Marca Navarra
Paloma Pérez, voluntaria de la Pastoral Penitenciaria: "En la cárcel hay gente rota, no nos desentendamos de ellos"
Si algo tiene claro Pérez después de 26 años acudiendo a la prisión, es que “el de dentro no es otro mundo, sino una continuidad” del de fuera


Publicado el 06/12/2024 a las 12:28
"Para ir a la cárcel, una se tiene que dejar sus cosicas fuera. Todos podemos tener un día malo, pero para penas ya están las de ellos”. Paloma Pérez Muniáin lleva casi 26 años traspasando los muros de la prisión de Pamplona de la mano de la Pastoral Penitenciaria Diocesana. “No somos una ONG, es la misma Iglesia la que entra a la cárcel”, aclara de inicio.
Comenzó su andadura como voluntaria de la mano de su marido, Fernando Aranaz, que después, hace ya 17 años, fue ordenado diácono y desde entonces es capellán del centro penitenciario. “Nos suelen decir que llevamos este mundo en la piel”.
DNI
Nombre: Paloma Pérez Muniáin (Pamplona, 1963)
Familia: Es hija de Jesús Pérez Miguel, de Pamplona, y de Paquita Muniáin Rodríguez, de Larraga, ambos fallecidos. Tiene cuatro hermanos:Juana, Mila, Daniel e Iñaki. Está casada con el diácono Fernando Aranaz, capellán de la cárcel de Pamplona, y tienen una hija de 24 años, enfermera y residente de Matrona.
Trayectoria: Trabajó como administrativa en un despacho de abogados y actualmente es ama de casa.
La Pastoral, que cuenta con unas 50 personas voluntarias, tiene como misión “atender humana y espiritualmente a los hermanos presos”. “Siempre son ellos los que marcan los límites, comparten contigo hasta donde quieren”. La acogida que brindan al voluntariado es “muy buena”. “Nos suelen decir que somos luz y bálsamo. También que olemos a calle, es una expresión que utilizan mucho”.
Lejos de esa imagen “truculenta” que reproduce la ficción carcelaria, Pérez habla de “gente rota y con mucho dolor”, “de todas las edades y condiciones”. “No es un mundo aparte, sino una continuidad del mismo mundo de afuera. Podrían ser nuestros vecinos o nuestros familiares. No nos desentendamos de ellos”, pide.
Allí dentro los gestos “cobran mucha vida”. “A veces acompañas con la sonrisa, no hace falta decir nada. También se tira mucho “de sentido del humor”. “Es algo sano, porque quien ríe, descansa”.
A ella, ser voluntaria de la Pastoral le ha permitido “dar profundidad” a su “vida de fe”. “Durante más de 20 años mi tarea ha sido la participación en el taller de oración en dos de los módulos de hombres. Actualmente acudo a las celebraciones los sábados por la tarde”, detalla. “Por supuesto que recibes más de lo que das y te va cambiando la visión de muchas cosas”, concluye.