Jesús Urra Vidaurre, ideólogo de izquierda

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Juan Cruz Alli Aranguren

Publicado el 06/12/2024 a las 08:28

El pasado 27 de noviembre falleció Jesús Urra Vidaure (Artaza, Améscoa Baja 1948-Pamplona 2024). A Mariaje, amigos y compañeros, mi condolencia desde el respeto personal a quien asumió el papel de ideólogo de una formación política inconformista con el orden establecido, tratando de transformarlo desde la democracia.

Su concepción ideológica partió de su formación en el seminario de Pamplona y de sus estudios de sociología en París en las postrimerías de mayo del 68, incorporándose a la revolución contra el capitalismo, el consumismo, el imperialismo, el autoritarismo y el “desorden establecido”, reivindicando el asamblearismo y la democracia directa porque “está prohibido prohibir”. Como otros, Urra se enfrentó al “viejo mundo” a todo lo largo de su vida activa para construir otro nuevo, siguiendo el eslogan de la utopía: “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Tras regresar a Pamplona fue trabajador de Super Ser.

Cuando leí la noticia de su fallecimiento recordé la afirmación de uno de los fundadores del Frente de Liberación Popular (Felipe) (1958-1969), Fernández de Castro: “La autocrítica es el inicio de cualquier proceso revolucionario”. Era aplicable a la vida y obra de Urra, quien, practicándola, pasó de la militancia en la izquierda revolucionaria antisistema a convertirse en el ideólogo de una izquierda constructiva en las instituciones democráticas.

Con esta actitud autocrítica, individual y colectiva, personas como Urra, Burguete, Rubio y muchas otras contribuyeron a la integración en partidos y coaliciones electorales asumiendo el orden democrático y sus instituciones, en una actitud “entrista”, que posibilitó su presencia en los ayuntamientos, el Parlamento y el Gobierno de Navarra. Con participación y actividad institucional realizaron aportaciones ideológicas y programáticas recogidas en los textos de Urra, que se tradujeron en propuestas fundamento del horizonte político de Batzarre.

De entre ellos he de destacar la realizada por Urra el 9 de octubre de 2009 para las elecciones de 2011, aplicando a una sociedad compleja el principio leninista de las tesis de febrero que es “la esencia misma, el alma viva del marxismo: el análisis concreto de una situación concreta”, que también invocaron Mario Gaviria y su maestro Lefebvre. Lo hizo siguiendo el método marxista de aprehenderla en su conjunto político, económico, científico y filosófico.

Asumiendo riesgos personales, en Batzarre aceptaron la realidad política compleja, integral e institucional de la autonomía navarra, criticaron la violencia de ETA; rechazaron los nacionalismos excluyentes y la autodeterminación unilateral; se separaron de la coalición con HB, al romper ETA la tregua y negarse aquella a condenar los atentados; respetaron los hechos nacionales como realidades culturales; introdujeron en el debate político planteamientos y propuestas de su política transformadora y social, con un navarrismo vasquista que defiende la formación de una unidad política con los territorios vascos si fuera conforme a la voluntad del pueblo navarro expresada democráticamente.

Jesús Urra fue el redactor de la declaración del Pleno del Parlamento de 10 de marzo de 2003 sobre el recuerdo, reconocimiento y reparación moral de las personas fusiladas y represaliadas durante la guerra civil en Navarra, que marcó un hito en la memoria histórica y la valoración moral y socio-política de los hechos.

Urra no fue profeta, sino un analista racional de la realidad concreta. Podemos valorar la situación actual a partir del papel de la izquierda en Navarra que expuso en sus estudios de los cambios sociales y comportamientos electorales. Anunció el tiempo presente para cuando hubiese un escenario sin violencia por la “desaparición incondicional” de ETA, la autocrítica del abertzalismo y la izquierda radical, que hicieran posible la colaboración, siempre que el PSN asumiera su responsabilidad y no se dejara “atraer” por la derecha.

La convivencia de identidades en Navarra se haría en un modelo de integración compleja sobre una síntesis razonable entre navarrismo, vasquismo y abertzalismo. Propuso para Navarra una relación intensa de cooperación con la CAV, no de unificación.

Situó a las fuerzas nacionalistas y abertzales dentro del espectro de las navarras, reconociendo las diferentes identidades y que “el proyecto de unidad política territorial de los cuatro territorios en una sola comunidad política se ha mostrado inviable a corto y medio plazo”.

Los partidos abertzales, desligados de ETA, necesitaban “ganar credibilidad y centralidad” que facilitaría la relación con el navarrismo de izquierdas para un pacto en el que “la primacía le corresponde al PSN por la clarísima hegemonía del navarrismo en nuestra sociedad”, su capacidad integradora, su centralidad y “ser la principal fuerza orgánica -y seguramente electoral- de la alianza”. Para ello era preciso un programa potente de reforma social, de avance progresista y desarrollo del Estado de Bienestar.

A partir de 2015 Jesús Urra comprobó la validez de sus previsiones. Estoy convencido que se ha ido con la satisfacción de haber contribuido a alcanzar parte de sus utopías. Agur t’erdi.

*El autor es doctor en Derecho e Historia y fue presidente del Gobierno de Navarra

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