Julián Pina García, su huella como profesor en el colegio Luis Amigó

Julián Pina García
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Yago Navarro Barrio

Actualizado el 14/02/2025 a las 07:56

El pasado viernes falleció Julián Pina García, al que como alumnos del Colegio Luis Amigó tuvimos la gran suerte de tenerlo como profesor. A lo largo de la vida pasan un buen número de docentes, cada uno en diferentes momentos y unos te marcan más que otros, como fue el caso de Julián.

Nos dio clase durante la ESO, en la que imagino que como profesor no debe ser nada fácil enfrentarse a un grupo de preadolescentes. Pero Julián tenía esa vocación indispensable para cualquier buen profesor, y eso los alumnos siempre lo notamos (aunque parezca que no estamos atentos), añadida a su amplia experiencia en el mundo de la educación.

Cercano y con pasión por transmitirnos sus asignaturas, Religión y Ética. Pero no era de esos que solo se ciñen al libro y a los criterios de evaluación, sino que sobre todo le daba prioridad a la parte humana, en resumen, a ser buenas personas que al fin y al cabo es lo más importante que uno te puede enseñar. Pero también podrías aprender en sus clases más cosas sobre todo de Historia, ya que nuestro querido Julián era un gran amante de su tierra navarra, osasunista y asiduo de las javieradas; y como buen ribero (alcalde de Cadreita entre 1999-2003) era testarudo en sus ideas. Tampoco faltaban sus anécdotas relacionadas con sus amplias labores sociales tanto en su larga estancia en Venezuela a la que guardaba gran cariño, o ya aquí en diferentes instituciones.

Al enterarnos de la triste noticia se me pasó por la cabeza todos aquellos buenos momentos pasados con él, pero en especial uno me hizo recordarlo con especial aprecio. Julián nos puso en una de sus clases la fantástica y muy recomendable película “El club de los poetas muertos”, protagonizada por Robin Williams, y que trata sobre un profesor de Literatura que va a trabajar a un internado de élite norteamericano y al que finalmente despiden por enseñar a sus alumnos a pensar por ellos mismos. Cuando va a despedirse de sus pupilos estos se ponen en pie sobre los pupitres y recitan la frase “Oh capitán, mi capitán”, poema que él les había enseñado a modo de despedida.

Salvando las diferencias, fuimos la última promoción a la que Julián dio clase ya que se jubilaba, por lo que el último día que estuvimos con él, imitamos ese gesto. Todavía, una década después, veo la emoción en sus ojos y la ilusión que le hizo. Creo que fue el mejor homenaje que le pudimos hacer ya que se lo merecía totalmente.

¡Descansa en paz, Julián! Tus exalumnos te recordamos con todo el cariño y te agradecemos tu dedicación.

*El autor escribe en representación de los exalumnos del Colegio Luis Amigó de Mutilva.

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