Ayuda asistida

Alfonso Echávarri, director del Teléfono de la Esperanza: “Las personas no quieren morir, quieren dejar de sufrir”

Pedir ayuda, no minimizar, escuchar sin moralizar y apelar a que hay salida. Echávarri asegura que el suicidio atañe a todos y la pandemia ha disparado los problemas de salud mental que se estaban gestando en jóvenes

Alfonso Echávarri, director técnico del Teféfono de la Esperanza de Navarra
AmpliarAmpliar
Alfonso Echávarri, director técnico del Teféfono de la Esperanza de Navarra
Alfonso Echávarri, director técnico del Teféfono de la Esperanza de Navarra

CerrarCerrar

María José Echeverría

Publicado el 09/09/2024 a las 05:00

El psicólogo y biólogo Alfonso Echávarri, director técnico del Teféfono de la Esperanza, insiste en la importancia de trabajar en la prevención del suicidio y recuerda que “siempre hay salida”. Es preciso pedir ayuda, primero en el entorno más próximo y, después, por parte de profesionales.

En el Teléfono de la Esperanza hay 124 personas que se afanan por ayudar a las personas que llaman por numerosas causas, entre ellas el suicidio. Las estadísticas son frías pero dan fe del problema. Así, en los seis primeros meses de 2024 este servicio ha recibido 238 llamadas con contenido suicida. De ellas, 195 (61 de hombres y 134 de mujeres) correspondían a llamadas con ‘ideación suicida’, es decir cuando la persona está pensando en el suicidio y lo manifiesta. Otras 34 llamadas (14 de hombres y 20 de mujeres) se clasifican como de ‘crisis’, es decir cuando además de la idea ya hay una planificación. Y, finalmente, 9 llamadas correspondían a un suicidio en curso (6 hombres y tres mujeres). En estos casos la persona manifiesta que se está suicidando. “Huimos de los eufemismos. Las personas voluntarias que están al teléfono tienen formación para saber qué hacer”.

Llama la atención que en las llamadas por ‘ideación’ son más las mujeres y en el ‘suicidio en curso’ son los hombres. ¿Por qué?

La relación de suicidios es 3 hombres por cada mujer pero en el caso de las tentativas es al revés. La mujer pide más ayuda. Puede que los hombres sean más efectivos, igual porque su capacidad de comunicación es menor o pueden tener rasgos más violentos.

¿Por qué les llaman cuando el suicidio está en curso?

Son personas que llaman porque necesitan agarrarse a algo. En mi consulta nunca pregunto por qué, ya que pueden dar motivos que les pueden reforzar. Siempre pregunto para qué. Casi todos responden para dejar de sufrir. La mayoría de las personas no quieren morir, quieren dejar de sufrir. No encuentran un camino válido para alejarse de ese sufrimiento y empiezan a contemplar su propia muerte para liberarse.

¿El pico en la edad media puede tener que ver con la situación económica?

No hay una sola causa. Muchas veces se van sumando y se llega a una posición crítica. Por ejemplo, una persona que pierde el trabajo, se separa o tiene otros problemas. Alguno puede desencadenar la crisis pero lo habitual es que haya más. Suelen llevar años batallando con problemas.

¿Entonces es un proceso?

La conducta se va gestado a lo largo del tiempo en función de lo que vive según su propia biografía. Es normal que haya ido dejando rastros. Hay personas que lo manifiestan a amigos y familiares.

¿Entonces por qué no se frena?

Es muy duro para unos padres, por ejemplo. No se quiere ni contemplar esa posibilidad e incluso cierran sus oídos.

¿Cuáles son esos rastros?

Hay personas que se van despidiendo, otras llevan una vida caótica, con abuso de alcohol, etc.; personas que se van aislando, etc. No hay que olvidar la enfermedad mental, que supone un porcentaje significativo del 70-75%. Y además las autolesiones.

¿Se puede hacer algo?

Hay personas que indican que no tienen fuerzas. Hay que prestar una escucha de calidad. Estar a su lado, animar a contar, que sepa que estás ahí. Aunque vaya a necesitar ayuda profesional es importante no moralizar, no dar consejos o frases hechas del tipo “ya verás como se pasa”. Después, es preciso buscar ayuda para verbalizar si tiene una ideación. Es el primer paso.

Ahora hay bastante preocupación por la salud mental de los jóvenes.

Sí. Se habla mucho de que la pandemia ha traído un empeoramiento de la salud mental pero lo que ha hecho es disparar lo que se estaba gestando. La salud mental en los jóvenes no iba bien.

¿Por qué?

Hay distintos motivos: falta de referentes, una vida fácil, poco trabajo en tolerancia a la frustración así como en resiliencia. Hay que tener en cuenta que muchos jóvenes están bien. Otros, no. Un estudio reciente indicaba que una cuarta parte ha tenido ideación suicida. Es muchísimo. No quiere decir que lo vayan a hacer pero es la segunda causa de muerte en jóvenes.

¿Los profesionales están preocupados?

Hay preocupación en los centros educativos y cada vez hay más protocolos. Es necesario un sistema público de acceso más ágil. Está muy saturado. Es un deseo.

¿Y qué se necesita?

Un plan nacional que contemple todo. No entendemos por qué no se hace. A nivel autonómico se están poniendo las pilas. Navarra fue pionera en 2014 con un protocolo y una comisión. Pero echamos en falta una coordinación a nivel nacional así como recursos.

El problema atañe a todos.

Esto no es solo un problema sanitario, de psicólogos y psiquiatras. Es un problema social. No se trata de que el plan nacional suplante actuaciones autonómicas sino que las coordine.

¿Qué diría a las personas que pasan por esta situación?

Que siempre hay salida y que pidan ayuda, primero en su entorno más próximo y, después, profesional. En el Teléfono de la Esperanza se trabaja en la prevención del suicidio y en la promoción de la salud emocional.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora