Derechos de la Infancia
Personas extuteladas piden reforzar el sistema de protección al menor, que en Navarra atiende a unos 430
La asociación Haziak celebró un encuentro con jóvenes que han crecido bajo la tutela de la Administración, que dicen no sentirse “escuchados”


Publicado el 16/11/2024 a las 19:00
Que se les escuche. Que no les hagan sentir invisibles ni bichos raros. Que se respete su identidad. Que cuando cumplan la mayoría de edad no sientan que el abismo se abre bajo sus pies. Que el sistema les proteja en el día a día, no sólo sobre el papel. “No somos números, somos personas”.
Estas fueron algunas de las reivindicaciones que salieron este sábado a la luz en el encuentro que organizó en Pamplona la asociación Haziak para personas extuteladas, al que asistieron el Defensor del Pueblo, Patxi Vera, y la directora de la Agencia Navarra de Autonomia y Desarrollo de las Personas, Inés Francés. A través de distintas mesas redondas, personas tuteladas de Navarra y de otras comunidades pusieron en común sus experiencias y reflexionaron sobre qué funciona y qué no el sistema de protección. “Somos tres hermanos y nos separaron. Fue un trauma añadido. El núcleo de hermanos debería estar blindado”, aportó una ponente. “A mí lo que más me afectó fue que los educadores cambian constantemente y te ves obligado a contar tu historia una y otra vez. Al final, te cierras porque no merece la pena”, aportó otro joven. “No puedo decir que haya encontrado un apoyo para mi salud mental. He vivido situaciones de ansiedad y depresión y, en lugar de escuchada, me he sentido obligada a enfrentarme a todo sola. El sistema nunca está”, terció otra joven.
Las personas extuteladas son hombres y mujeres que, cuando eran menores de edad, tuvieron que ser apartados de sus familias biológicas (por diferentes motivos) y pasaron a estar bajo la tutela del sistema de protección a la infancia de la Administración, bien sea de forma temporal o definitiva. En Navarra, son en torno a 430. En números redondos, la mitad viven en centros y la otra mitad, con familias de acogida, aunque el objetivo es que cada vez sean más los que convivan con una familia estable para garantizar el desarrollo pleno del menor.
"La sobreocupación deja a menores desatendidos en las familias biológicas"
Irati Vidán Navarro tiene 34 años y es la presidenta de la asociación Haziak, creada en 2021. Vidán nació en Barakaldo pero llegó a Navarra con pocos meses de vida. Entró en el sistema de protección a los 9 años, en el que permaneció hasta los 18.
¿Guarda un recuerdo positivo del acompañamiento que se le brindó?
Yo vivía con monjas, de la antigua usanza, machistas. Hay cosas que han mejorado bastante de entonces ahora, pero es verdad que yo tenía una educadora que era la misma mañana, tarde y noche. Eso me daba una estabilidad que ahora no tienen los menores, porque las figuras de referencia cambian constantemente y el menor está en constante duelo, en un constante adaptarse.
¿Qué carencias detectan?
Una clara es qué ocurre con los menores cuando dejan el sistema. Aunque ha habido una mejoría, porque en mi época no existían los pisos de autonomía, siguen siendo insuficientes. No sabemos en base a qué criterios seleccionan quiénes pasan a un piso y quiénes no. Y como cada vez hay más gente, sólo te permiten residir allí hasta los 19 años.
¿Y a partir de entonces?
Hay educadoras de apoyo, pero a los 21 años abandonas definitivamente el programa. Hay que pensar que la juventud, con carácter general, se está independizando a los 30 años. Los 21 siguen siendo una edad muy temprana.
Además de la vivienda, ¿qué otras necesidades detectan?
La sobreocupación del sistema, la mezcla de perfiles y los pocos recursos están provocando que la infancia esté desatendida. Como no hay plazas suficientes y además hay que atender también a los menores migrantes no acompañados, hay niños que permanecen con sus familias biológicas en situaciones de negligencia en su propio país. Eso no puede ser. El 20 de noviembre (Día Internacional de la Infancia) es un día para visibilizar la necesidad de proteger la infancia, venga de donde venga.
¿La llegada de menores no acompañados ha desvirtuado el sistema?
Hay que acoger a todo el mundo. Pero si ya antes no se llegaba, a día de hoy el sistema está todavía más desbordado. Los menores migrantes vienen con otro tipo de historias, que también necesitan ser cuidadas y trabajadas, y también con otro tipo de cultura. Cuando todo eso se mezcla, se generan conflictos y situaciones de precariedad de cuidado. Incluso un desbordamiento de las propias educadoras.
¿Tampoco se les dota de suficientes herramientas?
No siempre se les proporcionan los suficientes apoyos para acompañar figuras muy complejas, ni se les forma suficientemente frente a los intentos de suicidio o los abusos a menores, por ejemplo. Tampoco están preparados cuando dentro del sistema se producen agresiones sexuales, de modo que encontramos niñas que tienen que convivir con sus propios agresores en los centros. En este sentido, también me parece muy importante pedir que, así como se prepara al personal de seguridad para saber tratar a mujeres maltratadas, se les prepare también para tratar a los guardias de seguridad del sistema de protección a la infancia. No olvidemos que, por muy molestos o por mucha conducta disruptiva que tengan, muchos de ellos son víctimas de los adultos.
El Gobierno de Navarra lanza campañas todos los años para incentivar el acogimiento familiar. ¿Se ponen los recursos suficientes para de verdad motivar a las familias?
Pienso que las familias no tienen el suficiente acompañamiento ni una preparación previa. Hay mucha gente con buena voluntad que quiere formar parte de un acogimiento, pero que desconoce cómo son nuestros perfiles. Creen que sólo con darnos una casa, una alimentación y un cariño se nos van a curar todas las heridas. Pero es mucho más complejo. Por eso considero que falta trabajo previo con las familias y quizá valorar más cuando una familia es apta o no.