Marca Navarra
Saioa Eslava, voluntaria en San Juan de Dios: "Hay tragedias silenciosas que también necesitan solidaridad"
Lleva casi dos años acompañando a pacientes en San Juan de Dios después vivir en primera persona la necesidad de “humanizar los espacios sanitarios”


Publicado el 07/12/2024 a las 05:00
La vivencia que tuvo Saioa Eslava cuando su madre estuvo en la UCI, “además en tiempos de pandemia”, le hizo ser consciente de “la necesidad de humanizar los espacios sanitarios”. “Hay que mirar a las personas que están en los hospitales más allá de su enfermedad”. Desde hace casi dos años, forma parte del equipo de voluntariado del hospital San Juan de Dios de Pamplona, integrado por unas 70 personas. “Yo vengo una vez por semana, dos horas. Es poco tiempo, pero le puede cambiar el día a alguien. Hay mucha gente que lo necesita, porque la situación de soledad no deseada cada vez es mayor. Somos casi 80 personas y nos quedamos cortos. Atendemos a cualquiera que lo necesite. Normalmente son personas con poca familia, en situaciones de soledad o de vulnerabilidad social, pero estamos disponibles para todo el mundo”.
“Acompañar es estar, con lo que cada uno pueda aportar”. Un abrazo a tiempo, una mano amiga que brinda consuelo o que hace lo que uno ya no puede hacer por sí mismo. “Hay voluntarios que están capacitados para afeitar, cortar las uñas o peinar”. Pero muchas veces se trata simplemente de quedarse ahí, compartiendo tiempo, espacio y desahogos. “Es todo eso que los profesionales sanitarios no llegan a poder a hacer. Esa es la labor del voluntario, curar esa parte humana”.
DNI
Nombre: Saioa Eslava Garrués (Pamplona, 1990)
Familia: es hija de Alfonso, delineante recién retirado, y Merche, ama de casa y cuidadora, ya fallecida. Tiene una hermana que se llama Maider.
Trayectoria: estudió en el colegio la Compasión e hizo un grado superior en Vitoria. Después cursó la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad Politécnica de Valencia y un postgrado en Marketing Digital. Trabaja en la empresa M2 Eventos.
Al ponerse la bata de voluntario hay que aprender a “no juzgar ninguna de las situaciones” con las que se encuentran; y al quitársela, “a no llevárselo todo a casa”. “Nos forman continuamente para ello y con el tiempo vas aprendiendo”.
Valora Eslava que “el espíritu solidario de la sociedad está vivo”, pero que es “más evidente” ante tragedias como la DANA de Valencia, quizá por “puro desconocimiento” de otras fórmulas para comprometerse. “Hay otras tragedias silenciosas, de las que no se habla tanto, que también necesitan de esa solidaridad”. Por eso, anima a todo aquel que sienta esta llamada, a dar el paso. “El voluntariado engancha”.