Iglesia
El arzobispo de Pamplona vuelve a la cárcel
Florencio Roselló celebró este 24 de septiembre misa en la cárcel de Pamplona. Es el día de la Merced, patrona de los presos y de quienes trabajan en las prisiones, y el prelado quiso volver a su origen mercedario


Actualizado el 25/09/2024 a las 09:52
"La libertad tiene nombre de mujer, la virgen de la Merced”. Repitió la frase en cuatro ocasiones Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela este 24 de septiembre en la prisión de Pamplona. Religioso mercedario, regresó a la cárcel para celebrar misa con los presos en el día de su patrona.
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Concelebraron con el arzobispo los tres capellanes de la cárcel: Javier Arbilla y Antonio López, sacerdotes y Fernando Aranaz, diácono permanente; también, Juan Zabala, recién estrenado como vicario de Pastoral Social. En los bancos, medio centenar de personas presas, hombres y mujeres, y, con ellas, algunos trabajadores del penal y una veintena de voluntarios de la pastoral penitenciaria, que también forman un pequeño coro. Nutren la pastoral 50 personas, dirigidas por Mariaje Irigoyen. Paloma Pérez Muniáin es una de ellas. Lleva 25 años junto a quienes están privados de libertad. “No venimos a enseñar nada, venimos a compartir, te hace crecer como persona, te cambia toda la percepción, es una escuela de vida. Si la Iglesia no se acerca al dolor, ¿A dónde vamos a ir?”, reflexiona mientras camina por el patio. “Cruzamos doce puertas desde que entramos hasta que estamos con ellos”, explica Fernando Aranaz. En la prisión hay cerca de 400 internos y se celebra misa todos los viernes, sábados y domingos en cada uno de los cuatro módulos: tres de hombres y uno de mujeres. “La asistencia es irregular, como en los pueblos”, interviene Antonio López. Y suscribe: “Pero es donde más gente acude en proporción a los habitantes y donde hay mayor número de jóvenes, más o menos el 50%”.
La prisión tiene una capilla, una sala tan anodina como las demás, arquitectura gris y contundente, paredes blancas y ventanales con un vértice que mira al fuerte de San Cristóbal. Solo se utiliza en Jueves Santo y el día de la Merced, el resto del año celebran en salas multiusos de cada módulo. Preside el altar “el Cristo más besado del mundo”, como dice Paloma. Se trajo de la vieja cárcel de San Juan, como la imagen de la Merced y alguna más. Un sencillo altar, dos jarrones con flores, algunas hechas por presos, y dos candelabros. El diácono coloca la mitra y entrega el báculo al arzobispo: “El año pasado celebré la Merced en la prisión de Castellón, llevo 40 años en la cárcel, primero como voluntario, luego como capellán. ¿Cómo será mi vida después de ser nombrado obispo? Me preguntaba. Y aquí estoy, es uno de los días de más gozo en mi vida. Soy obispo gracias a la Merced, a estas casas, a hombres y mujeres como vosotros. Nadie es perfecto”, introdujo la eucaristía el prelado. Y pidió mirar atrás. “No toda la vida, nos volveríamos locos, solo la última semana, ¿Qué hemos hecho?...”. Impresionaba el silencio.
Les contó Florencio Roselló en la homilía su reciente encuentro con el Papa en Roma. “El Papa abrió turno de preguntas. Le di las gracias. En 2025 la Iglesia celebra el Jubileo de la Esperanza. En prisión es donde más esperanza se necesita. Ese año se abrirán las puertas de las cuatro basílicas de Roma y solo una quinta puerta, en una cárcel, no en una gran catedral o un convento importante, solo en una cárcel. Vayan a la cárcel” nos dijo Francisco a los obispos.
“GRACIAS POR VENIR"
Finalizada la eucaristía, el arzobispo abrió un espacio de diálogo. “Muchas gracias por haber venido. Es lo único que puedo decir”, expresó un recluso. Era uno de los siete que leyeron alguna lectura o petición; dos mujeres ofrecieron unas cajitas. Contenían mensajes escritos a mano que Roselló leyó. Deseos de libertad, crudos, ásperos. “Si no te espera nadie, hay que intentar que a alguien le importes”, les emplazó y les animó a escribirle y a llamarle. “La Iglesia quiere ser camino para no volver a caer. En prisión veo a Cristo que se encarna. ¿Usted cómo puede ver eso aquí?, me preguntan. Porque antes he leído el Evangelio”.


Animó a las personas presas a cambiar, a empezar por uno mismo. "Yo hace un año estaba en Castellón, era casi el jefe de la cárcel y me dijeron que venía a Pamplona. Solo había estado una vez en Navarra y aquí estoy", arrancó las risas en un encuentro que acabó con un sentido aplauso de manos que ansían la libertad.


