José María Lander, agricultor y cooperativista


Publicado el 06/12/2024 a las 08:35
El viernes 29 de noviembre, a los 89 años, falleció en Eraúl (Yerri) José María Lander Azcona. A su esposa María Asunción, hijos Arantxa, Txema, David y Xabier, nietos Iván, Maia, Xabier y Ion, mi más sincera condolencia, desde la admiración y el afecto a su marido, padre y abuelo.
José Mari era un enamorado de su pueblo, Eraúl; de su valle, Yerri; de su Navarra en su diversidad natural y humana, siendo, a la vez, ciudadano del mundo y admirador de su pluralidad. Contempló muchas veces la sierra de Lóquiz paseando hasta la ermita de San Pedro y la milenaria encina. En ellas observó el poder del Creador y la fuerza de la madre tierra, entregándose a ella, trabajándola y amándola.
En la casa de sus antepasados observaba el paso de las generaciones y la transmisión de la cultura familiar y colectiva, respetando la libertad de su familia en la diversidad de los “hijos de Dios”. En María Asunción tuvo a la esposa, compañera y apoyo para toda su obra, y en sus hijos y nietos su razón de ser hasta el fin del ciclo natural de los seres vivos.
Fue un agricultor preocupado por colocar al sector primario base de la vida en el lugar que le correspondía en la sociedad, consciente de que no podría lograrlo sin el compromiso y la movilización de sus gentes. Convencido de la justicia y fuerza transformadora del cooperativismo fue continuador de la Federación Agrosocial Navarra, inspirada en la Rerum Novarum de León XIII y en la obra del P. Flamarique en Navarra, convertida en UTECO en 1942.
Como primer presidente de Agropecuaria Navarra (Grupo AN) contribuyó con actitud democrática, a la renovación del cooperativismo navarro, adaptándolo al cambio político, los nuevos tiempos y exigencias legales (1976-1981). Cuando la transición política en España y la naciente democracia abrieron la acción al sindicalismo fue en los años 70 uno de los promotores y presidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN) presentada en Estella en 1976.
En su trayectoria personal y profesional le guiaron sus convicciones y espíritu de servicio a sus gentes y tierra, a los que se entregó con desprendimiento.
José Mari no sólo fue un hombre de acción preocupado por el tempero, la sementera, las cosechas, la rentabilidad del trabajo agrario y la mejora de las condiciones de vida de los agricultores y el medio rural. Fue un humanista y un filántropo formado “en la universidad de la vida”, como decía, en la observación de la naturaleza, los comportamientos humanos y la sociedad. Su aguda inteligencia, sentido común y capacidad de análisis le llevaban a la lectura y el estudio. Fue, sobre todo, una persona inconformista, prudente y dialogante, que buscaba la verdad, respetaba la libertad, pensaba y juzgaba antes de actuar.
Su concepción cristiana y personalista del hombre se inspiraba en las bienaventuranzas, no en el cesaropapismo ni el autoritarismo clericales: “Mi objetivo en la vida ha sido atender, comprender y respetar a las personas”. Trató de ser fiel a los mandamientos de Cristo, que eran “amar a Dios y al prójimo como a sí mismo, los otros eran de Moisés”. “Si los quiero cumplir es imprescindible el compromiso y el respeto al prójimo. Si no lo hago seré muy católico, pero poco cristiano. […] Primero atender al ser humano, después predicar el evangelio”, indicaba en un texto publicado en Diario de Navarra el 31-1-2020.
Su fe y trabajo por el cooperativismo era, simultáneamente, ejercer la fraternidad, la solidaridad y la subsidiariedad desde la libertad y el rechazo de las injusticias y las desigualdades del capitalismo y del comunismo estatalista liberticida, ambos utilizadores del hombre, que criticaron los documentos pontificios y el Concilio.
Aplicó sus principios personales y cristianos al “compromiso y respeto” a sus conciudadanos. “Si no practico estos valores viviré en democracia, pero seré muy poco demócrata”, decía. Así expuso la esencia del “personalismo comunitario” del cristianismo social. Aunque recibió invitaciones, nunca participó en la política de partidos, porque no quiso ser parcial ni perder su libertad, sino ejercerla al servicio de todos.
Hoy su familia, amigos, compañeros agricultores y cooperativistas, cuantos tuvimos la fortuna de haberle conocido despedimos a José Mari Lander con un verso de Cernuda: “Tan solo un hombre noble basta como testigo irrefutable de toda la nobleza humana”. (La realidad y el deseo, 1924-1962).
José Mari, “adiskide bat bazen orotan bihotz bera. Agur t’erdi, laster arte”. “Había un amigo en todo el mismo corazón. Adiós, hasta pronto”.
*El autor es admirador y amigo.