Javier del Castillo, persona de bien y servidor público

Javier del Castillo Bandrés
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Javier del Castillo Bandrés
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Juan Cruz Alli y Loli Turrillas

Actualizado el 03/01/2025 a las 07:45

A primera hora de la mañana del 30 de diciembre una llamada de María Jesús Munárriz nos llenó de pesar al comunicarnos la triste noticia del fallecimiento de su esposo el gran amigo y compañero Javier del Castillo Bandrés (“Chilo”). A ella, a sus hijos María y Javier, a sus hermanos supérstites Pilar, Teresa y María Jesús, a su primo-hermano y amigo Roberto la condolencia de toda la nuestra familia. Sentimos vuestro dolor como propio, pensando que el devenir de Javier, como el nuestro, están entre la agonía por la vida y la esperanza por la eternidad, la realidad y el sueño de un futuro incierto que no está en nuestras manos.

Por más que nuestro sentir profundo aparezca cada vez que algún amigo o amiga nos deja y, fruto del recuerdo y el trato personal, queremos plasmar su vida en los renglones de una nota para su recuerdo, son momentos en que el corazón se sobrecoge al sentir la marcha de una persona especialmente cercana y nos cuesta hilar un testimonio que no esté transido de un dolor que oculte la objetividad de los hechos.

Para Javier, con el fin del año ha declinado la jornada de una vida repleta de buenas obras y servicio a las personas de la tierra en la que estuvo enraizado y por la que tanto trabajó. Su vocación y entrega al servicio público la realizó por Sangüesa como alcalde y por Navarra como senador, parlamentario y consejero. En todo dejó constancia de su bonhomía, honradez, entrega, desinterés y espíritu de justicia.

La triste noticia ha parado el tiempo, situándonos en el espacio del recuerdo que nos lleva a la metafísica del ciclo que se produce cuando nos afecta en lo más profundo la fugacidad y el sentido de la vida y de la muerte, cuando esta nos afecta en lo más profundo. Si una vez vio cercana la muerte en un grave accidente, en esta ocasión no pudo superarla. En su carrera vital ha alcanzado una meta que Javier, persona de fe, siempre supo estaba dentro de sí, cuando llegase el momento en que la vida y la muerte pierden su radical diferencia y el alma se libera de los gozos y las penas.

Cuando recordamos al bien apersonado Javier del Castillo, quienes hemos sido sus amigos y compañeros le agradecemos su peregrinaje por la vida, que para sus convicciones era camino a la casa del Padre. Siempre fue consciente de que cada día es un paso más hacia la muerte, y ahora, cuando nos ha dejado, somos testigos de lo fecunda que ha sido su presencia entre nosotros, construyendo su propia historia personal y una parte importante de la colectiva de Sangüesa y Navarra.

Javier aprendió de sus padres Sabino (+) y Carmen (+) a identificar la vida con la “madre tierra”, a la que veneraba y respetaba. Lo demostró siempre por su vínculo profundo y afectivo con la naturaleza, el campo y la agricultura, su vocación más profunda, que le unía a la física del mundo en Sangüesa y Abárzuza. Este amor le hizo vivir con el sentido de la naturaleza, del tiempo y del espacio propios de una persona que se integra en los ciclos vitales, que tiene la paciencia de esperar el renacer de la naturaleza y de agradecerle el premio a sus esfuerzos y labores. Para él la vida olía a tierra, a sementera, a tempero, al eterno retorno de las estaciones, imágenes de lo terrenal y lo trascendental en que creyó. Tenía encarnada y practicaba, sin extremismos y con la moderación que le caracterizaba, la espiritualidad del paradigma ecológico frente al Armagedón ambiental y social que se vislumbra por la “sobrecarga de la tierra”, que es “nuestra casa común”. De la naturaleza sacó su vitalidad serena ante la vida, las transformaciones y opciones de las personas y la sociedad, siendo abierto, tolerante y respetuoso de su libertad, porque, “todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; / cambian la mar y el monte y el ojo que los mira” (A. Machado). Desde esta perspectiva entendió su servicio público, siendo políticamente eficaz, cordial y discreto.

Entre las muchas lecciones que un maestro vocacional y ejerciente, como sus hermanas Conchita (+) y Angelina (+), recordamos que nos enseñó a ver el paso del tiempo con optimismo, a confiar en las personas, a obrar con rectitud de intención, conciencia y responsabilidad, sirviendo a todos sin discriminaciones, superando los tiempos sombríos con confianza en Dios, la naturaleza y los seres humanos. Hizo de la vida una contemplación de las amanecidas, para trabajar “con esa dulce sencillez de las cosas / que anima la espontánea sucesión de los días. / Con esa poesía que hay en lo cotidiano, / esa oscura armonía del alma solitaria, / esa sorda belleza del primer artesano. / Será sencillamente: sin palabras vacías / ni artificios inútiles: como mana la fuente. / Señor, ¡es tan hermoso amar sencillamente! / Como vuelan los pájaros, como pasan los días” [Leopoldo de Luis, Alba del hijo (1946)]. Gracias Javier por las lecciones que nos diste con tu ejemplo en el arte de la vida diaria.

Javier siempre expresó que lo mejor que había realizado en su vida fue conocer, enamorarse y casarse con María Jesús, formando una familia enriquecida por María y Javier. A los tres quería “más que a las niñas de sus ojos” con la serenidad madura que le caracterizó. Para ellos fue su luz y un vivir amando a diario, pero hoy, para todos “está la fuente muda, / y está marchito el huerto. Hoy sólo quedan lágrimas / para llorar. No hay que llorar, ¡silencio!”. Con su muerte se nos “ha dormido la voz en la garganta, / y tiene el corazón un salmo quedo. / Ya sólo reza el corazón, no canta” (A. Machado).

En el momento de la despedida le deseamos que duerma en la paz de la gloria el sueño verdadero y que, en el tiempo que nos reste, sintamos la presencia de su mano amiga y consejo sabio, guiándonos en el camino de la “contemplación para alcanzar amor”, del que tanto supo y practicó creando armonía, familia y amistad.

*Juan Cruz Alli y Loli Turrillas, amigos del fallecido

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