conoce al equipo de Baztan en la Unidad de San Juan de Dios.
Dos horas más tarde de su llegada, se montan en el coche para continuar con la misión del pionero Jesús Viguria: “aliviar”. Pronto volverán a Elizondo para ver a Victoriano, aunque esta vez con pastas. Él solo les traslada una petición: “Que vengáis más, que por falta de café no va a ser”. “Las Marías” han conseguido que Victoriano y sus familiares mantengan la tranquilidad habitual de su vida, sin impedimentos, rodeados de naturaleza y sabiendo que en estos momentos, complicados para ellos, siempre tendrán a quién recurrir.