Tragedia de Candanchú 1985
40 años de la semana que estremeció Candanchú
Hoy se cumplen cuatro décadas del homenaje que tiñó de luto esta estación de esquí. El fin de semana anterior, dos aludes se cobraron la vida de siete personas. Cuatro víctimas eran navarras.


Actualizado el 27/01/2025 a las 08:26
El 26 de enero de 1985 , hace hoy 40 años, más de 200 esquiadores guardaron una fila de 600 metros para depositar un ramo de flores en la zona del tubo de la Rinconada, en la estación de esquí de Candanchú. Las crónicas de la época refieren que la espera se hizo mayoritariamente en silencio y que entre los presentes los había de todas las edades, pero que destacaban especialmente los más jóvenes. Pertenecientes a la Federación VascoNavarra y miembros de los equipos de competición, dejaron a un lado por unas horas la práctica deportiva para recordar a las víctimas de un trágico alud que una semana antes causó seis víctimas mortales. Al día siguiente, otro alud ocurrido en una ladera fuera de pista se cobraba otra víctima más. Cuatro de los fallecidos y varios heridos a consecuencia de estos siniestros eran de origen navarro.
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Los padres de José Gortari, Patxi Vidaurreta, Mónica Muiños, Álvaro Ibarrondo, Iñaki Díez y Eduardo Enmanuel, fallecidos el día 19, acudieron arropados por familiares y amigos. El periodista José María Irujo, que hoy escribe en El País, relataba en este periódico un ambiente sobrecogedor. “Algunos serenos y otros sensiblemente emocionados, observaron el desfile de los niños que en orden colocaron sus ramos de flores en la pala donde se produjo la avalancha. Los claveles y rosas conformaron sobre la nieve una gran cruz de flores. Alrededor de 500 personas, entre las que se encontraban los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía, así como la infanta Cristina, participaron del homenaje en un ambiente de resignación y dolor”. Hace 40 años, refiere el texto, la estación cerró a media tarde sus instalaciones al objeto de que todo el personal pudiera acudir a las honras fúnebres.
Hoy, cuatro décadas después, el dolor sigue vivo entre protagonistas y supervivientes. Un monolito colocado por los familiares de las víctimas honra la memoria de lo que ocurrió.
Según lo que se publicó en su momento, el alud medía unos 200 metros de largo por 300 de ancho. Sepultó a 9 de los 14 esquiadores que componían el grupo. En la parte inferior, la nieve depositada cubría 4 metros y en la superior, de 20 a 30 centímetros. Las crónicas sitúan el momento del alud entre las 10.30 y las 12 del mediodía. El grupo formaba parte del equipo de la Federación VascoNavarra de esquí y aquel día estaba previsto que hubieran acudido a una carrera infantil en Panticosa, pero no lo hicieron debido a la inclemencia del tiempo.
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En respuesta a los periodistas, el Gobierno Civil de Huesca señaló que la expedición cogió una “pala de nieve”, que fue la que se desprendió. El informe técnico aludió a la mala visibilidad como factor determinante, aunque supervivientes y testigos matizan que en el momento de ocurrir la tragedia la niebla de primera hora se había disipado ya. El monitor, calificado de experto esquiador y con una dilatada trayectoria deportista y montañera, abrió el descenso por una pendiente, seguido de varios de los miembros del grupo. La hipótesis más probable es que se desviaran hacia una zona de nieve virgen, que rápidamente se hundió, formando un gran cúmulo de nieve y una grieta que causó el desprendimiento. El alud cubrió por completo a los que abrían pista y al resto, que continuaban sus giros detrás. Los jóvenes que permanecían arriba al objeto de observar el descenso de sus compañeros presenciaron el accidente.
Tres de los heridos, cubiertos por una capa de más de un metro de nieve, pudieron salir a la superficie. Entre ellos, Izaskun Zozaya Yunta, tudelana de 15 años que sufrió una lesión de rodilla. Un testigo de lo ocurrido dio aviso a los empleados de la estación que se pusieron en contacto con el entonces director de la estación, Eduardo Roldán. En ese momento se encontraba esquiando en compañía del rey emérito, Juan Carlos de Borbón. A las 15.30 horas se dieron por concluidas las labores de rescate. Apenas 24 horas después, al filo de las 13.50 horas de la tarde del domingo 20 de enero, Julián Mancho Cortabe, de 33 años y natural de Ezcároz, aunque residente junto a su familia en el barrio pamplonés de Ermitagaña, fallecía atrapado por otro alud. Junto a otros tres esquiadores, habían cruzado a una ladera fuera de la denominada pista de Carabineros, hacia la estación. Julián Mancho quedó atrapado y falleció en ese desprendimiento acaecido en ese punto.
Una semana después, a la misma hora en la que tuvo lugar ese alud, poco antes de las 14 horas, todavía llegaban esquiadores hasta la cruz improvisada en la Rinconada y, según detalla el cronista, se arrodillaban en la nieve para depositar sus flores.
LAS VÍCTIMAS
[Sábado, 19 de enero de 1985] Seis personas fallecieron y 3 fueron rescatadas con heridas de relevancia en un trágico accidente ocurrido a mediodía en las pistas de Candanchú, cuando un alud sepultó a un grupo de 14 jóvenes esquiadores. El accidente se produjo junto a la telesilla Tortiellas, próxima a la pista conocida como La Rinconada. A consecuencia de la avalancha de nieve resultaron muertos los pamploneses Patxi Vidaurreta Azanza, de 15 años, Josetxo Gortari Arrizabalaga, de 15 años, y Eduardo Enmanuel Olivera, de 30 años, monitor de esquí, así como otros tres jóvenes vitorianos, Álvaro Ibarrondo Pérez e Iñaki Díez Ayala, de 15 y 14 años, y Mónica Muiños Miñón, de 17.
[Domingo, 20 de enero de 1985] Julián Mancho Cortabe, vecino de Pamplona y natural de Ezcároz, de 33 años, fallecía arrollado por otro alud cuando esquiaba junto a otros cuatro amigos en una ladera cercana a la pista Carabineros.