Médicos que participaron en el rescate: "Fue durísimo. He visto muchas cosas, pero nada igual"

Los pamploneses Miguel Dutor y Pedro Sanz formaron parte del dispositivo para localizar y atender a los atrapados

Efectivos sanitarios, el 19 de enero de 1985, en Candanchú
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Efectivos sanitarios, el 19 de enero de 1985, en Candanchú
Efectivos sanitarios, el 19 de enero de 1985, en Candanchú

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Lucas DomaicaCarmen Remírez

Actualizado el 27/01/2025 a las 08:27

Miguel Dutor Vidal, médico estomatólogo pamplonés que ha ejercido toda su vida como profesor de esquí en Candanchú recuerda con gran tristeza aquellos días de enero de 1985. De 68 años, rememora cómo, aquel 19 de enero, con la carrera de Medicina recién terminada, esquiaba en la estación con un grupo de alumnos. “Una de las primeras imágenes que me viene a la mente de aquel día es que me fijé en una gran cantidad de soldados con sondas de nieve (especie de bastones que se usan para búsquedas). Muy poco después uno de los trabajadores de la estación, un chico que trabajaba en los remontes, nos dijo a todos los profesores que les habían dado aviso por una avalancha en la zona de la Rinconada, y nos dirigimos a toda prisa hacia allá”. Recuerda Dutor que a su llegada la gente que estaba ayudando se dividió en dos grupos, unos en la parte más superior y otros en la inferior del alud, trabajando “con lo mejor de cada cual” para tratar de localizar lo antes posible a los atrapados. Entre los que echaron una mano, señala Dutor, estuvieron también los escoltas del rey emérito Juan Carlos I, que se encontraba en la estación.

Trabajaron durante horas, sin poder evitar que la tragedia fuera dramática. “Tengo el recuerdo de lamentar cada víctima, pero también de la entrega total de todo el personal de la estación y de las personas que acudieron al lugar, el afán, diría que es es justamente la palabra, por ayudar lo más y mejor posible”.

No olvida tampoco cómo al día siguiente un nuevo alud costó la vida el domingo 20 a otro esquiador, también navarro, en el paso ancho de la zona de Carabineros. La víctima, Julián Mancho Cortabe, tenía pocos años más que Dutor, 33, por los 28 de este médico en 1985. “Me marcó todo aquello, sí, no puede ser de otra manera. Al fin de semana siguiente hubo un homenaje muy sentido, triste, pero con mucha dignidad, en recuerdo de todo lo que había pasado, de las víctimas y de los supervivientes. Aquellas familias eran conocidas, amigas. Te diría que se vivió como un gran duelo colectivo en Candanchú, todos conocíamos a aquellos chicos. No lo ha olvidado nadie. Ha habido otros accidentes en otros años, pero aquello fue un antes y un después. El día del homenaje recuerdo un silencio que no nos atrevíamos a romper. La estación perdió su alegría. Por mucho que hayan pasado cuatro décadas, ninguno de los que estuvimos ha olvidado nada. Que todo mi cariño vaya para las víctimas”, señala, todavía emocionado.

PEDRO SANZ, A BORDO DEL HELICÓPTERO

“Tenía 24 años, estaba en 6º de Medicina y aquel era el segundo fin de semana que ejercía como médico en las pistas merced a un convenio que acababa de ponerse en marcha entre la Clínica Universitaria y la estación de Candanchú”. En ese contexto situaba esta semana su experiencia en la estación en enero de 1985 el médico pamplonés especialista en Medicina del Deporte Pedro Sanz Arriazu, que hoy tiene 64 años. Durante más de 30, ha compatibilizado la práctica del esquí con la de la medicina en las pistas y, admite, el mayor accidente en el que ha participado fue sin duda el ocurrido aquel 19 de enero. “Nunca había vivido nada similar ni lo he vuelto a vivir después. Fue durísimo. En 30 años de médico en Candanchú, ejerciendo 100 días al año en la estación, he visto muchas cosas, accidentes con víctimas mortales, pero nada igual a aquello”.

Fue el médico traumatólogo Julio De Pablos quien le invitó a unirse al convenio entre la CUN y Candanchú para atender como facultativo lo que pudiera ocurrir en las pistas. “Nos enteramos rápido y llegamos de los primeros al lugar. Se veía que había pasado algo grave y en ese momento tratas de no ponerte nervioso, de actuar con efectividad. Fueron momentos muy tensos, y donde perdí la noción del tiempo, no sé cuánto pudimos estar. Luego llegó el helicóptero y recuerdo que me monté en él con Eduardo (Enmanuel, el monitor del grupo, que murió) y mientras lo llevaban a Jaca yo seguía con el masaje cardíaco, con ese hilo de esperanza que nunca quieres perder...”. Finalmente fallecido, Pedro Sanz no puede evitar emocionarse con el recuerdo de su figura. “Para mí era casi un hermano mayor, todos le querían, amaba a los niños y ellos le tenían una admiración especial... Cuando vi que había muerto, avisé a la familia, a casa. Entonces me entró el bajón. Pero rápidamente lo dejé a un lado. Volví al helicóptero y le dije, venga, tira para arriba y lo que haya”. Entre los instantes que le sobrecogieron, rescata el que vivió cuando se acercó a una mujer que realizaba un masaje cardíaco sobre la nieve. “Le dije que lo estaba haciendo muy bien. Luego me enteré que era anestesista. Su hijo fue otro de los atrapados y aún no habíamos dado con él. Y ella estaba allí, es tremendo, luchando por reanimar a otra persona. No lo olvidaré jamás, aprendí mucho aquel día. Qué serenidad dentro de la tragedia, intentando salvar a un rescatado para luego llorar todo lo que vino después”.

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