OBITUARIO
Jimmy Giménez-Arnau, estudiante de Derecho y Periodismo en Pamplona
"Era evidente que tenía poco en común con aquellos pamploneses de una capital de tercer orden y otros lugareños algo rústicos", recuerda Juan Cruz Alli, compañero suyo en la universidad


Publicado el 19/09/2024 a las 13:06
En los tiempos no tan lejanos del nacionalcatolicismo era habitual oír hablar de las “postrimerías del hombre”. Se exacerbaba en las periódicas “misiones” que describían las terribles penas infernales para los réprobos. Hoy nos basta con asomarnos a los medios de comunicación para ver que la muerte es el fin anunciado de la vida, incluso para personajes tan vivos y vividores, televisivos y de la prensa del corazón como el compañero Joaquín José Víctor Bernardo Giménez-Arnau y Puente, fallecido el pasado 17 de septiembre (1943-2024). Conocido popularmente como Jimmy Giménez-Arnau.
Llegó a estudiar Derecho en Pamplona en octubre de 1961, donde ya lo hacía uno de sus primos. Seguía la tradición familiar de juristas que ejercían en la diplomacia y el notariado. En el primer contacto en el Museo de Navarra en Santo Domingo, donde estaban las aulas de Derecho y Filosofía y Letras, no podía pasar desapercibida la presencia de un joven alumno, menudo de cuerpo, elegante de porte, vestido con ropa inglesa -que ponía en almoneda periódicamente-, cuyo origen y vida era muy distinto al de la mayoría de sus compañeros. Reconocía ser un Oliver Twist que había tenido la suerte de ser hijo de ricos y actuaba como tal. Para sus compañeros aborígenes todo en él era sorprendente. Había nacido en Brasil a bordo de un trasatlántico cuando sus padres José Antonio y María Inés se dirigían a Brasil en misión diplomática, vivió y educó en varios países, incluso en un colegio inglés, pertenecía a familia de abolengo en la alta burocracia del Estado y había jugado al fútbol en los juveniles del Real Madrid.
Era evidente que tenía poco en común con aquellos pamploneses de una capital de tercer orden y otros lugareños algo rústicos del Estudio General de Navarra, muchos ya conocidos y amigos por haber coincidido en colegios, instituto o seminario pamploneses. Así quedó demostrado con la formación de grupos de amigos diferentes sin mezcla entre aquéllos y los foranos residentes en colegios mayores o residencias, con relación correcta pero impersonal y, desde luego, sin ninguna idea de conflicto social. De la reducida presencia de Jimmy en las aulas todos tenemos anécdotas de su seguridad personal en el trato con todos, incluidos los profesores, propia de quien tenía “mundo” y conciencia de clase superior. Tampoco se integró en la ciudad, donde estaba, muy a su pesar, “desterrado” por sus padres, lejos de su vida, familia y amistades madrileñas.
Con su simpatía, labia y don de gentes se ponía el mundo por montera, por lo que no nos sorprendió que en 1977 se casase con la nieta de Franco María del Mar (Merry) en el Pazo de Meirás, ni que su matrimonio fuese disuelto en 1993. Sólo su boda podía salir en ¡Hola! tras vender la exclusiva, según él, por uno de sus cuñados. Tras muchas experiencias y dos matrimonios alcanzó en 2013 la estabilidad sentimental con su compañera periodista Sandra Salgado, treinta y cinco años más joven.
En su paso por la Facultad demostró su escaso interés por el Derecho y clara opción por la escritura y el periodismo, ingresando en la Escuela creada en la ya Universidad de Navarra para diplomarse y hacer del mismo su profesión. Fue corresponsal y autor de poesía (Cuya selva y La soledad distinta), novelas (Las islas transparentes, Los insatisfechos, Zelos), obras sobre su medio social (Yo Jimmy. Mi vida entre los Francos, Neón en vena, Enfermos en el paraíso, Las malas compañías. Hipótesis íntimas sobre la muerte de los marqueses de Urquijo, Como forrarse y flipar con la gente guapa, Camaleones y lagartas, España me pone) y su autobiografía La vida jugada (2020). En su época universitaria en Pamplona editó un manifiesto literario, que tuvo poco eco. Fue cofundador de la revista humorística Hermano Lobo con Chumi Chumez, firmando como Jimmy Corso. Dirigió y actuó en la película Cocaína (1980). Creó en Mallorca la televisión clandestina ‘Onda Blúmini’. Colaboró en la revista Panorama y participó en radio y televisión. Los programas del corazón fueron su mundo, dándole protagonismo y presencia públicas. Entre sus compañeros de Pamplona comentábamos encuentros casuales en Madrid, como el que tuvimos en la calle Serrano Pepe Faus (q.e.p.d.) y yo, contándonos varias aventuras de su dandismo y bohemia de alto nivel en su papel permanente de épater le bourgeois, tan del gusto de sus admirados Baudelaire y Oscar Wilde, para despatarrar o dejar patidifusos a sus oyentes que practicó toda su vida.
Sus compañeros supimos de él por tertuliano y protagonista de la vida social y mediática, en la que tuvo reconocimiento y rechazo por su carácter a menudo agresivo y deslenguado, integrándose en el mundo de la farándula, en el que ocupó un lugar destacado. Protagonizó sonados incidentes verbales con otros contertulios, que formaban parte de su rol rompedor de imágenes y enfent terrible sin pelos en la lengua. El zapatazo de Norma Duval le dio más nombre, demostrando siempre su inteligencia para crear la imagen que le convenía y seguir siendo el protagonista mejor de su profesión.
En los últimos tiempos amplió su espacio mediático con comentarios políticos y de actualidad, con independencia y desenfado, en OkDiario, siendo muy comentado el titulado El loco alquimista sobre el problema migratorio en Canarias, con claras y evidentes referencias al presidente del Gobierno español.
Jimmy vivió como le gustaba vivir y murió muy a pesar suyo, como casi todos, pero la suerte estaba echada desde el 13 de septiembre de 1943 en que vino al mundo “un feto en altamar”, como describió su nacimiento en aguas de Brasil. Desde la ciudad de su exilio forzoso le recordamos sus compañeros. Descanse en la paz que no tuvo en vida.
El autor fue compañero del fallecido en la universidad