Antonio Calvo, el Brujo de Burlada: una vida dedicada a dar soluciones humanas


Actualizado el 09/02/2025 a las 09:25
El fundador de Laboratorios ACPG El Naturalista Antonio Calvo, conocido como El Brujo de Burlada, ha fallecido el 21 de enero de 2025. Antonio Calvo Calvo, era de Cadalso de Gata (Cáceres), pequeño pueblo de la Sierra de Gata de unos 550 habitantes y 438 metros de altitud y a orillas del rio Arrago.
Nacido en el seno de una familia campesina, “cuando era un zagal, a los 13/14 años, andaba en pantalones cortos por aquellos pueblos del norte de Extremadura, cortando tallos a las viñas por unas pesetas y la comida”. En sólo unos años pasó de ser un jornalero a ser un curandero que practicaba la iridología. Visto los pocos medios que tenía, la practicaba con “el culo” de una copa de coñac, lo cual le costaba algunos sarcasmos de los “listillos”, no instruidos en esta técnica de observar el iris del ojo”.
Quienes lo conocieron por esa zona lo calificaban de “herborista, sin diplomas, autodidacta y tan simpático”. En Diario de Navarra decía, en cambio, que estudió 8 años de medicina en Salamanca: “Quería aprender; por eso estudié ocho años. No pretendía obtener el título. No me especialicé. Ni tampoco repetí cursos. Simplemente estudié lo que me parecía útil”.
Con Antonio, tuve el privilegio de visitar su pueblo natal, Cadalso de Gata, viendo su almazara, envasadora de miel, su finca y recorriendo la sierra de Gata reconociendo las variadas plantas que por allí crecían espontáneamente y Antonio explicaba las propiedades de cada una de ellas sobre la marcha.
Un buen día emigró a Navarra. En 1972, con 31 años, su primer consultorio estuvo en el Barrio de San Juan. Enseguida le motejaron como El Brujo de San Juan.
En 1977 ya lo tenemos en Burlada con un éxito aún mayor, y ya ha asumido por fin que la gente le llame “brujo”. El Brujo de Burlada va a desplazar hasta el olvido al “Brujo de San Juan”.
Antonio Calvo se definía herborista y rechaza ser un brujo. Defendía su profesión de herborista y rechazaba los calificativos de curandero o de magia en su negocio. Afirmaba vender hierbas medicinales cuyas cualidades conocía a la perfección y dentro de la legalidad, a pesar de que fue investigado por el Colegio de Médicos. Su éxito fue brutal y había a diario largas colas en la calle a la espera de entrar en su pequeño consultorio.
Siempre defendió las plantas como materia prima de las materias activas de los medicamentos en pequeñas cantidades. Se convirtió en una figura local muy conocida debido a su reputación como curandero y practicante de diversas técnicas de sanación popular. Se le asociaba con el uso de rituales tradicionales, hierbas y conocimientos esotéricos que él mismo había aprendido a lo largo de los años.
Por cierto, que el 90% de las visitas repetía. La consulta en la que trabajaban 16 personas permanecía abierta desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Los pacientes esperaban en la sala superior e iban bajando a la consulta en pequeños grupos siguiendo el orden de las letras que señalaba el mercado.
En la sala de espera se veían los botes antiguos de farmacia con etiquetas de romero, pino, orégano... Antonio Calvo permanecía detrás del mostrador con un rictus serio. Recibía al paciente y repasaba sus antecedentes antes describir los síntomas actuales y su origen. Después recomendaba el tratamiento que solían ser varias cajas de fitoterapia.
Su fama trascendió las fronteras de Burlada, ya que muchas personas acudían desde lejos a él buscando alivio para problemas de salud, así como también para cuestiones relacionadas con el ámbito emocional o espiritual y otros muchos. Además, se decía que tenía una conexión especial con lo sobrenatural, que como creyente decía que le veníade Dios, para realizar sus diagnósticos. Es importante señalar que, aunque algunos lo consideraban como un sabio de la tradición popular, otros lo veían con escepticismo, ya que muchas de sus prácticas no estaban basadas en la medicina convencional.
No cabe la duda, que este hombre representó un hecho antropológico insuficientemente resaltado. En su persona aunó el principio activo de la farmacia galénica y la fe mágica en su persona. Desgraciadamente la organización de la medicina pública ha convertido al médico en un burócrata repartidor de recetas, donde la magia de la sanación se esconde en un ordenador y las maniobras de la Inspección, palpación y auscultación de la propedeútica clínica clásica ,han huido veloces ante la presencia de la digitalización, dejando en el camino la templada relación médico-paciente que asentó en sus principios, olvidando que la fe no solo mueve montañas sino que también saca a enfermos de las UCI.
Su agenda en la consulta, siempre estaba repleta, pues la fe de todos sus clientes en diagnósticos y muchas veces curaciones estaban muy cerca del milagro y como diagnosticador a través del iris era único.
Yo mismo he vivido sus atinados diagnósticos en mi hermano Ignacio, mi madre, parientes cercanos y muchos amigos, que la medicina convencional a veces no era capaz de dar con ellos. En este invierno especialmente duro me acuerdo mucho de aquella palangana amarilla donde mi madre mezclaba a mano las cajas de diferentes plantas del laboratorio San Antonio. Del eucalipto para los catarros en lugar del jarabe....
Para 2010, Antonio Calvo dejó su oficio, pues perdió su fuerza mental y ha pasado la herboristería El Naturalista a uno de sus hijos. Un día estando con Antonio, me comentó su enfermedad y le dije: “Con todas las personas que has sanado, cómo no vas a poder curarte” y me contestó “-No, Javier, ya que la fuerza mental que tengo la puedo emplear en otros, pero no en mí”.
Una pena, una pérdida irreparable, nos ha dejado Antonio, una persona buena y de una calidad humana irrepetible y creo que ha estado entre lo mejores diagnosticando enfermedades humanas en España en los últimos tiempos, D.E.P.
*José Javier Soto Lizarraga es amigo del fallecido